En la pantalla, el semblante de Berrington adopto una expresion solemne.

– Mi padre murio en I942, cuando un submarino japones hundio el portaaviones Wasp en Guadalcanal. Yo tenia seis anos. Mi madre tuvo que luchar y sacrificarse mucho para criarme y enviarme al colegio. Soy un hijo de la pobreza, Larry.

Aquello se acercaba bastante a la verdad. Su padre, un brillante ingeniero, dejo a su madre una pequena renta, lo suficiente como para que la mujer no se viera obligada a trabajar ni a volver a casarse. La madre llevo a Berrington a colegios particulares caros y luego a Harvard… pero le habia costado un esfuerzo tremendo.

– Das una imagen estupenda, Berry… -dijo Preston-, con excepcion, quiza, de ese corte de pelo estilo Oeste rural.

Barck, que a sus cincuenta y cinco anos era el mas joven del trio, llevaba su pelo negro muy corto y aplastado contra el craneo como una boina calada.

Berrington emitio un grunido irritado. Habia tenido la misma idea, pero le fastidiaba oirla expresada en labios de otro. Se sirvio un poco de whisky. Bebian Springbank, de pura malta.

– Filosoficamente hablando -decia Larry King en la pantalla-, ?en que difieren sus puntos de vista de, pongamos, los de los nazis?

Berrington cogio el mando a distancia y apago el televisor.

– Llevo diez anos haciendo esto -dijo-. Tres libros, un millon de nauseabundas entrevistas televisadas a continuacion, ?y de que ha servido? De nada. Todo sigue igual.

– Todo no sigue igual -senalo Preston-. Produces genetica y tienes un programa en marcha. Lo que te pasa es que eres un impaciente.

– ?Impaciente? -replico Berrington, en tono irritado-. ?Apuesta a que soy un impaciente! Cumplire los sesenta dentro de quince dias. No dispongo ya de mucho tiempo!

– Tiene razon, Preston -intervino Jim-. ?Ya no te acuerdas de cuando eramos jovenes? Ahora miramos a nuestro alrededor y vemos que Estados Unidos se esta yendo al centro del infierno: derechos civiles para los negros, los mexicanos invadiendo nuestro pais a raudales, los mejores colegios inundados por hijos de comunistas judios, nuestros chicos fumando marihuana y dando esquinazo al servicio militar. Y, muchacho, ?tenemos razon! ?Mira como han cambiado las cosas desde nuestra juventud! Ni en nuestras peores pesadillas hubieramos imaginado nunca que las drogas ilegales se convertirian en una de las mas importantes industrias estadounidenses y que a una tercera parte de los ninos que nacen en este pais los alumbran madres acogidas al seguro de enfermedad. Y nosotros somos las unicas personas con agallas para plantar cara a los problemas… nosotros y unas cuantas personas que piensan como nosotros. Todos los demas cierran los ojos y esperan que las cosas mejoren solas.

No han cambiado, penso Berrington. Preston siempre prudente y pusilanime, Jim ampulosamente seguro de si. Los conocia desde tanto tiempo atras que miraba sus defectos con carino, la mayor parte de las veces, por lo menos. Y estaba acostumbrado a desempenar el papel de moderador encargado de conducirlos por el correcto termino medio.

– ?En que punto estamos con los alemanes, Preston? -pregunto- Ponnos al dia.

– Muy cerca de cerrar el trato -dijo Preston-. Quieren anunciar la adquisicion en una conferencia de prensa dentro de ocho dias a partir de manana.

– ?De manana en ocho? -El nerviosismo vibraba en la voz de Berrington-. ?Eso es estupendo!

Preston meneo la cabeza. -Debo confesaros que aun tengo mis dudas.

Berrington produjo un ruido exasperado. -Hemos de pasar por un proceso llamado revelacion, una especie de auditoria. Tenemos que abrir nuestros libros a los contables de Landsmann y explicarles cuanto pueda afectar a nuestros beneficios futuros, como deudores susceptibles de quebrar o pleitos pendientes.

– No tenemos nada de eso, creo -dijo Jim.

Preston le dirigio una mirada que no presagiaba nada bueno.

– Todos sabemos que esta empresa tiene secretos.

Hubo un momentaneo silencio en la estancia. Al final, Jim expuso: -Rayos, eso ocurrio hace mucho tiempo.

– ?Y que? La evidencia de lo que hicimos nos acompana por dondequiera que vamos.

– Pero la Landsmann no tiene modo alguno de descubrir aquello… especialmente en una semana.

Preston se encogio de hombros, como si dijera: «Quien sabe».

– Tenemos que correr el riesgo -manifesto Berrington con firmeza-. La inyeccion de capital que nos proporcionara la Landsmann nos permitira acelerar nuestro programa de investigacion. En un par de anos estaremos en condiciones de ofrecer a los blancos estadounidenses ricos que acudan a nuestras clinicas un nino perfecto, producto de la ingenieria genetica.

– Pero ?que importara eso? -alego Preston-. Los pobres seguiran criando hijos mas deprisa que los ricos.

– Estas pasando por alto la plataforma politica de Jim -recordo Berrington.

– Un impuesto fijo del diez por ciento sobre la renta e inyecciones anticonceptivas obligatorias para las mujeres a cuenta de la asistencia social -dijo Jim.

– Piensa en ello, Preston -recomendo Berrington-. Ninos perfectos para las clases medias y esterilizacion para los pobres. Iniciaremos otra vez el apropiado equilibrio racial de Estados Unidos. Ese ha sido siempre nuestro objetivo, incluso desde los primeros dias.

– Entonces eramos muy idealistas -comento Preston.

– ?Teniamos razon! -dijo Berrington.

– Si, teniamos razon. Pero a medida que me he ido haciendo viejo he pensado cada vez con mas frecuencia que el mundo probablemente se las arreglara para salir adelante aunque no se consiga cumplir todo lo que planeabamos cuando teniamos veinticinco anos.

Esa forma de hablar podria sabotear grandes empresas.

– Pero podemos cumplir lo que planeamos -afirmo Berrington-. Estamos a punto de agarrar con la mano todas las cosas por las que hemos trabajado durante los ultimos treinta anos. Los peligros que corrimos en aquellas fechas iniciales, todos los anos de investigacion, el dinero que invertimos… todo va a dar sus frutos ahora. ?Que no te de un ataque de nervios en este momento, Preston!

– A mis nervios no les pasa nada, me limito a senalar problemas practicos reales -expreso Preston, malhumorado-. Jim puede proponer su plataforma politica, pero eso no significa que se vaya a llevar a cabo.

– Ahi es donde entra la Landsmann -dijo Jim-. El efectivo que recibiremos a cambio de nuestras acciones de la compania nos lanzara hacia nuestro objetivo maximo, el mas importante de todos.

– ?Que quieres decir?

Preston parecia desconcertado, pero Berrington estaba enterado de lo que seguia y sonrio.

– La Casa Blanca -dijo Jim-. Voy a presentar mi candidatura para la presidencia.

4

Pocos minutos antes de la medianoche, Steve Logan aparco su viejo y herrumbroso Datsun en la calle Lexington del barrio de Hollins Market de Baltimore, al oeste del centro urbano. Iba a pasar la noche con su primo Ricky Menzies, que cursaba la carrera de medicina en la Universidad de Maryland, en Baltimore. El domicilio de Ricky era un cuarto en un enorme y viejo edificio habitado por estudiantes.

Ricky era el mas disoluto libertino que conocia Steve. Le gustaba beber, bailar y asistir a fiestas, actividades a las que tambien eran muy aficionados sus amigos. Steve habia esperado con anticipada ilusion pasar la noche con Ricky. Pero lo malo que tenian los libertinos disolutos es que eran inherentemente informales. En el ultimo minuto, a Ricky se le presento una cita de las que ahora se llaman ardientes y Steve tuvo que pasarse la primera parte de la velada solo.

Se apeo del coche, cargado con una pequena bolsa de deportes en la que llevaba ropa limpia para cambiarse al dia siguiente. La noche era calida. Cerro el coche y echo a andar hacia la esquina. Un grupo de chavales, cuatro o cinco muchachos y una chica, todos negros, remoloneaban delante de una tienda de videos. Fumaban cigarrillos. Steve no estaba nervioso, aunque era blanco; con su coche viejo y sus pantalones azules descoloridos, parecia

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