estar en aquel barrio como en su habitat natural. Ademas, era cosa de cinco centimetros mas alto que el mas crecido del grupo. Al pasar junto a los mozos, uno ofrecio en voz baja, pero perfectamente audible:

– ?Quieres marcarte unos porritos, te molan unas papelinas de coca?

Steve dijo que no con la cabeza, sin reducir el ritmo de sus pasos.

Una mujer muy alta, de color, caminaba hacia el, vestida para matar con microminifalda y zapatos de aguja, cabellera apilada hacia las alturas, carmin bermellon y sombra de ojos azul.

– ?Hola, guapo! -con profunda voz masculina.

Steve comprendio que era un hombre, sonrio y siguio adelante.

Oyo a los chicos de la esquina saludar con festiva familiaridad al travestido.

– ?Eh, Dorothy!

– Hola, muchachos.

Segundos despues, Steve oyo chirriar de neumaticos y volvio la cabeza. Un coche blanco de la policia con su banda azul y plata se detenia en la esquina. Unos cuantos miembros del grupo de muchachos desaparecieron engullidos por la oscuridad de las calles contiguas; otros permanecieron donde estaban. Dos agentes negros se apearon del coche, sin prisas. Steve se dio media vuelta para ver de que iba aquello. Cuando la mirada de uno de los agentes cayo sobre el hombre llamado Dorothy, el policia solto un salivazo que fue a estrellarse en la puntera del zapato rojo de alto tacon.

Steve se sobresalto. Era un acto gratuito e innecesario. Sin embargo, Dorothy continuo andando como si nada.

– Que te den por culo -murmuro.

El comentario fue apenas audible, pero el agente tenia un oido agudo. Agarro a Dorothy por un brazo y lo proyecto contra la luna del escaparate de la tienda de videos. Dorothy se tambaleo encima de sus tacones de aguja.

– No se te ocurra nunca hablarme a mi asi, pedazo de mierda -dijo el agente.

Steve se indigno. ?Por el amor de Dios, que esperaba aquel fulano si andaba por ahi escupiendo a la gente?

Un timbre de alarma empezo a sonar en la parte posterior de su cerebro. «No busques camorra, Steve.»

El companero del agente estaba apoyado en el vehiculo, en plan de mero espectador, con expresion impasible.

– ?Que pasa contigo, hermano? -silabeo Dorothy seductoramente-. ?Acaso te altero la sangre?

El agente le asesto un punetazo en el estomago. Era un tipo corpulento, el policia, y puso en el golpe todo el peso de su cuerpo. Dorothy se doblo sobre si mismo, dando un grito ahogado.

«Al diablo con todo», se dijo Steve, y echo a andar hacia la esquina.

«?Que rayos estas haciendo, Steve?»

Dorothy continuaba doblado por la cintura, jadeando.

– Buenas noches, agente -dijo Steve.

El policia le lanzo un vistazo.

– Pierdete, hijo de puta -ordeno.

– Ni hablar -contesto Steve.

– ?Que has dicho?

– He dicho que de eso, nada, agente. Deje en paz a este hombre.

«Marchate, Steve, maldito inflagaitas, largate.»

El desafio de su actitud envalentono un poco a los chicos.

– Si, tiene razon -dijo un mozalbete alto y delgado, de cabeza rapada-. No hay motivo para que jodas asi a Dorothy, no ha violado ninguna ley.

El polizonte apunto al muchacho con un dedo indice agresivo.

– Si estas loco por que te empapele por trafico de droga, no tienes mas que seguir hablandome asi.

El rapaz bajo los ojos.

– Pero la cuestion es que el joven ha dicho una verdad -insistio Steve-. Dorothy no ha quebrantado ninguna ley.

El policia se acerco a Steve.

«No le sacudas, hagas lo que hagas, no le toques. Acuerdate de Tip Hendricks.»

– ?Estas ciego?-pregunto el policia.

– ?Que quiere decir?

Tercio el otro agente:

– Eh, Lenny, ?a quien le importa un carajo? Olvidalo.

Parecia sentirse violento.

Lenny no le hizo caso y dirigio la palabra a Steve:

– ?Es que no lo entiendes? Eres el unico blanco de la fotografia. Este no es tu sitio.

– Pero acabo de ser testigo de un delito.

El agente se irguio muy cerca de Steve, demasiado cerca para que este pudiera sentirse comodo.

– ?Quieres dar un garbeo hasta la comisaria? ?O prefieres irte ahora mismo a tomar por culo de una puta vez?

Steve no deseaba ni mucho menos que le llevasen a la comisaria. A los agentes les era muy facil plantarle un poco de droga en los bolsillos, o arrearle una tunda y decir que se resistio a la detencion. Steve estaba estudiando derecho: si le declaraban convicto de un delito nunca podria ejercer. Se arrepintio de la postura que habia adoptado. No merecia la pena arrojar por la borda toda su carrera solo porque un policia la tomaba con un travestido.

Pero era una injusticia. Ahora se estaba intimidando a dos personas, a Dorothy y a Steve. Era el poli el que violaba la ley. Steve no podia retirarse de alli como si tal cosa. Pero adopto un tono conciliador:

– No quiero follones, Lenny -dijo-. ?Por que no deja que Dorothy se vaya y olvidamos que usted le agredio?

– ?Me estas amenazando, capullo?

«Un directo al plexo solar y una tunda de golpes en la cara. Una por el dinero, dos por la escenita. El poli se derrumbara como un caballo con una pata rota.»

– Solo hacia una sugerencia amistosa.

El agente parecia estar deseando armar jaleo. A Steve no se le ocurria ninguna forma de evitar el enfrentamiento. Deseo que Dorothy hiciese mutis silenciosamente, mientras Lenny le daba la espalda; pero el travestido seguia plantado alli: contemplaba la escena, se frotaba con una mano el dolorido estomago y disfrutaba de la furia del poli.

Intervino entonces la suerte. Cobro vida sonora la radio del coche patrulla. Los dos agentes se pusieron rigidos, todo oidos. Steve no logro desentranar el significado de la mezcla de palabras y numeros de codigo, pero el companero de Lenny dijo:

– Agente en apuros. Vayamonos de aqui.

Lenny vacilo, aun fulminando a Steve con la vista, pero a Steve le parecio captar un toque de alivio en los ojos del policia. Quizas a el tambien le rescataban de una situacion comprometida. Pero en su tono solo habia malevolencia:

– Recuerdame -le dijo a Steve-. Porque yo me acordare de ti.

Subio al vehiculo, cerro la portezuela de golpe y el coche arranco a toda velocidad.

Los chicos aplaudieron y se mofaron a gritos.

– ?Ufff! -pronuncio Steve, agradecido-. Ha sido algo espeluznante.

«Tambien fue estupido. Sabes perfectamente como hubiera acabado la cosa. Sabes lo que eres.»

En aquel momento aparecio su primo Ricky.

– ?Que ha pasado? -pregunto, con la mirada en la patrulla que desaparecia en la distancia.

Se acerco Dorothy y puso las manos sobre los hombros de Steve.

– Heroe mio -dijo en tono insinuante-. Mi John Wayne.

Steve se sintio incomodo.

– Eh, vamos…

– En cualquier momento que te apetezca aventurarte por la senda del frenesi salvaje, John Wayne, acude a

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