mi. Te llevare gratis.
– Gracias…, a pesar de todo.
– Te besaria, pero ya veo que eres vergonzoso, asi que solo te dire adios. Agito en el aire sus dedos de unas lacadas de rojo y se alejo.
– Adios, Dorothy.
Ricky y Steve se marcharon en direccion contraria.
– Veo que ya has hecho amistades en la vecindad -comento Ricky.
Steve solto una carcajada en la que habia mas alivio que otra cosa.
– Casi me meto en un lio grave de veras -explico-. Un pasma tonto del culo le arreo un punetazo a ese tipo de la minifalda y yo fui lo bastante idiota como para intentar pararle los pies.
Ricky estaba atonito. -Tienes suerte de estar aqui.
– Ya lo se.
Llegaron a casa de Ricky y entraron. Olia a queso, o acaso se tratara de leche agria. Habia pintadas en las paredes de color verde.
Rodearon las bicicletas encadenadas que habia en el vestibulo y echaron escaleras arriba.
– Es que me volvi loco, nada mas -dijo Steve-. ?Por que tenia que asestarle un punetazo en la boca del estomago? Si al pobre fulano le gusta llevar minifalda y embadurnarse de maquillaje, ?a quien le importa?
– Tienes razon.
– ?Y por que tenia Lenny que quedar impune, solo porque lleva uniforme? Los policias deberian dar ejemplo, precisamente por su posicion de privilegio.
– Cuando las ranas crien pelo.
– Esa es una de las cosas por las que quiero ser abogado. Para impedir que esta clase de mierda siga ocurriendo. ?Tienes tu algun heroe, alguien a quien te gustaria parecerte, ser como el?
– Casanova, quizas.
– Ralph Nader. Es abogado. Ese es mi personaje modelo. Se enfrento a las empresas mas poderosas de Estados Unidos… ?Vencio!
Ricky se echo a reir, paso los brazos en torno a los hombros de Steve y ambos entraron en su cuarto.
– Mi primo el idealista.
– Ah, rayos.
– ?Quieres un poco de cafe?
– Claro.
El cuarto de Ricky era pequeno y estaba amueblado a base de trastos viejos. Solo tenia una cama, un escritorio destartalado, un sofa hundido y un televisor enorme. En la pared, el cartel de un desnudo con los nombres de todos los huesos del esqueleto humano, desde los parietales de la cabeza hasta las falanges distales de los dedos de los pies. Habia aire acondicionado, pero al parecer no estaba en marcha.
Steve se sento en el sofa.
– ?Que tal tu cita?
– No tan ardiente como se anunciaba. -Ricky puso agua en la cafetera-. Melissa es mona, si, pero yo no estaria en casa tan temprano si estuviese tan loquita por mi como se me habia hecho creer. Y tu, ?que tal?
– Anduve por el campus de la Jones Falls. Hay bastante clase por alli. Tambien encontre a una chica. -Se animo al recordarlo-. La vi jugar al tenis. Era una chica impresionante… alta, fuerte, un rato bien formada. Tenia un servicio que era como el disparo de un jodido lanzagranadas, te lo juro.
– Es la primera vez que oigo que alguien se cuelga por una chica por su forma de jugar al tenis -sonrio Ricky-. ?Es guapa de cara?
– Bueno, tiene un rostro energico de verdad. -Steve podia verla en aquel momento-. Ojos castano oscuro, cejas negras, masa de pelo moreno… y aquel primoroso arito de plata que le perforaba la aleta izquierda de la nariz.
– No bromeas. Algo extraordinario, ?eh?
– Tu lo has dicho.
– ?Como se llama?
– No lo se. -La sonrisa de Steve era triste-. Paso por mi lado me mando a hacer gargaras, sin alterar el paso. Es probable que no vuelva a verla en la vida.
Ricky sirvio cafe.
– Quizas eso sea lo mejor… Sales en serio con una chica, ?no?
– Algo asi. -Steve se habia sentido un poco culpable al verse tan atraido por la jugadora de tenis-. Se llama Celine. Estudiamos juntos.
Steve iba a la universidad en Washington, D.C.
– ?Te has acostado con ella?
– No.
– ?Por que no?
– Creo que no he llegado a ese nivel de compromiso.
Ricky parecio sorprenderse.
– Ese es un idioma que no se hablar. ?Tienes que considerarte comprometido con una chavala antes de follartela?
Steve se sintio violento.
– Eso es lo que pienso, ya lo sabes.
– ?Siempre has pensado asi?
– No. Cuando estaba en el instituto llegaba hasta donde las chicas me permitian llegar, era como una especie de competicion o algo por el estilo. Hacia lo mio con cualquier chica bonita que se quitara las bragas… pero eso era entonces, ahora es ahora, y ya no soy ningun mocoso. Creo.
– ?Cuantos anos tienes?, ?veintidos?
– Exacto.
– Yo tengo veinticinco y sospecho que no soy tan maduro como tu.
Steve detecto cierta nota de resentimiento.
– ?Eh, nada de criticas! ?Vale?
– Esta bien. -Ricky no parecia ofendido en absoluto-. Asi, ?que hiciste despues de que te mandara a paseo?
– Me fui a un bar de Charles Village y me tome un par de cervezas con una hamburguesa.
– Eso me recuerda que… tengo hambre. ?Quieres comer algo?
– ?Que tienes?
Ricky abrio una alacena.
– ?Boo Berry, Rice Krispies o Count Chocula?
– Ah, chico, Count Chocula suena de maravilla.
Ricky puso tazones y leche encima de la mesa y ambos hicieron los honores al «banquetazo».
Al terminar, limpiaron los tazones de cereales y se dispusieron a acostarse. Steve se tendio en el sofa, en calzoncillos: hacia demasiado calor para echarse encima una manta. Ricky se quedo con la cama. Antes de irse a dormir, pregunto a Steve:
– Entonces, ?que vas a hacer en Jones Falls?
– Me han pedido que participe en un estudio. He de someterme a pruebas psicologicas y todo eso.
– ?Por que tu precisamente?
– No lo se. Dijeron que yo era un caso especial y que me lo explicarian todo cuando estuviese alli.
– ?Que te indujo a aceptar? Parece algo asi como una perdida de tiempo.
Steve tenia una razon especial, pero no iba a contarsela a Ricky. En su respuesta solo hubo una parte de verdad.
– Curiosidad, supongo. Quiero decir, ?tu nunca te haces preguntas acerca de ti mismo? Como ?que clase de persona soy y que quiero hacer en la vida?
– Quiero ser un cirujano de primera y ganar un millon de pavos al ano haciendo implantes de pecho. Supongo que soy un alma sencilla.
– ?Y no te preguntas el porque de todo eso?
