Steve no ignoraba que Jeannie tenia razon.
– ?Tienes una idea mejor?
Tras un prolongado momento de meditacion, Jeannie dijo:
– No.
59
Steve se puso los pantalones de pana azul y el jersey azul celeste de Harvey, cogio el Datsun de este y se dirigio a Roland Park. Habia oscurecido cuando llego a la casa de Berrington. Aparco detras de un Lincoln Town Car y permanecio unos instantes en el asiento, a fin de hacer acopio de valor.
Tenia que actuar sin fallos. Como descubrieran su impostura, Jeannie estaria acabada. Pero no contaba con ninguna base, ninguna informacion sobre la que proceder. Deberia mantener continuamente alerta los cinco sentidos, ser sensible a lo que pudiera surgir, no perder la calma en el caso de cometer algun error. Deseo ser actor.
?De que talante se encontraria Harvey?, se pregunto. Su padre le habia llamado a casa mas bien de manera perentoria. El chico deberia estar pasandoselo bomba con Jeannie. Penso que estaria de un humor de perros.
Suspiro. No podia aplazar por mas tiempo el temido instante. Se apeo del coche y anduvo hacia la puerta frontal.
Habia varias llaves en el llavero de Harvey. Steve escudrino la cerradura de la puerta de entrada a la casa. Le parecio distinguir la palabra «Yale». Busco una llave Yale. Antes de que la hubiera seleccionado Berrington abrio la puerta.
– ?Que haces ahi como un pasmarote? -pregunto enojado-. Entra de una vez.
Steve entro.
– Ve al estudio -ordeno Berrington.
«?Donde rayos esta el estudio?» Steve combatio como pudo la oleada de panico. Era una casa suburbana en serie, estilo rancho, de dos niveles, tipica construccion de los setenta. A su izquierda, pasado un arco, vio un salon con mobiliario formal y en el que no habia nadie. Al frente habia un pasillo con varias puertas, que, aventuro, darian paso a los dormitorios. A su derecha tenia dos puertas cerradas. Probablemente, una de ellas seria la del estudio…, pero ?cual?
– Ve al estudio -repitio Berrington, como si fuera posible que no le hubiese oido la primera vez.
Steve eligio una puerta al azar. Se equivoco. Era un lavabo.
Berrington le lanzo una mirada cargada de irritacion.
Steve vacilo un segundo, pero recordo al instante que teoricamente debia de estar de mal humor.
– Puedo echar una meada primero, ?no? -salto. Sin esperar contestacion, entro y cerro la puerta. Era el aseo de los invitados, con una taza de inodoro y un lavabo. Se inclino por encima de la taza y se echo un vistazo en el espejo.
– Tienes que estar loco -le dijo a su imagen. Tiro de la cadena, se lavo las manos y salio.
Oyo voces masculinas que sonaban mas al interior de la casa. Abrio la puerta siguiente a la del lavabo: aquel era el estudio. Entro, cerro la puerta a su espalda y lanzo una rapida ojeada a la estancia. Habia una mesa escritorio, un archivador de madera, numerosas estanterias, un televisor y algunos sofas. Encima de la mesa vio la fotografia de una mujer rubia, de unos cuarenta anos, vestida con prendas pasadas de moda, parecian de veinte anos atras. Llevaba un nino en brazos. «?La ex esposa de Berrington? ?Mi 'madre'?»
Abrio los cajones del escritorio, uno tras otro, y examino su interior; despues miro en el archivador. Habia una botella de whisky escoces Springbank y unos vasos de cristal en el departamento inferior, casi como si pretendieran tenerlos escondidos alli. Tal vez se trataba de un capricho de Berrington. Acababa de cerrar el cajon del archivador cuando se abrio la puerta y entro Berrington, seguido por otros dos hombres. Steve reconocio al senador Proust, cuya enorme cabeza calva y su no menos inmensa nariz le eran familiares por haberle visto en los noticiarios de la television. Supuso que el hombre de pelo negro y aire tranquilo seria el «tio» Preston Barck, el presidente de la Genetico.
Recordo que el, Harvey, estaba de muy mal humor.
– No hacia falta que me obligaseis a venir aqui tan condenadamente deprisa.
Berrington adopto un tono conciliador.
– Acabamos de terminar de cenar -dijo-. ?Quieres algo? Marianne puede prepararte una bandeja.
La tension habia puesto un nudo en el estomago de Steve, pero seguramente Harvey querria cenar y Steve deseaba parecer lo mas natural posible, de modo que simulo aplacarse un poco y dijo:
– Claro, tomare un bocado.
– ?Marianne! -llamo a voces Berrington. Al cabo de un momento aparecio en el vano de la puerta una bonita muchacha negra, de aspecto nervioso. Berrington le ordeno-: Traele a Harvey un poco de cena en una bandeja.
– Ahora mismo, monsieur -articulo la joven sosegadamente.
Steve la observo retirarse; tomo nota mental de que atravesaba el salon camino de la cocina. Supuso que el comedor estaria tambien en esa direccion, a no ser que comiesen en la cocina.
Proust se inclino hacia delante.
– Bueno, chico, ?que averiguaste?
Steve se habia inventado un ficticio plan de accion para Jeannie.
– Me parece que podeis tranquilizaros, al menos de momento -explico-. Jeannie Ferrami intenta demandar judicialmente a la Universidad Jones Falls por despido improcedente. Cree que durante el proceso tendra la oportunidad de citar la existencia de los clones. Hasta entonces no tiene planes de hacerlo publico. Esta citada el miercoles con el abogado.
A los tres hombres parecio quitarseles un peso de encima.
– Una demanda por despido improcedente -comento Proust-. Eso llevara un ano por lo menos. Tenemos tiempo de sobra para hacer lo que debemos hacer.
«Que equivocados estais, viejos cabrones.»
– ?Te enteraste de algo acerca del caso de Lisa Hoxton?
– Sabe quien soy y cree que fui yo quien lo hizo, pero no tiene ninguna prueba. Probablemente piensa acusarme, pero opino que lo consideraran una acusacion lanzada a ciegas por una antigua empleada vengativa.
Berrington asintio.
– Eso esta bien, pero a pesar de todo te hara falta un abogado.
Ya sabes lo que vamos a hacer. Te quedaras aqui esta noche… De todas formas, es demasiado tarde para conducir hasta Filadelfia.
«?No quiero pasar la noche aqui!»
– No se…
– Por la manana me acompanaras a la conferencia de prensa e inmediatamente despues iremos a ver a Henry King.
«?Es demasiado arriesgado!» «No te dejes dominar por el panico, piensa.» «Si me quedase aqui, conoceria con absoluta exactitud y en todo momento lo que tramaran estos asquerosos. Eso bien vale cierto grado de riesgo. Supongo que no puede suceder gran cosa mientras estoy dormido. Podria hacer una llamada sigilosa a Jeannie, para informarle de lo que esta en marcha.» Tomo una decision instantanea.
– Conforme -se avino.
– Bueno, hemos estado sentaditos aqui, preocupandonos como locos, por nada en absoluto -dijo Proust.
Barck no corrio tanto a aceptar la buena noticia.
– ?No se le ocurrio a la chica demandar a la Genetico y sabotear su venta? -dijo, receloso.
– Es lista, pero no creo que tenga mucho de mujer de negocios -dijo Steve.
Proust hizo un guino y pregunto:
– ?Que tal es en el catre, eh?
