– Guerrera -respondio Steve, con una sonrisa, y Proust solto una rugiente carcajada.
Entro Marianne con una bandeja: pollo en rodajas, una ensalada con cebollas, pan y una Budweiser. Steve le sonrio.
– Gracias -dijo-. Tiene un aspecto suculento.
Al dirigirle Marianne una mirada sorprendida, Steve comprendio que seguramente Harvey no le daba las «gracias» con demasiada frecuencia. Observo que Preston Barck habia fruncido el ceno. «?Cuidado, cuidado! No lo estropees ahora que los tienes donde querias tenerlos. Todo lo que tienes que hacer es aguantar una hora mas, que es lo que falta para irse a dormir.»
Empezo a comer.
– ?Te acuerdas -dijo Barck- que te lleve al hotel Plaza de Nueva York cuando tenias diez anos?
Steve estaba a punto de decir «Si» cuando capto la expresion de perplejidad que reflejaba el rostro de Berrington. «?Me esta sometiendo a prueba? ?Desconfia Barck?»
– ?El Plaza? -pregunto a su vez, fruncido el entrecejo. Aparte de eso, la unica respuesta que podia dar era-: Caray, tio Preston, no me acuerdo de eso.
– Tal vez fue el chico de mi hermana -se echo atras Barck.
«Uffff»
Berrington se puso en pie. -Toda esta cerveza me esta haciendo orinar como un caballo -dijo. Salio del estudio.
– Necesito un whisky -manifesto Proust.
– Mira en el ultimo departamento del archivador -sugirio Steve-. Ahi es donde papa suele guardarlo.
Proust se acerco al archivador y tiro del cajon.
– ?Bien dicho, chaval! -jaleo. Saco la botella y unos vasos.
– Conozco ese escondite desde que tenia doce anos -confeso Steve-. Por esas fechas fue cuando empece a meterle mano.
Proust dejo escapar una sonora risotada. Steve lanzo a Barck una mirada de reojo. La expresion de desconfianza habia desaparecido de su rostro. Sonreia.
60
El senor Oliver saco un descomunal pistolon que guardaba desde la Segunda Guerra Mundial.
– Se lo quite a un prisionero aleman -explico-. En aquellas fechas no se permitia llevar armas a los soldados de color.
Estaba sentado en el sofa de Jeannie y encanonaba a Harvey con el arma.
Al telefono, Lisa trataba de localizar a George Dassault.
– Voy a registrarme en el hotel -dijo Jeannie- y dar una batida de reconocimiento.
Puso unas cuantas cosas en una maleta y condujo rumbo al hotel Stouffer, mientras pensaba en como se las arreglaria para introducir a Harvey en una habitacion sin que los miembros de la seguridad del hotel se percatasen de la jugada.
El Stouffer tenia garaje subterraneo; lo cual era un buen principio. Jeannie dejo alli el automovil y cogio el ascensor. Observo que solo llevaba al vestibulo, no a las habitaciones. Para llegar a estas era preciso tomar otro ascensor. Pero todos los ascensores estaban juntos en un pasillo que partia del vestibulo principal, no eran visibles desde la recepcion y para trasladarse del ascensor del garaje a los de las habitaciones solo se tardaria escasos segundos.
?Llevarian a Harvey en peso, lo tendrian que arrastrar o se mostraria dispuesto a colaborar e iria andando? Le resulto dificil aventurarlo.
Se inscribio, fue a la habitacion, dejo la maleta, volvio a salir del cuarto al instante y regreso a su apartamento.
– ?Ya he entrado en contacto con George Dassault! -anuncio Lisa, exultante, en cuanto vio entrar a Jeannie.
– ?Eso es formidable! ?Donde?
– Localice a su madre en Buffalo y me dio su numero de Nueva York. Es actor e interviene en una obra experimental de las que se representan en cafes y pequenas salas de Broadway.
– ?Vendra manana?
– Si. Dijo: «Me hare un poco de publicidad». Le concerte el vuelo y he quedado en encontrarme con el en el aeropuerto.
– ?Eso es maravilloso!
– Tendremos tres clones; en television parecera increible.
– Si podemos colar a Harvey en el hotel. -Jeannie se volvio hacia el senor Oliver-. Podemos evitar al portero del hotel dejando el coche en el garaje subterraneo. El ascensor solo llega a la planta baja. Tienes que apearte alli y luego coger otro para subir a las habitaciones. Pero la bateria de ascensores queda bastante escondida.
El senor Oliver manifesto, dubitativo:
– Con todo y con eso, vamos a tener que obligarle a estar calladito durante sus buenos cinco o incluso diez minutos, mientras lo trasladamos desde el coche hasta la habitacion. ?Y que pasara si alguno de los huespedes del hotel lo ve maniatado? Puede que les de por hacer preguntas o por avisar a la seguridad.
Jeannie miro a Harvey, atado, amordazado y tirado en el suelo. El chico no le quitaba ojo y era todo oidos.
– He pensado en todo eso y se me han ocurrido algunas ideas -dijo Jeannie-. ?Es posible volver a atarle los tobillos de forma que pueda andar pero no muy deprisa?
– Claro.
Mientras el senor Oliver lo hacia, Jeannie entro en su dormitorio. Saco del armario un pareo de colores que habia comprado para la playa, un chal, un panuelo y una careta de Nancy Reagan que le habian dado en una fiesta y que se le olvido tirar.
El senor Oliver estaba poniendo en pie a Harvey. En cuanto estuvo erguido, Harvey lanzo un golpe al senor Oliver con las manos atadas. Jeannie jadeo y Lisa dejo escapar un grito. Pero el senor Oliver parecia estar esperando aquello. Esquivo el golpe con facilidad y sacudio a Harvey en el estomago con la culata del arma de fuego. Harvey emitio un grunido, se doblo sobre si mismo y el senor Oliver le asesto otro culatazo, pero esa vez en la cabeza. Harvey cayo de rodillas. El senor Oliver volvio a enderezarlo. Harvey opto entonces por mostrarse mas docil.
– Quiero vestirlo -dijo Jeannie.
– Adelante -dijo el senor Oliver-. Yo solo me quedare a su lado y le sacudire de vez en cuando para convencerle de que debe colaborar.
Nerviosamente, Jeannie cino el pareo alrededor de la cintura de Harvey y lo ato como si fuera una falda. No tenia las manos todo lo firmes que deseaba; estar tan cerca de Harvey le producia repulsion. La falda era larga, cubria los tobillos de Harvey y ocultaba los cables que le trababan. Le echo el chal sobre los hombros y prendio con imperdibles las puntas en torno a las munecas de Harvey, de forma que pareciese que las sujetaba con las manos, como una anciana. Acto seguido, enrollo el panuelo, lo puso sobre la boca y lo anudo en la nuca, para evitar que cayese el pano de cocina. Por ultimo, coloco encima la careta de Nancy Reagan para ocultar la mordaza.
– Ha ido a un baile de disfraces, vestido como Nancy Reagan, y esta borracho -determino Jeannie.
– Queda pero que muy bien -alabo el senor Oliver.
Sono el telefono. Jeannie descolgo:
– ?Digame!
– Aqui Mish Delaware.
Jeannie se habia olvidado por completo de la detective. Habian transcurrido catorce o quince horas desde que intento desesperadamente ponerse en contacto con ella.
– Hola.
– Tenias razon. Lo hizo Harvey Jones.
