estes en mi division».

– Ese es el codigo. Si uno pronuncia la primera frase, el otro tiene que contestar con el resto del dialogo.

– Hecho.

Regreso el senor Oliver con la caja de herramientas. Dio media vuelta a Harvey y procedio a maniatarle por delante, con las palmas una contra otra, pero dejando sueltos los meniques.

– ?Por que no le ata las manos a la espalda? -quiso saber Steve.

El senor Oliver parecio un poco vergonzoso.

– Si me disculpa por mencionarlo, le dire que asi podra sostenerse la pilila cuando tenga que hacer pis. Lo aprendi en Europa, durante la guerra. -Empezo a ligar los pies de Harvey-. Este bigardo no causara mas problemas. Y ahora, ?que piensan hacer respecto a la puerta de la calle?

Jeannie miro a Steve.

– La deje bastante destrozada -confeso este.

– Lo mejor sera llamar a un carpintero -sugirio Jeannie.

– Tengo algo de madera en el patio -dijo el senor Oliver-. La remendare lo suficiente como para que podamos dejarla cerrada esta noche. Manana buscaremos a alguien que haga un buen trabajo con ella.

Jeannie se sintio profundamente agradecida.

– Gracias, muchas gracias, es usted muy amable.

– Ni lo menciones. Esto es lo mas interesante que me ha sucedido desde la Segunda Guerra Mundial.

– Le ayudare -se brindo Steve.

El senor Oliver denego con la cabeza.

– Vosotros dos teneis un monton de cosas de las que discutir, ya lo veo. Como, por ejemplo, si llamais o no a la policia para que se haga cargo de este fulano que teneis amarrado encima de la alfombra.

Sin esperar respuesta, cogio su caja de herramientas y se fue escaleras abajo.

Jeannie puso en orden sus pensamientos.

– Manana se vendera la Genetico por ciento ochenta millones de dolares y Proust emprendera la ruta presidencial. Mientras tanto, estoy sin empleo y con mi reputacion por los suelos. Nunca volvere a realizar ninguna tarea cientifica. Pero con lo que se podria darle la vuelta a ambas situaciones.

– ?Como harias tal cosa?

– Bueno… Podria publicar en la prensa un comunicado en el que explicara el asunto de los experimentos.

– ?No necesitarias alguna clase de prueba?

– Harvey y tu juntos constituiriais una prueba bastante espectacular. Sobre todo si consiguiera que aparecieseis juntos en television.

– Si… en Sesenta Minutos o algun programa por el estilo. Me gusta la idea. -Volvio a poner cara larga-. Pero Harvey no colaborara.

– Pueden filmarlo atado. Luego llamamos a la policia y tambien pueden filmar eso.

Steve asintio.

– Lo malo es que tu probablemente tengas que actuar antes de que la Landsmann y la Genetico concluyan la operacion de compraventa. Una vez tuvieran el dinero estarian en condiciones de eliminar cualquier publicidad negativa que pudiesemos generar. Y su conferencia de prensa sera manana por la manana, segun el The Wall Street Journal.

– Tal vez deberiamos celebrar nuestra propia conferencia de prensa.

Steve chasqueo los dedos.

– ?Ya lo tengo! Nos colaremos en su conferencia de prensa.

– Rayos, si. Entonces quiza la gente de la Landsmann decida no firmar los papeles y la absorcion se cancelara.

– Y Berrington se quedara sin todos esos millones de dolares.

– Y Jim Proust se quedara sin su campana por la presidencia.

– Debemos estar locos -puntualizo Steve realista-. Esas son algunas de las personas mas poderosas de Estados Unidos y estamos aqui hablando de reventarles la fiesta.

Llego de abajo el ruido de los martillazos indicadores de que el senor Oliver empezaba a arreglar la puerta.

– Odian a los negros, ya sabes -dijo Jeannie-. Todos esos disparates acerca de los genes buenos y los ciudadanos de segunda categoria son simplemente paparruchas en clave, una cortina de humo. Esos individuos son fanaticos de la supremacia de los blancos y disfrazan sus intenciones con ciencia moderna. Quieren convertir al senor Oliver en ciudadano de segunda. Al diablo con ellos, no me voy a quedar quietecita en actitud contemplativa.

– Nos hace falta un plan -dijo Steve, yendo a lo practico.

– Muy bien, ahi va -dijo Jeannie-. Lo primero que tenemos que hacer es averiguar donde va a celebrarse la conferencia de prensa de la Genetico.

– Seguramente en un hotel de Baltimore.

– Podemos llamarlos a todos, si es preciso.

– Probablemente deberiamos alquilar una habitacion en ese hotel.

– Buena idea. Luego nos colamos en la conferencia de prensa, nos plantamos en mitad de la sala y les soltamos un buen parlamento a los medios de comunicacion que cubran el acto.

– Te acallaran.

– Deberia llevar preparada una nota de prensa, lista para soltarla alli. Y entonces entras tu con Harvey. Los gemelos son fotogenicos y todas las camaras os enfocaran.

Steve fruncio el entrecejo.

– El que nos presentes alli a Harvey y a mi, ?que demostrara?

– El hecho de que seais identicos proporcionara la clase de impacto dramatico que inducira a los periodistas a disparar sus preguntas. No costara mucho tiempo cerciorarse de que teneis madres distintas. Una vez captaran eso, sabrian que hay un misterio por descubrir, lo mismo que me paso a mi. Y ya sabes como investiga la prensa a los candidatos presidenciales.

– Sin embargo, resulta indudable que tres serian mejor que dos -dijo Steve-. ?Crees que podriamos lograr que alguno de los otros apareciese en la conferencia?

– Podemos intentarlo. Invitarlos a todos, con la esperanza de que se presente al menos uno.

En el suelo, Harvey abrio los ojos y emitio un gemido.

Jeannie casi se habia olvidado de el. Al mirarlo, espero que tuviese una buena herida en la cabeza. Despues se sintio culpable y lamento ser tan vengativa.

– Teniendo en cuenta como le he sacudido, probablemente deberia verle un medico.

Harvey se recobro enseguida.

– Desatame, puta asquerosa -barboto.

– Olvidemonos del medico -dijo Jeannie.

– Sueltame ahora mismo o te juro que en cuanto este libre te rebanare los pezones con una navaja barbera.

Jeannie le metio en la boca el pano de cocina.

– Cierra el pico, Harvey -dijo.

– Va a ser muy interesante -comento Steve, pensativo- eso de introducirle a hurtadillas en una habitacion de hotel.

Llego de la planta baja la voz de Liza, que saludaba al senor Oliver. Al cabo de un momento entraba en el cuarto, vestida con pantalones azules y calzada con pesadas botas Doc Marten. Miro a Steve y a Harvey y exclamo:

– ?Dios mio, es cierto!

Steve se puso en pie.

– Yo soy el que senalaste en la rueda de identificacion -dijo-. Pero el que te asalto fue el.

– Harvey intento repetir conmigo lo que te hizo a ti -explico Jeannie-. Steve llego justo a tiempo y echo abajo la puerta de la calle.

Lisa se acerco al tendido Harvey. Lo miro fijamente durante un buen rato; luego, pensativamente, echo hacia atras la pierna para cobrar impulso, y le descargo un puntapie en las costillas, con todas sus fuerzas. La puntera

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