– No es la clase de persona que formularia una acusacion al buen tuntun.
Steve asintio con la cabeza.
– Pese a todo, quiero que sepas que no creo que lo hicieras tu.
Durante unos segundos Jeannie penso que iban a saltarsele las lagrimas a Steve.
– Gracias -articulo el muchacho bruscamente-. No tengo palabras para decirte lo mucho que eso significa para mi.
– Llamame cuando salgas. -Le dio su numero de telefono-. ?Te acordaras?
– No hay problema.
A Jeannie le costaba trabajo retirarse. Dedico a Steve lo que confio fuese una sonrisa de animo.
– Buena suerte.
– Gracias, aqui dentro la necesito.
Jeannie dio media vuelta y abandono el minusculo locutorio.
La mujer policia la acompano hasta el vestibulo. Caia la noche cuando Jeannie regresaba al garaje donde tenia el coche aparcado. Al desembocar en la autopista Jones Falls encendio los faros del viejo Mercedes. Acelero rumbo al norte, deseosa de llegar cuanto antes a la universidad. Siempre conducia demasiado deprisa. Era habil al volante, pero un tanto imprudente. Aunque se daba cuenta de ello, carecia de paciencia para ir solo a noventa por hora.
El Honda Accord de Lisa ya estaba aparcado delante de la Loqueria. Jeannie estaciono su vehiculo junto a el y entro en el edificio. Lisa encendia en aquel momento las luces del laboratorio. El estuche frigorifico que contenia la muestra de sangre de Dennis Pinker estaba encima del banco.
El despacho de Jeannie se abria justo enfrente, al otro lado del pasillo. Abrio la puerta por el procedimiento de pasar su tarjeta por la ranura del lector de identificaciones y entro. Sentada ante el escritorio, llamo al domicilio de los Pinker, en Richmond.
– ?Por fin! -exclamo al oir la senal de tono al otro extremo de la linea.
Contesto Charlotte. -?Como esta mi hijo? -quiso saber.
– De salud, muy bien -repuso Jeannie. Penso que a duras penas le hubiera parecido un psicopata, hasta que saco el cuchillo y me robo las bragas. Hizo un esfuerzo para pensar algo positivo y dijo-: Se mostro dispuesto a colaborar.
– Siempre ha tenido unos modales exquisitos -repuso Charlotte con el deje sureno que usaba en sus manifestaciones mas ofensivas.
– Senora Pinker, ?puede usted confirmarme la fecha de nacimiento de Dennis?
– Nacio el dia siete de septiembre -lo dijo como si debiera ser una fiesta nacional.
No era la respuesta que le hubiera gustado a Jeannie.
– ?En que hospital?
– En aquella epoca estabamos en Fort Bragg, Carolina del Norte.
Jeannie contuvo una decepcionada maldicion.
– El comandante estaba entrenando reclutas para Vietnam -declaro Charlotte orgullosamente-. La Comandancia Medica Militar tiene un hospital en Bragg. En el vino Dennis al mundo.
A Jeannie no se le ocurrio nada mas que decir. El misterio seguia tan insondable como siempre.
– Senora Pinker, quiero repetirle mi agradecimiento por su amable colaboracion.
– Ya sabe donde me tiene, para lo que guste.
Jeannie volvio al laboratorio.
– Aparentemente -dijo a Lisa-, Steve y Dennis nacieron con trece dias de diferencia, en distintos estados. La verdad, no lo entiendo.
Lisa abrio una caja nueva de probetas.
– Bueno, hay una prueba incontrovertible. Si tienen el mismo ADN, son gemelos identicos, digan lo que digan los demas respecto a su nacimiento.
Saco dos tubitos de cristal de dentro de la caja. Tenian una longitud de poco mas de cinco centimetros. Su fondo era conico y una tapa cubria la boca de los tubos. Abrio un paquete de etiquetas, escribio «Dennis Pinker» en una y «Steve Logan» en otra, las pego en los tubos y los coloco en un estante.
Rompio el sello del recipiente de la sangre de Dennis y vertio una gota en una de las probetas. Despues cogio del refrigerador un frasquito de sangre de Steve e hizo lo propio. Mediante una graduada pipeta de precision -un tubo con ampolleta en un extremo- anadio una infima cantidad de cloroformo a cada probeta. Despues tomo una nueva pipeta y anadio una similar cantidad exacta de fenol.
Cerro las dos probetas y las puso en la batidora, donde se agitaron durante unos segundos. El cloroformo disolveria la grasa y el fenol facturaria las proteinas, pero las largas moleculas en doble helice del acido desoxirribonucleico se mantendrian intactas.
Lisa volvio a poner los tubos en el estante.
– Es todo lo que podemos hacer de momento, hasta dentro de unas horas -dijo.
El fenol disuelto en agua se disgregaria del cloroformo despacio. Se formaria un menisco dentro del tubo, en el limite. El ADN seria la parte acuosa, que se podria retirar de la pipeta para la siguiente fase de la prueba. Pero habria que esperar hasta la manana.
Sono un telefono en alguna parte. Jeannie fruncio el entrecejo; parecia repicar en su despacho. Cruzo el pasillo y descolgo el auricular.
– ?Si?
– ?Doctora Ferrami?
Jeannie odiaba a las personas que lo primero que hacian al llamar por telefono era enterarse de quien estaba al aparato, antes de presentarse. Era como llamar a la puerta de una casa y preguntar al que la abre: «?Quien diablos es usted?». Hizo retroceder garganta abajo las ganas de soltar una respuesta sarcastica y dijo:
– Soy Jeannie Ferrami. ?Quien llama, por favor?
– Naomi Freelander, del New York Times. -Sonaba como una fumadora empedernida, entrada ya en la cincuentena-. Tengo unas preguntas que formularle.
– ?A estas horas de la noche?
– Trabajo las veinticuatro horas del dia. Y parece que usted tambien.
– ?Cual es el motivo de su llamada?
– Investigo con vistas a un articulo sobre etica cientifica.
– ?Ah! -Jeannie penso de inmediato en la circunstancia de que Steve ignorase que pudiera ser un hijo adoptivo. Era un problema etico, aunque no insoluble… pero seguramente el Times no sabria nada del asunto-. ?Que es lo que le interesa?
– Tengo entendido que ha explorado usted bases de datos clinicas en busca de sujetos apropiados para su estudio.
– Oh, si, vale -Jeannie se tranquilizo. Por aquel lado no tenia motivo alguno de preocupacion-. Bueno, he ideado un mecanismo de busqueda que explora los datos informaticos y localiza parejas cuyos miembros se corresponden. Mi proposito es encontrar gemelos identicos. Mi programa informatico puede utilizarse en cualquier clase de banco de datos.
– Pero usted ha tenido acceso a archivos medicos con el fin de utilizar ese programa.
– Es importante definir que entiende usted por acceso. He puesto un cuidado especial en no invadir la intimidad de nadie. Jamas he llegado a ver los detalles medicos de ninguna persona. El programa no imprime los historiales.
– ?Que imprime?
– Los nombres de los dos individuos, su direccion y numero de telefono.
– Pero imprime los nombres por parejas.
– Naturalmente, ese es el quid.
– De modo que si usted usara, digamos, una base de datos de electroencefalogramas, esta le informaria de que las ondas cerebrales de John Smith son las mismas que las de Jim Fitz.
– Las mismas o similares. Pero no me daria ningun otro dato relativo a la salud del hombre.
– Sin embargo, en el caso de que usted supiese previamente que John Smith era un esquizofrenico paranoide, llegaria a la conclusion de que Jim Fitz tambien lo era.
– Jamas sabriamos una cosa asi.
