– ?Esta noche? La perplejidad se ensenoreo del rostro de Jane.
– ?Por que no?
Eso le concedia al menos otra oportunidad. Aliviado, Berrington sugirio:
– Pasare a recogerte a las ocho.
– De acuerdo.
Jane le dio su direccion, que el apunto en un cuaderno de notas de bolsillo.
– ?Que clase de platos te gustan? -le pregunto-. ?Ah, no me contestes, ahora recuerdo que tu comida favorita es pensar en tu acelerador de particulas. -Salieron al ardiente sol. Berrington le dio un leve apreton en el brazo-. Hasta la noche.
– Berry -silabeo ella-, no andaras detras de algo, ?eh?
El le dedico un guino.
– ?Que es lo que tienes?
Jane se echo a reir y se alejo.
35
Ninos probeta. Fertilizacion in vitro. Esa era la conexion. Jeannie lo veia ya todo claro.
Charlotte Pinker y Lorraine Logan habian recibido tratamiento contra la esterilidad en la Clinica Aventina. El centro medico fue un adelantado de la fertilizacion in vitro: proceso por el cual el espermatozoide del padre y el ovulo de la madre se unen en el laboratorio y de ello resulta el embrion que posteriormente se implanta en el utero de la mujer.
Los gemelos identicos se dan cuando un embrion se divide por la mitad, en el utero, y produce dos individuos. Eso puede haber ocurrido en la probeta. Despues, los dos gemelos de la probeta pueden implantarse en dos mujeres distintas. De ese modo, dos madres que no tuvieran ninguna relacion entre si podian alumbrar sendos gemelos identicos. Bingo.
La camarera le sirvio la ensalada, pero Jeannie estaba demasiado exaltada para comerla.
Tenia la certeza de que al principio del decenio de los setenta los ninos probeta no eran mas que una teoria. Pero, evidentemente, la Genetico llevaba anos de adelanto en la investigacion.
Tanto Lorraine como Charlotte dijeron que se les habia aplicado terapia de hormonas. Al parecer, la clinica les mintio respecto al tratamiento a que las habia sometido.
En si, eso ya era bastante malo, pero al profundizar un poco mas en sus implicaciones, Jeannie comprendio que habia algo aun peor. El embrion que se dividio podia haber sido el hijo biologico de Lorraine y Charles o el de Charlotte y el comandante…, pero no de ambos. A una de las dos mujeres se le habia implantado el hijo de la otra pareja.
El corazon de Jeannie se saturo de horror y aversion al comprender que podian haber dado a ambas mujeres hijos de personas absolutamente desconocidas.
Se pregunto porque la Genetico engano a sus pacientes de aquella manera tan espantosa. La tecnica no se habia experimentado lo suficiente: quiza necesitaban cobayas humanas. Tal vez solicitaron permiso y se lo negaron. O puede que tuvieran algun otro motivo para actuar en secreto.
Fuera cual fuese la razon para mentir a las mujeres, Jeannie comprendia ahora por que su investigacion provocaba un panico tan cerval a la Genetico. Fecundar a una mujer con un embrion extrano, sin que ella lo supiera, era tan inmoral como pudiera imaginarse. No era de extranar que se esforzase tan desesperadamente por ocultarlo. Si Lorraine llegaba a enterarse algun dia de lo que le hicieron se lo cobraria de un modo infernal.
Jeannie tomo un sorbo de cafe. Conducir hasta Filadelfia no habia sido una perdida de tiempo, despues de todo. Aun no contaba con todas las respuestas, pero habia resuelto el nucleo central del rompecabezas. Lo cual resultaba profundamente satisfactorio.
Alzo la mirada y se quedo de piedra al ver entrar a Steve.
Parpadeo, con la vista clavada en el muchacho. Vestia pantalones caqui y camisa azul suelta y abotonada hasta abajo y, una vez dentro, cerro la puerta a su espalda con el talon.
Le dirigio una amplia sonrisa y se puso en pie para recibirle con los brazos abiertos.
– ?Steve! -exclamo encantada.
Al recordar su resolucion, le echo los brazos al cuello y le beso en la boca. El chico olia de un modo distinto, menos a tabaco y mas a especias. El se apreto contra Jeannie y le devolvio el beso.
Jeannie oyo una voz femenina que comentaba:
– Dios mio, recuerdo cuando yo sentia lo mismo.
Y varias personas soltaron la carcajada.
Retiro el abrazo.
– Sientate aqui. ?Quieres comer algo? Comparte mi ensalada. ?Que estas haciendo aqui? No puedo creerlo. Debes de haberme seguido. No, no, conocias el nombre de la clinica y decidiste venir a encontrarte aqui conmigo.
– Sencillamente, deseaba que charlasemos un poco.
Steve se atuso las cejas con la yema del dedo indice. Algo en aquel gesto desperto cierta ambigua inquietud en el subconsciente de Jeannie -«?A que otra persona he visto hacer eso?»-, pero la arrincono en el fondo de su cerebro.
– Te gusta dar sorpresas.
De pronto, Steve parecio nervioso.
– ?Ah, si?
– Te gusta aparecer inesperadamente, ?verdad?
– Supongo.
Jeannie volvio a sonreirle.
– Hoy estas un poco raro. ?Que intenciones tienes?
– Oye, me estas poniendo de un caliente tremendo y temo perder la compostura -dijo Steve-. ?Por que no nos vamos de aqui?
– Claro.
Jeannie puso un billete de cinco dolares sobre la mesa y se levanto.
– ?Donde has dejado el coche? -pregunto al salir del local.
– Cojamos el tuyo.
Subieron al Mercedes rojo. Jeannie se abrocho el cinturon de seguridad, pero Steve no. Apenas habia arrancado el vehiculo, Steve se acerco a Jeannie en el corrido asiento delantero, le levanto el pelo y empezo a besarla en el cuello. A ella no dejaba de gustarle, pero se sintio un tanto violenta y dijo:
– Me parece que soy un poco mayorcita para hacer esto en un coche.
– Vale -se avino Steve. Dejo de besuquearla y volvio la cara al frente, pero dejo el brazo sobre los hombros de Jeannie. La mujer condujo hacia el este, por Chestnut. Cuando llegaban al puente, Steve dijo-: Tira hacia la autopista… quiero ensenarte una cosa.
Siguiendo las senales indicadoras, Jeannie torcio a la derecha, por la avenida Schuylkill y se detuvo ante un semaforo en rojo.
La mano que descansaba sobre el hombro descendio y empezo a acariciarle los pechos. Jeannie noto que, en respuesta al contacto, el pezon se le puso rigido, aunque pese a ello, seguia sintiendose incomoda. Era una sensacion desairada, como notar que le meten mano a una en el metro.
– Me gustas, Steve -confeso-, pero vas demasiado deprisa para mi.
El no contesto, pero sus dedos encontraron el pezon y lo oprimieron con fuerza.
– ?Ay! -se quejo Jeannie-. ?Me has hecho dano! ?Santo cielo, ?que mosca te ha picado?
Le aparto mediante un empujon con la mano derecha. El semaforo cambio a verde y Jeannie descendio por la rampa que desembocaba en la autopista Schuylkill.
– No se a que atenerme contigo -se lamento el muchacho-. Primero me besas como una ninfomana y luego actuas como una frigida.
