Steve volvio a intentarlo. Esa vez fue mas habil. Llevo la palanca de cambios a punto muerto con la mano izquierda y aferro el volante con la derecha. El automovil redujo la velocidad y subio por el bordillo de la acera.

Jeannie retiro las manos del volante, las apoyo en el pecho de Steve y le empujo con todas sus fuerzas. La potencia fisica de la mujer sorprendio a Steve, que se vio impulsado hacia atras. Jeannie puso la marcha y hundio el pedal del acelerador. El Mercedes volvio a salir disparado hacia delante como un cohete, pero Jeannie se daba cuenta de que no podria mantener aquella lucha durante mucho tiempo mas. En cualquier segundo, Steve conseguiria detener el coche y ella se encontraria atrapada alli dentro con el. Steve recobro el equilibrio mientras Jeannie entraba en una curva por la izquierda. El muchacho agarro el volante con ambas manos y Jeannie penso: «Esto es el fin, ya no puedo aguantar mas». Luego el automovil acabo de doblar la curva y el paisaje urbano cambio radicalmente.

Se encontraron frente a una calle muy concurrida, con un hospital ante el que se congregaba un numeroso grupo de personas, una hilera de taxis y, junto a la acera, un puesto de comida china.

– ?Si! -exclamo Jeannie triunfalmente.

Piso el freno. Steve tiro del volante y ella volvio a colocarlo en su posicion anterior. El Mercedes dio un coletazo y se detuvo en mitad de la calzada. Una docena de taxistas que se encontraban ante el puesto de comida china se volvieron a mirar.

Steve abrio la portezuela, se apeo y huyo a la carrera.

– ?Gracias a Dios! -susurro Jeannie.

Segundos despues, Steve habia desaparecido.

Jeannie continuo sentada, jadeante. El violador se habia marchado. La pesadilla habia concluido.

Uno de los taxistas se acerco y asomo la cabeza por la ventanilla del asiento del pasajero. Precipitadamente, Jeannie compuso su vestimenta.

– ?Se encuentra bien, senora? -pregunto el hombre.

– Supongo que si -respondio ella, sin resuello.

– ?A que diablos venia todo esto?

Jeannie sacudio la cabeza.

– Le aseguro que me gustaria saberlo -dijo.

36

Sentado en lo alto de una pequena tapia, junto al domicilio de Jeannie, Steve aguardaba la llegada de la muchacha. Hacia calor, pero el joven aprovechaba la sombra de un gigantesco arce. Jeannie vivia en un tradicional barrio obrero de hileras de casas adosadas. Adolescentes que acababan de salir de un colegio cercano volvian a casa, riendo, peleandose y comiendo caramelos. No habia pasado mucho tiempo desde que el era tambien como ellos: ocho o nueve anos.

Pero ahora estaba inquieto y desesperado. Aquella tarde, su abogado habia ido a hablar con la sargento Delaware de la Unidad de Delitos Sexuales. La detective le dijo que tenia ya los resultados de la prueba de ADN. Las muestras de ADN del esperma extraido de la vagina de Lisa Hoxton coincidian exactamente con el ADN de la sangre de Steve.

Estaba destrozado. Habia tenido la absoluta certeza de que la prueba de ADN iba a poner fin a aquella angustia.

Se daba cuenta de que su abogado ya no le creia inocente. Mama y papa si, pero estaban desconcertados; ambos tenian suficientes conocimientos como para comprender que las pruebas de ADN eran extraordinariamente fiables.

En sus peores momentos se preguntaba si no tendria alguna clase de doble personalidad. Tal vez existia otro Steve que tomaba las riendas, violaba mujeres y luego le devolvia su cuerpo. De ese modo, el ignoraria lo que habia hecho. Recordo, alarmado, que durante su pelea con Tip Hendricks, hubo unos cuantos segundos en los que perdio el control de la razon. Y tambien habia estado decidido a hundir los dedos en el cerebro de Gordinflas Butcher. ?Era su alter ego quien hacia esas cosas? En realidad, no lo creia asi. Debia existir otra explicacion.

El rayo de esperanza lo representaba el misterio que los envolvia a el y a Dennis Pinker. Dennis tenia el mismo ADN que Steve. Algo no encajaba alli. Y la unica persona que podia poner en claro el enigma era Jeannie Ferrami.

Los chicos de la escuela desaparecieron dentro de sus casas y el sol se oculto tras la hilera de viviendas del otro lado de la calle. Hacia las seis de la tarde, el Mercedes rojo aparco en un hueco, a unos cincuenta metros de distancia, y Jeannie se apeo del vehiculo. De momento no vio a Steve. Abrio el maletero y saco del mismo una gran bolsa de basura de plastico negro. Despues cerro el automovil y echo a andar por la acera, en direccion a Steve. Iba vestida mas bien elegante, con traje sastre de falda negra, pero estaba despeinada y Steve noto en sus andares un cansino abatimiento que le llego al alma. Se pregunto que le habria ocurrido para que ofreciese aquel aspecto de derrota. Aunque aun resultaba esplendida y la contemplo con el animo saturado de deseo.

Cuando la tuvo cerca de si, Steve se irguio, sonriente, y avanzo un paso hacia ella.

Jeannie le miro, fijo la vista y le reconocio. Una expresion de horror aparecio en el rostro de la mujer.

Se quedo boquiabierta y luego emitio un grito.

Steve se detuvo en seco. Pregunto hecho un lio:

– ?Que ocurre, Jeannie?

– ?Apartate de mi! -chillo Jeannie-. ?No me toques! ?Ahora mismo llamo a la policia!

Anonadado, Steve alzo las manos en gesto defensivo.

– Claro, claro, lo que tu digas. No voy a tocarte, conforme? ?Que diablos te pasa?

En la puerta del domicilio de Jeannie aparecio un vecino de la casa compartida. Debia de ser el ocupante del apartamento de la planta baja, se figuro Steve. Era un anciano de color, que llevaba camisa de cuadros y corbata.

– ?Todo va bien, Jeannie? -dijo-. Me parecio oir gritar a alguien.

– Fui yo, senor Oliver -dijo Jeannie con voz temblona-. Este sinverguenza me agredio en mi propio coche, en Filadelfia.

– ?que te agredi? -exclamo Steve, incredulo-. ?Yo no haria semejante cosa!

– Lo hiciste hace un par de horas, hijo de Satanas.

Steve se sintio dolido. Que le acusaran de brutalidad le molestaba.

– Vete a hacer gargaras. Hace anos que no he estado en Filadelfia.

Intervino el senor Oliver.

– Este joven caballero lleva mas de dos horas sentado en esa tapia, Jeannie. Esta tarde no ha estado en Filadelfia.

Jeannie parecia indignada y a punto de tildar de embustero a su bonachon vecino.

Steve observo que no llevaba medias; sus piernas al aire resaltaban de modo extrano entre la formal indumentaria que vestia. Un lado del rostro estaba ligeramente hinchado y enrojecido. El enfado de Steve se evaporo. Alguien la habia atacado. Deseaba con toda el alma abrazarla y consolarla. El hecho de que ella le tuviese miedo aumentaba la afliccion del muchacho.

– Te hizo dano -dijo-. El malnacido.

Cambio la cara de Jeannie. La expresion de terror desaparecio. Se dirigio al vecino:

– ?Llego aqui hace dos horas?

El hombre se encogio de hombros.

– Hace una hora y cuarenta minutos, quiza cincuenta.

– ?Esta seguro?

– Jeannie, si estaba en Filadelfia hace dos horas ha tenido que volver aqui en el Concorde.

Jeannie miro a Steve.

– Debio de ser Dennis.

Steve anduvo hacia ella. Jeannie no retrocedio. Steve alargo el brazo y con la yema de los dedos rozo la

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