– Pero los resultados estan en un disquete que se encuentra en mi despacho.
– ?Ah, no! ?Y te han prohibido la entrada!
– Asi es.
– Rayos, echare abajo la puerta. Pongamonos en marcha, ?a que esperamos?
– Puedes acabar otra vez en la carcel. Y quizas haya un medio mas facil.
Steve se tranquilizo mediante un esfuerzo.
– Tienes razon. Tiene que haber otro medio de conseguir ese disquete.
Jeannie cogio el telefono.
– Le pedi a Lisa Hoxton que intentase entrar en mi despacho. Veamos si lo ha logrado. -Marco un numero-. Hola, Lisa, ?como estas?… ?Yo? Pues no demasiado bien. Escuchame, esto te va a parecer increible. -Resumio lo que habia descubierto-. Se que cuesta trabajo creerlo, pero lo podre demostrar si consigo echarle mano al disquete… ?No podrias entrar en mi despacho?
– ?Mierda! -Jeannie puso cara larga-. En fin, gracias por intentarlo. Ya se que te arriesgaste. Te lo agradezco de todo corazon… Si. Adios.
Colgo y dijo: -Lisa intento convencer al guardia de seguridad para que la dejase entrar. Casi lo habia logrado, pero el hombre consulto con su superior y por poco lo despiden.
– ?Que vamos a intentar ahora?
– Si en la audiencia de manana por la manana me reintegran a mi empleo, entrare de nuevo en mi despacho como si no hubiera ocurrido nada.
– ?Quien es tu abogado?
– No tengo abogado, nunca lo necesite.
– Apuesta algo a que la universidad va a disponer del abogado mas caro de la ciudad.
– Mierda. No puedo permitirme el lujo de un abogado.
Steve apenas se atrevia a exponer lo que le pasaba por la cabeza. -Bueno… yo soy abogado.
Jeannie le contemplo con aire especulativo.
– Solo he pasado un ano en la facultad de Derecho, pero en los ejercicios de abogacia mis notas han sido las mas altas de la clase.
Le emocionaba la idea de defenderla frente al poder de la Universidad Jones Falls. Pero ?no pensaria Jeannie que era demasiado joven e inexperto? Se esforzo en leer en el cerebro de la muchacha, pero fracaso. Ella seguia mirandole. Steve le devolvio la mirada, clavando la suya en los ojos oscuros de Jeannie. Penso que podia estar haciendolo indefinidamente.
Al final, Jeannie se inclino y le beso en los labios, leve y fugazmente.
– Diablo, Steve, eres autentico -dijo.
Fue un beso muy rapido, pero resulto electrico. Steve se sintio grande. No estaba muy seguro de lo que Jeannie queria decir con «autentico», pero debia de ser bueno.
Tendria que justificar la fe que depositaba en el. Empezo a pensar en la audiencia.
– ?Tienes alguna idea acerca de las reglas de la comision, los tramites que se siguen en la audiencia?
Ella introdujo la mano en la bolsa de lona y le tendio una carpeta de cartulina.
Steve examino el contenido. Las normas eran una mezcla de la tradicion de la universidad y jerga legal moderna. Entre las infracciones por las que se podia despedir a un miembro del profesorado figuraban la blasfemia y la sodomia, pero la que a Jeannie le daba la impresion de ser la mas importante era tradicional: llevar la infamia y el descredito a la universidad.
Realmente, la comision de disciplina no tenia la ultima palabra; simplemente presentaba una recomendacion al consejo, cuerpo de gobierno de la universidad. Eso merecia la pena saberlo. Si a la manana siguiente Jeannie perdia, el consejo podia servirle como tribunal de apelacion.
– ?Tienes una copia del contrato? -pregunto Steve.
– Claro. -Jeannie se acerco a un pequeno escritorio del rincon y abrio un cajon-. Aqui esta.
Steve lo leyo rapidamente. En la clausula doce Jeannie accedia a acatar las decisiones del consejo de la universidad. Eso le dificultaria legalmente desobedecer la decision definitiva.
Volvio a las reglas de la comision de disciplina.
– Aqui dice que tienes que notificar al presidente, por adelantado, tu deseo de que te represente un abogado u otra persona -observo Steve.
– Ahora mismo llamamos a Jack Budgen -repuso Jeannie-. Son las ocho…, estara en casa.
Cogio el telefono.
– Aguarda -pidio Steve-. Tracemos antes el plan de los terminos en que vamos a plantear la conversacion.
– Tienes razon. Tu piensas estrategicamente y yo no.
Steve se sintio complacido. Aquel consejo legal se lo habia dado como abogado suyo y Jeannie lo considero provechoso.
– Ese hombre tiene tu destino en sus manos. ?Como es?
– Es el bibliotecario jefe y mi contrincante en el tenis.
– ?El que jugaba contigo el domingo?
– Si. Es mas un administrador que un pedagogo academico. Y un buen jugador tactico, pero en mi opinion nunca tuvo el instinto asesino que impulsa a un tenista hasta la cima.
– Vale, o sea que mantiene contigo cierta relacion competitiva.
– Supongo que si.
– Ahora bien, ?que impresion queremos darle? -Enumero con los dedos-. Uno: queremos parecer optimistas y seguros del triunfo. Estas deseando verte en la audiencia. Eres inocente, te alegras de tener la oportunidad de demostrarlo y tienes una fe ciega en que la comision vera la verdad en el fondo del asunto, bajo la sabia direccion de Budgen.
– Muy bien.
– Dos: estas desamparada. Eres una muchacha debil, indefensa…
– ?Bromeas?
Steve sonrio.
– Tacha eso. Eres una profesora universitaria novata y te enfrentas a Berrington y Obell, dos astutos veteranos, duchos en el arte de hacer su santa voluntad en la Universidad Jones Falls. Rayos, ni siquiera puedes permitirte contratar a un abogado. ?Budgen es judio?
– No lo se. Puede que si.
– Espero que lo sea. Las minorias estan mas predispuestas a revolverse contra el sistema. Tres: la historia de por que Berrington te esta acosando ha de salir a la luz. Es un tanto asombrosa, pero hay que contarla.
– ?En que puede ayudarme explicar eso?
– Sugiere la idea de que es muy posible que Berrington tenga algo que ocultar.
– Muy bien. ?Algo mas?
– No creo.
Jeannie marco el numero y le tendio el telefono.
Steve lo tomo rezumando turbacion. Era la primera llamada que efectuaba como representante juridico de alguien. «Quiera Dios que no lo eche todo a perder.»
Mientras escuchaba el timbre de tono, intento evocar la forma de jugar al tenis de Jack Budgen. Steve se habia concentrado en Jeannie, naturalmente, pero recordaba la figura de un hombre en bastante buena forma, calvo, de unos cincuenta anos, que se movia con agilidad y jugaba con picardia. Budgen habia vencido a Jeannie, pese a que ella era mas joven y fuerte. Steve se prometio no subestimarle.
Una voz tranquila y cultivada contesto al telefono:
– Digame.
– ?Profesor Budgen?, me llamo Steve Logan.
Hubo una breve pausa.
– ?Le conozco, senor Logan?
– No, senor. Le llamo, en su calidad de presidente de la comision de disciplina de la Universidad Jones Falls, para informarle de que manana acompanare a la doctora Ferrami. Aguarda impaciente que se celebre la audiencia y desea quitarse de encima cuanto antes esas acusaciones.
