El tono de Budgen fue frio:

– ?Es usted abogado?

Steve comprobo que recobraba el aliento con rapidez, como si hubiese estado corriendo y ahora realizase un esfuerzo para mantener la calma.

– Estoy en la facultad de Derecho. La doctora Ferrami no puede permitirse el lujo de contratar a un abogado. Sin embargo, hare cuanto este en mi mano para ayudarle en el presente caso y, si mi actuacion es deficiente, tendre que ponerme a merced de usted. -Hizo una pausa para ofrecer a Budgen la oportunidad de intercalar un comentario amistoso o, aunque solo fuera, un grunido de simpatia; pero no hubo mas que gelido silencio. Steve continuo-: ?Puedo preguntarle quien representara a la universidad?

– Tengo entendido que han contratado a Henry Quinn, de Harvey Horrocks Quinn.

Steve se quedo sobrecogido. Era una de las firmas mas antiguas de Washington. Trato de que su voz sonase relajada.

– Un bufete WASP 1 extraordinariamente respetable -comento, con una risita.

– ?De veras?

El encanto de Steve no daba resultado con aquel hombre. Habia llegado el momento de ensenar las unas.

– Tal vez debiera mencionarle una cosa. Nos vamos a ver obligados a contar el verdadero motivo por el cual Berrington Jones ha actuado asi contra la doctora Ferrami. Bajo ninguna clase de condiciones aceptaremos la cancelacion de la audiencia. Eso dejaria suspendida sobre su cabeza la nube de la duda. La verdad ha de salir a la superficie, me temo.

– No tengo noticia de ninguna propuesta de cancelacion de la audiencia.

Claro que no tenia noticia. No existia tal propuesta. Steve siguio adelante con su farol.

– Pero si surgiera una, le ruego tome nota de que sera inaceptable para la doctora Ferrami. -Decidio cortar la conversacion antes de meterse en excesivas profundidades-. Profesor, muchas gracias por su cortesia. Estoy deseando verle a usted por la manana.

– Adios.

Steve colgo.

– ?Joder! Vaya tempano de hielo.

Jeannie parecia perpleja.

– Normalmente no es asi. Tal vez solo se mostraba protocolario.

Steve tenia la casi plena certeza de que Budgen ya habia adoptado la determinacion de ser hostil a Jeannie, pero no se lo dijo a la mujer.

– De todas formas, ya le he transmitido nuestros tres puntos. Y he descubierto que la Universidad Jones Falls ha contratado a Henry Quinn.

– ?Es bueno?

Era legendario. Pensar que iba a actuar contra Henry Quinn habia dejado a Steve como un carambano. Pero no queria deprimir a Jeannie.

– Quinn solia ser muy bueno, pero es posible que su mejor momento haya pasado ya.

Jeannie acepto aquella opinion.

– ?Que debemos hacer ahora?

Steve la miro. El albornoz rosa dejaba una abertura en la parte del escote y el muchacho vislumbro un seno anidado entre los pliegues de la suave tela de rizo.

– Deberemos repasar las preguntas que van a formularte en la audiencia -dijo Steve en tono pesaroso-. Esta noche nos queda por hacer un monton de trabajo.

37

Jane Edelsborough estaba infinitamente mejor desnuda que vestida. Yacia tendida sobre una sabana de color rosa palido, bajo la claridad de la llama de una vela perfumada. Su piel suave y diafana resultaba mas atractiva que los tonos turbios, de tierra fangosa, de la ropa que solia ponerse. Las prendas que le gustaba vestir tendian a ocultar su cuerpo; era una especie de amazona, de pechos rozagantes y amplias caderas. Era corpulenta, pero le sentaba bien.

Echada en la cama, sonreia languidamente a Berrington mientras este se ponia sus calzones azules.

– ?Vaya, eso fue mas estupendo de lo que esperaba! -comento Jane.

Berrington pensaba lo mismo, pero no era lo bastante tonto como para confesarlo. Jane conocia numeritos que normalmente el tenia que ensenar a las mujeres mas jovenes que solia llevarse a la cama. Se pregunto ociosamente donde habria aprendido Jane a follar tan bien. Estuvo casada en otro tiempo; su marido, fumador de cigarrillos, habia muerto de cancer de pulmon diez anos antes. Debieron de disfrutar juntos de una vida sexual fantastica. La habia gozado de tal modo que no tuvo necesidad de recurrir a su fantasia de costumbre, en la que imaginaba hacer el amor a una beldad famosa, Cindy Crawford, Bridget Fonda o la princesa Diana, y en la que, rematado el coito, la belleza en cuestion, tendida a su lado, le susurraba al oido: «Gracias, Berry, ha sido el mejor polvo que me han echado jamas, eres magnifico, muchas gracias».

– ?Me siento tan culpable! -dijo Jane-. Ha pasado mucho tiempo desde la ultima vez que hice algo tan depravado.

– ?Depravado? -pregunto Berrington, que se estaba atando los cordones de los zapatos-. No se por que. Eres libre, blanca y mayor de edad, como soliamos decir. -Ella hizo una mueca: la frase «libre, blanca y mayor de edad» era entonces politicamente incorrecta-. De todas formas, eres libre e independiente -se apresuro a anadir.

– Oh, lo depravado no fue la fiesta carnal -declaro desmayadamente-. Es que me consta que lo hiciste solo porque formo parte de la comision de la audiencia de manana.

Berrington se petrifico en el acto de ponerse la corbata rayada.

Jane continuo:

– ?Se supone que soy tan ingenua como para pensar que me viste en el otro extremo de la cafeteria de estudiantes y te sentiste hechizado por mi magnetismo sexual? -Le sonrio tristemente-. No tengo el menor magnetismo sexual, Berry, al menos para alguien tan superficial como tu. Por fuerza debias de tener un motivo ulterior y tarde apenas cinco segundos en imaginar que podia ser.

Berrington se sentia como un imbecil. No sabia que decir.

– Ahora bien, en tu caso, tu si que tienes magnetismo sexual. Rayos. Tienes encanto y un hermoso cuerpo, sabes vestir y hueles bien. Y, por encima de todo, cualquiera se da cuenta a primera vista que realmente te gustan las mujeres. Puedes manipularlas y explotarlas, pero tambien las adoras. Eres el perfecto plan para una noche y gracias. Como remate de sus palabras, Jane cubrio con la sabana su cuerpo desnudo, se dio media vuelta y, tendida de costado, cerro los ojos.

Berrington acabo de vestirse con toda la rapidez que pudo.

Antes de marcharse, se sento en el borde de la cama. Jane abrio los ojos. Berrington le pregunto:

– ?Me apoyaras manana?

Ella se incorporo y, sentada, le beso amorosamente.

– Antes de tomar una decision tendre que escuchar las declaraciones y la exposicion de pruebas -dijo.

Berrington apreto los dientes.

– Es terriblemente importante para mi, mucho mas de lo que te figuras.

Jane asintio comprensivamente, pero su respuesta fue implacable: -Sospecho que tambien es muy importante para Jeannie Ferrami.

El le oprimio el seno izquierdo, suave y firme.

– Pero ?quien es mas importante para ti… Jeannie o yo?

– Se lo que es ser una joven profesora en una universidad dominada por los hombres. Se trata de algo que nunca olvidare.

– ?Mierda! -Berrington retiro la mano.

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