– Podrias pasar aqui la noche, ya sabes. Luego lo repetiriamos por la manana.
Berrington se levanto.
– Tengo demasiadas cosas en la cabeza.
Jane cerro los ojos.
– Demasiado malo.
Berrington se marcho.
Tenia aparcado el coche en el camino de entrada a la casa de Jane, a continuacion del Jaguar de la mujer. El Jaguar debio ponerme sobre aviso, penso Berrington; es un sintoma de que Jane es mucho mas de lo que uno ve a simple vista. Le habia utilizado, pero lo disfruto. Se pregunto si a veces las mujeres experimentaban lo mismo despues de que el las hubiese seducido.
Mientras conducia rumbo a su domicilio penso, sin tenerlas todas consigo, en la audiencia del dia siguiente. Tenia de su parte a los cuatro miembros masculinos de la comision, pero habia fracasado en su objetivo de arrancarle a Jane la promesa de que le respaldaria. ?Habia alguna otra cosa que el pudiera hacer? En aquella fase tan avanzada parecia que no.
Al llegar a casa se encontro un mensaje de Jim Proust en el contestador automatico. Por favor, mas malas noticias, no, penso. Se sento ante el escritorio del estudio y llamo a Jim a su casa.
– Aqui, Berry.
– Lo del FBI se ha jodido -anuncio Jim de buenas a primeras.
La moral de Berrington se hundio todavia mas.
– Cuentame.
– Se les dijo que cancelaran la busqueda, pero la orden no llego a tiempo.
– ?Maldicion!
– Se le envio el resultado por correo electronico.
El miedo se adueno de Berrington.
– ?Quien figuraba en esa lista?
– No lo se. La oficina no hizo copia.
Aquello era intolerable.
– ?Tenemos que saberlo!
– Tal vez tu puedas averiguarlo. Es posible que esa lista se encuentre en su despacho.
– Se le cerro la puerta a cal y canto. -Una idea cargada de esperanza se encendio de pronto en el cerebro de Berrington-. Es posible que no haya recogido su correo.
Su moral recibio un leve impulso ascendente.
– ?Puedes hacerlo?
– Pues claro. -Berrington consulto su Rolex de oro-. Ire a la universidad ahora mismo.
– Llamame en cuanto sepas algo.
– Apuesta a que si.
Volvio a subir a su coche y se dirigio a la Universidad Jones Falls. El campus estaba desierto y sumido en la oscuridad. Aparco delante la Loqueria y entro en el edificio. Introducirse sigilosamente en el despacho de Jeannie le resulto aquella segunda vez mucho menos embarazoso. Que diablos, habia demasiado en juego para preocuparse de su dignidad.
Encendio el ordenador y accedio al correo electronico. Habia una misiva. «Por favor, Dios santo, permite que sea la lista del FBI.» Transfirio el mensaje. Comprobo con desilusion que se trataba de otro recado, una nota de su amigo de la Universidad de Minnesota:
?Recibiste mi correo electronico de ayer? Estare manana en Baltimore y me encantaria de verdad volver a verte, aunque solo fuera unos minutos. Llamame, haz el favor. Besos, Will.
Jeannie no habia recibido aquel mensaje del dia anterior, porque Berrington lo habia descargado y luego lo borro. Tampoco iba a recibir este. Pero ?donde estaba la lista del FBI? Debia de haberla descargado ayer por la manana, antes de que la seguridad la hubiese dejado fuera de su despacho.
?Donde la habia grabado? Berrington registro el disco duro, buscando documentos con las palabras «FBI», «F.B.I», con puntos, y «Oficina Federal de Investigacion». No encontro nada. Echo un minucioso vistazo a la caja de disquetes que Jeannie guardaba en un cajon, pero solo contenia copias de seguridad de documentos del ordenador.
– Esta mujer guarda copias de seguridad hasta de su maldita lista de la compra -susurro Berrington.
Utilizo el telefono de Jeannie para llamar de nuevo a Jim.
– Nada -resumio bruscamente.
– ?Tenemos que saber quien figura en esa lista! -rugio Jim.
Berrington comento sarcasticamente: -Que vamos a hacer, Jim… ?secuestrar y torturar a Jeannie?
– Ella debe de tener la lista, ?no?
– No esta en su correo electronico, de modo que la ha descargado.
– Lo que quiere decir que, como no esta en su despacho, debe de tenerla en casa.
– Logico. -Berrington comprendio adonde queria ir a parar-. Puedes ordenar… -Se resistia a decir por telefono: «que el FBI registre su domicilio»-. ?Puedes hacer que lo comprueben?
– Creo que si. David Creane fracaso en la entrega, por lo que supongo que me debe un favor. Le llamare.
– Manana por la manana seria un buen momento. La audiencia es a las diez, Jeannie se pasara alli un par de horas.
– Entendido. Me encargare de que lo hagan. Pero ?que pasa si lo lleva en su maldito bolso de mano? ?Que vamos a hacer en ese caso?
– Ni idea. Buenas noches, Jim.
– Buenas noches.
Despues de colgar, Berrington permanecio sentado un momento y contemplo la estrecha estancia, animada por los audaces y brillantes colores con que la habia alegrado Jeannie. Si las cosas se torcieran por la manana, la muchacha estaria sentada ante aquella mesa a la hora del almuerzo, con su lista del FBI, preparada para reanudar su investigacion y para buscarle la ruina a tres hombres buenos.
Eso no debe ocurrir, penso desesperadamente; eso no debe ocurrir.
VIERNES
38
Jeannie se desperto en la reducida sala de estar de paredes blancas, acostada encima del negro sofa, en brazos de Steve, y vestida solo con el albornoz de tela de rizo color rosa fucsia.
«?Como llegue aqui?»
Se habian pasado la mitad de la noche ensayando con vistas a la audiencia. A Jeannie el corazon le dio un vuelco en el pecho: su destino iba a decidirse aquella manana.
«Pero ?como es que estoy aqui recostada en su regazo?»
Hacia las tres habia bostezado y cerrado los ojos un momento.
«?Y entonces?…»
Debio de quedarse dormida.
Y en algun instante Steve fue al dormitorio, cogio de la cama la colcha de rayas azules y rojas y la habia arropado con ella, puesto que Jeannie se encontraba abrigada bajo la prenda.
Pero Steve no podia ser responsable del modo en que ella estaba tendida, con la cabeza sobre el muslo del
