mejilla hinchada.
– Pobre Jeannie -compadecio.
– Crei que eras tu. -Las lagrimas afluyeron a los ojos de Jeannie.
La acogio en sus brazos. Poco a poco, el cuerpo de Jeannie fue perdiendo rigidez y acabo por apoyarse en Steve confiadamente. El le acaricio la cabeza y despues enrosco los dedos entre las ondas de la espesa mata de pelo oscuro. Cerro los ojos y penso en lo fuerte y esbelto que era el cuerpo de Jeannie. Apuesto a que Dennis tambien se llevo alguna magulladura, penso. Asi lo espero.
El senor Oliver tosio.
– ?Les apeteceria una taza de cafe, jovenes?
Jeannie se despego de Steve.
– No, gracias -declino-. Voy a cambiarme de ropa.
La tension estaba escrita en su rostro, pero eso la hacia aparecer mas encantadora. Me estoy enamorando de esta mujer, penso Steve. No es solo que desee acostarme con ella… aunque eso tambien. Quiero que sea mi amiga. Quiero ver la tele con ella, acompanarla al supermercado y darle cucharadas de jarabe cuando este resfriada. Quiero contemplarla mientras se cepilla los dientes, se pone los vaqueros y unta la mantequilla en la tostada. Quiero que me pregunte que tono naranja de lapiz de labios le sienta mejor y que hojas de afeitar deberia comprar y a que hora volvere a casa.
Se pregunto si tendria valor para decirle todo eso.
Jeannie cruzo el porche hacia la puerta. Steve titubeo. Se moria por seguirla, pero necesitaba que ella le invitase.
Jeannie dio media vuelta en el umbral.
– Venga, vamos -dijo.
La siguio escaleras arriba y entro tras ella en el vestibulo. Jeannie dejo caer encima de la alfombra la bolsa negra de plastico. Entro en la minuscula cocina, se sacudio los zapatos de los pies y luego, ante los atonitos ojos de Steve, los solto dentro del cubo de la basura.
– Jamas volvere a ponerme estas malditas prendas -afirmo en tono furibundo.
Se quito la chaqueta y la arrojo al mismo sitio que los zapatos Despues, mientras Steve la miraba incredulo, se desabotono la blusa, se la quito y la echo tambien al cubo de la basura.
Llevaba un sencillo sosten negro de algodon. Steve penso que no iria a quitarselo delante de el. Pero Jeannie se llevo las manos a la espalda, lo desabrocho y tambien lo tiro a la basura. Tenia unos pechos firmes, mas bien pequenos, de erectos pezones castanos. Se veia una tenue senal roja en la parte de los hombros donde lo tirantes del sosten habian apretado un poco mas de la cuenta. Steve se le seco la garganta.
Jeannie se bajo la cremallera y dejo que la falda fuese a parar al suelo. Llevaba solo unas bragas tipo bikini. Steve la contemplo boquiabierto. Aquel cuerpo era perfecto: hombros firmes, senos estupendos, vientre liso y piernas largas y bien torneadas. Jeannie se quito las bragas, hizo un fardo junto con la falda y lo metio todo en el cubo de la basura. Su vello pubico era una espesa masa de rizos negros.
Miro a Steve durante unos segundos, con incertidumbre en la expresion, casi como si no estuviese segura de lo que pudiera estar haciendo alli. Luego dijo:
– Tengo que ducharme.
Desnuda, paso por su lado. Steve volvio la cabeza y se la comia con los ojos, observo vorazmente su espalda y absorbio los detalles de los omoplatos, la estrecha cintura, la rotundez curvilinea de las caderas y los musculos de las piernas. Era tan adorable que hacia dano.
Jeannie salio de la estancia. Al cabo de un momento Steve oyo el rumor del agua corriente.
– ?Jesus! jadeo. Se sento en el sofa tapizado de negro. ?Que significaba aquello? ?Era alguna clase de prueba? ?Que trataba Jeannie de decir? Sonrio. Vaya cuerpo maravilloso, tan fuerte y esbelto, tan armonioso y perfectamente proporcionado. Ocurriera lo que ocurriese, jamas olvidaria aquella magnifica figura.
Estuvo duchandose un buen rato. Steve se dio cuenta de que, con el dramatismo de la acusacion a el se le olvido darle la desconcertante noticia. Por fin, el rumor del agua ceso. Un minuto despues Jeannie volvia a la habitacion, envuelta en un albornoz rosa fucsia y con el pelo humedo aplastado sobre la cabeza. Tomo asiento en el sofa, junto a el, y pregunto:
– ?Lo he sonado o me desnude delante de ti?
– De sueno, nada -repuso Steve-. Tiraste toda tu ropa al cubo de la basura.
– Dios mio. No se que me ha pasado.
– No tienes porque excusarte. Me alegro de que confiaras en mi hasta ese extremo. No puedo explicarte lo que significa para mi.
– Debes de pensar que me falta un tornillo.
– No, pero creo que probablemente estabas conmocionada por lo que te sucedio en Filadelfia.
– Quiza sea eso. Solo recuerdo que sentia la imperiosa necesidad de desembarazarme enseguida de la ropa que llevaba cuando ocurrio.
– Puede que este sea el momento de abrir la botella de vodka que guardas en la nevera.
Jeannie nego con la cabeza.
– Lo que realmente me apetece es un te de jazmin.
– Deja que te lo prepare. -Steve se levanto y paso al otro lado del mostrador de la cocina-. ?Por que llevas de un lado a otro esa bolsa de basura?
– Hoy me han despedido. Metieron todos mis efectos personales en esta bolsa, la dejaron en el pasillo y cerraron la puerta con llave.
– ?Que? -Steve no podia creerlo-. ?Como ha sido eso?
– El New York Times ha publicado hoy un articulo en el que dice que el empleo por mi parte de bases de datos viola la intimidad de las personas. Pero creo que lo que ocurre es que Berrington Jones utiliza ese articulo como excusa para deshacerse de mi.
Steve ardia de indignacion. Deseaba protestar, salir en defensa de Jeannie, salvarla de aquella artera persecucion.
– ?Pueden despedirte asi, sin mas?
– No, manana por la manana se celebrara una audiencia ante la comision de disciplina del consejo de la universidad.
– Tu y yo estamos pasando una semana increiblemente mala.
Steve se disponia a informarle del resultado de la prueba de ADN cuando Jeannie descolgo el telefono.
– Necesito el numero de la penitenciaria Greenwood, que esta en las proximidades de Richmond (Virginia) - pidio a informacion. Mientras Steve llenaba de agua el hervidor, Jeannie garabateo el numero y volvio a marcar-. ?Podria ponerme con el alcaide Temoigne? Soy la doctora Ferrami… Si, espero… Gracias… Buenas tardes, alcaide, ?como estas?… Yo muy bien, gracias… Esto puede parecerte una pregunta idiota, pero ?sigue Dennis Pinker aun en la carcel?… ?Estas seguro? ?Lo has visto con tus propios ojos?… Gracias… Ah, y tu cuidate tambien. Adios… -Jeannie alzo la cabeza y miro a Steve-. Dennis continua en la carcel. El alcaide hablo con el hace una hora.
Steve puso una cucharada de te de jazmin en la tetera y busco dos tazas.
– Jeannie, los polis tienen el resultado de la prueba de ADN.
Jeannie se puso rigida.
– ?Y?…
– El ADN de la vagina de Lisa coincide con el ADN de mi sangre.
Con voz desolada, Jeannie pregunto:
– ?Estas pensando lo mismo?
– Alguien que se parece a mi y que tiene mi mismo ADN violo el domingo a Lisa Hoxton. Ese mismo individuo te agredio hoy en Filadelfia. Y no era Dennis Pinker.
Con los parpados apretados, Jeannie concluyo:
– Sois tres.
– ?Santo cielo! -Steve se sentia desesperado-. Pero eso resulta todavia mas inverosimil. La policia jamas lo creera. ?Como es posible que suceda una cosa como esta?
– Un momento -dijo Jeannie, alterada-. No sabes lo que he descubierto esta tarde, antes de tropezarme con tu doble. Tengo una explicacion.
