Biddenham, Powers y Trader eran hombres rutinarios, profesores con muchos anos de ejercicio a sus espaldas y cuya carrera estaba ligada a la Jones Falls y dependia del prestigio y la prosperidad del centro. Podia confiarse en que respaldarian al presidente de la universidad. El garbanzo negro era la mujer, Jane Edelsborough.
Tendria que darle un toque enseguida.
33
Camino de Filadelfia por la I 95, Jeannie volvio a sorprenderse con la mente puesta otra vez en Steve Logan.
La noche anterior le habia dado un beso de despedida en la zona de aparcamiento del campus de la Jones Falls. Lamentaba que aquel beso hubiera sido tan fugaz. Los labios de Steve eran carnosos y secos, la piel calida. A Jeannie le gustaba la idea de volver a repetir aquello.
?Por que sentia tanta prevencion respecto a la edad del chico? ?Que tenia de maravilloso el que los hombres fuesen mayores? Will Temple, de treinta y nueve anos, la habia dejado por una heredera cabeza hueca. Vaya con las garantias de la madurez.
Pulso la tecla de busqueda de la radio, a la caza de una buena emisora, y dio con Nirvana, que interpretaba Come As You Are. Siempre que pensaba en salir con un hombre de su edad, o mas joven, la sacudia una especie de sobresalto, algo asi como el temblor del peligro que acompanaba a una cinta de Nirvana. Los hombres mayores eran tranquilizadores; sabian que hacer.
?Soy yo?, penso. ?Jeannie Ferrami, la mujer que hace lo que le da la gana y dice al mundo que se vaya a tomar viento? ?Necesito seguridad? ?Fuera de aqui!
Sin embargo, era cierto. Quiza la culpa la tuviera su padre. Despues de el, Jeannie nunca quiso tener en su vida otro hombre irresponsable. Por otra parte, su padre era la prueba viviente de que los hombres mayores podian ser tan irresponsables como los jovenes.
Supuso que su padre estaria durmiendo en hoteluchos baratos de Baltimore. Cuando se hubiese bebido y jugado el dinero que le pagaran por el ordenador y el televisor -cosa que no tardaria mucho en suceder-, robaria alguna otra cosa o se pondria a merced de su otra hija, Patty. Jeannie le odiaba por haberle robado sus cosas. Sin embargo, el incidente habia servido para sacar a la superficie lo mejor de Steve Logan. Habia sido un principe. Que diablos, penso, la proxima vez que vea a Steve Logan volvere a besarle, y en esa ocasion sera un beso de los buenos.
Se puso tensa y condujo el Mercedes a traves del atiborrado centro de Filadelfia. Aquel podia ser el gran paso adelante. Podia encontrar la solucion al rompecabezas de Steve y Dennis.
La Clinica Aventina estaba en la Ciudad Universitaria, al oeste del rio Schuylkill, un distrito de edificios academicos y apartamentos de estudiantes. La propia clinica era un agradable inmueble entre los cincuenta que habia en el recinto, rodeado de arboles. Jeannie estaciono el coche en un parquimetro de la calle y entro en el edificio.
Habia cuatro personas en la sala de espera: una pareja joven, formada por una mujer que parecia en tension y un hombre que era un manojo de nervios, y otras dos mujeres de aproximadamente la misma edad de Jeannie. Todos miraban revistas, sentados en un rectangulo de sofas. Una gorjeante recepcionista le indico que tomara asiento y Jeannie cogio un fastuoso folleto de la Genetico, S.A. Lo mantuvo abierto sobre el regazo, sin leerlo; en vez de ello se dedico a contemplar el sosegadamente insulso arte abstracto que decoraba las paredes del vestibulo y a taconear nerviosa sobre el alfombrado suelo.
Aborrecia los hospitales. Como paciente solo habia estado una vez en uno. A los veintitres anos tuvo un aborto. El padre era un aspirante a director de cine. Jeannie dejo de tomar la pildora porque se habian separado, pero el hombre volvio al cabo de unos dias, celebraron una reconciliacion amorosa, sin tomar las precauciones oportunas, y ella quedo embarazada. La operacion se llevo a cabo sin complicaciones, pero Jeannie se paso varios dias llorando y perdio todo el carino que le inspiraba el director cinematografico, aunque el estuvo a su lado, apoyandola, durante todo el proceso.
Acababa de realizar su primera pelicula en Hollywood, un filme de accion. Jeannie fue sola a ver la cinta al cine Charles de Baltimore. El unico toque de humanidad de la por otra parte maquinal historia de hombres que no paraban de dispararse unos a otros se daba cuando la novia del protagonista sufria un ataque de depresion, a raiz de un aborto, y echaba de su lado al heroe. Este, un detective de la policia, se quedaba perplejo y destrozado. Jeannie lloro. El recuerdo aun le hacia dano. Se puso en pie y empezo a pasear por la sala. Unos minutos despues, emergio un hombre del fondo del vestibulo y, en voz alta, llamo:
– ?Doctora Ferrami!
Era un individuo angustiosamente jovial, cincuenton, de calva coronilla y frailuno flequillo rojizo.
– ?Hola, encantado de conocerla! -aseguro con injustificado entusiasmo.
Jeannie le estrecho la mano.
– Anoche hable con el senor Ringwood.
– ?Si, si! Soy colega suyo, me llamo Dick Minsky. ?Como esta usted?
Dick tenia un tic nervioso que le hacia pestanear violentamente cada cuatro o cinco segundos; a Jeannie le dio lastima.
La condujo hacia una escalera.
– ?A que se debe su peticion de informes, si me permite la pregunta?
– Un misterio clinico -explico Jeannie-. Los hijos de las dos mujeres parecen ser gemelos identicos, y sin embargo todo indica que no tienen ningun parentesco. La unica relacion que he podido descubrir es que ambas mujeres fueron tratadas aqui antes de su embarazo.
– ?Ah, si? -articulo el hombre como si no la hubiese estado escuchando.
A Jeannie le sorprendio; esperaba que el individuo se sintiera intrigado.
Entraron en un despacho.
– Se puede acceder por ordenador a todos nuestros archivos, siempre que se disponga de la clave correspondiente -dijo Dick Minsky. Se sento ante una pantalla-. Los pacientes que le interesan, ?son?…
– Charlotte Pinker y Lorraine Logan.
– No nos llevara ni un minuto.
Procedio a teclear los nombres.
Jeannie contuvo su impaciencia. Era posible que aquellos archivos no le revelasen absolutamente nada. Echo un vistazo a la estancia. Era un despacho demasiado amplio y suntuoso para un simple archivero. Dick debia de ser algo mas que un simple «colega» del senor Ringwood, penso.
– ?Que funcion desempena usted aqui, en la clinica, Dick? -dijo.
– Soy el director general.
Jeannie enarco las cejas, pero el hombre no levanto la vista del teclado. ?Por que le atendia en su gestion una persona de las altas esferas? Al preguntarselo, una sensacion de inquietud caracoleo en su animo como una voluta de humo.
Dick Minsky fruncio el entrecejo.
– Que extrano. La computadora dice que no hay ningun historial que corresponda a los nombres que me ha dado.
La intranquilidad de Jeannie cobro cuerpo. Estan a punto de pegarmela, penso. La perspectiva de dar con la solucion al rompecabezas volvia a perderse en la lejania. Una oleada de desencanto se abatio sobre ella, hundiendola en una hondonada de depresion.
El hombre hizo girar la pantalla para que Jeannie pudiera verla.
– ?Ha deletreado los nombres correctamente?
– Si.
– ?Cuando cree que ingresaron esas pacientes en la clinica?
– Hace veintitres anos, aproximadamente.
Alzo la cabeza para mirarla.
