El propio Berrington habia aceptado soborno en una ocasion. Cada vez que pensaba en ello se le revolvian los intestinos. Ocurrio al principio de su carrera, antes de que alcanzase la condicion de profesor titular. A una estudiante la sorprendieron intentando un fraude: pagando a otra estudiante para que le preparase el ejercicio de final de trimestre. La transgresora se llamaba Judy Gilmore y era bonita de verdad. Habia que expulsarla de la universidad, pero el director del departamento tenia atribuciones para imponer un castigo menos drastico. Judy acudio al despacho de Berrington para «tratar del problema». La chica cruzo y descruzo las piernas, le miro a los ojos con cara de cordero a medio degollar y se inclino hacia delante para brindar a Berrington la oportunidad de echar una mirada al escote de la blusa y la transparencia del sosten de encaje. Berrington se mostro compasivo y prometio interceder por ella. La moza lloro y le dio las gracias; luego le cogio la mano, le beso en los labios y, como remate previo, le bajo la cremallera de la bragueta.

En ningun momento le propuso trato alguno. No le habia ofrecido sexo antes de que el accediese a ayudarla y, despues del revolcon por el suelo, la chica se vistio con toda la calma del mundo, se peino, le dio un beso y abandono el despacho. Pero al dia siguiente, Berrington convencio al director del departamento para que no aplicase a la estudiante mas castigo que una simple advertencia.

Berrington acepto el soborno porque no fue capaz de confesarse que fuese tal. Judy le habia pedido ayuda, el se la habia concedido, la chica quedo embelesada por sus encantos masculinos e hicieron el amor. Con el paso del tiempo, Berrington habia llegado a darse cuenta de que eso era puro sofisma. La oferta de sexo estuvo implicita desde el principio en el comportamiento de la joven, y cuando el prometio lo que se le pedia, Judy sello el trato sabiamente. A Berrington le gustaba pensar de si mismo que era hombre de principios, no habia hecho nada absolutamente vergonzoso.

Sobornar a alguien era casi tan infame como aceptar el soborno. Con todo, sobornaria a Budgen si podia. La idea le provoco una mueca de repugnancia, pero habia que hacerlo. Estaba desesperado.

Lo iba a llevar a cabo imitando el ejemplo de Judy: proporcionaria a Jack la oportunidad de enganarse a si mismo.

Berrington medito unos instantes mas y luego cogio el telefono y llamo a Jack.

– Gracias por enviarme una copia del memorandum sobre el anexo de biofisica de la biblioteca -dijo a guisa de saludo.

Una pausa sorprendida.

– Ah, si. Eso fue hace dias… pero me alegro de que encontrases tiempo para leerlo.

Berrington apenas habia echado un rapido vistazo al documento.

– Creo que tu propuesta tiene un merito enorme. Te llamo para decirte que puedes contar con mi respaldo cuando llegue el momento de presentarlo ante la junta de asignacion.

– Gracias. Te quedo muy reconocido.

– En realidad, es posible que consiga convencer a la Genetico para que ponga una parte de los fondos.

Jack se lanzo sobre la sugerencia sin vacilar.

– Podriamos llamar al anexo Biblioteca Genetico de Biofisica.

– Buena idea. Hablare con ellos sobre el particular. -Berrington deseaba que Jack sacase a colacion el tema de Jeannie. Tal vez pudiera llegar a ella por la via tenis. Pregunto-: ?Que tal el verano? ?Fuiste a Wimbledon?

– Este ano no. Demasiado trabajo.

– Mala suerte. -Con cierta inquietud, Berrington fingio disponerse a colgar-. Hablare contigo mas adelante.

Como habia supuesto, Jack le retuvo.

– Ejem… Berry, ?que opinas respecto a esa basura de la prensa? Acerca de Jeannie.

Berrington disimulo su alivio y hablo como quitando importancia al asunto.

– Oh, eso… una tempestad en un vaso de agua.

– He intentado ponerme en contacto con ella, pero no esta en su despacho.

– No te preocupes por la Genetico -dijo Berrington, aunque Jack no habia mencionado para nada a la empresa-. Estan tranquilos en lo que concierne a todo este asunto. Por suerte, Maurice Obell actuo rapida y decisivamente.

– ?Te refieres a la audiencia disciplinaria?

– Imagino que sera un mero formulismo. Esa chica esta poniendo a la universidad en una situacion desairada, se niega a interrumpir sus trabajos y ha ido a la prensa. Dudo que ella se moleste siquiera en defenderse. Ya he dicho a los de la Genetico que tenemos la situacion bajo control. En estos instantes nada amenaza las relaciones entre la universidad y ellos.

– Eso esta bien.

– Naturalmente, si, por algun motivo, la comision se pusiera de parte de Jeannie y contra Maurice, nos veriamos en dificultades. Pero no creo que eso sea muy probable… ?no te parece?

Berrington contuvo la respiracion.

– ?Sabes que soy el presidente de la comision?

Jack habia eludido la pregunta. «Maldito seas.»

– Si, y me complace mucho que al cargo del procedimiento haya, una cabeza fria como la tuya. -Aludio a la cabeza afeitada del profesor de filosofia-. Si Malcolm Barnet ocupara esa presidencia Dios sabe lo que podria suceder.

Jack se echo a reir.

– El consejo tiene mas sentido comun que todo eso. A Malcolm no lo pondrian siquiera al frente del comite de aparcamientos… trataria de sacar partido utilizandolo como instrumento de trueque social.

– Pero contigo empunando las riendas doy por sentado que la comision apoyara al presidente.

De nuevo, la respuesta de Jack fue torturadoramente ambigua.

– No todos los miembros de la comision son previsibles.

«Hijo de mala madre, ?lo dices para torturarme?»

– Pero la presidencia de la comision no es una pieza de artilleria sin punto de mira, de eso estoy seguro.

Berrington se seco una gota de sudor de la frente.

Hubo una pausa.

– Berry, seria un error por mi parte prejuzgar la decision…

«?Vete al infierno!»

– … pero creo que puedes decir a la Genetico que no tiene por que preocuparse.

«?Al fin!»

– Que quede esto estrictamente entre nosotros, claro.

– Desde luego.

– Entonces, te vere manana.

– Adios.

Berrington colgo. «?Jesus, lo que le habia costado!»

?De verdad no se dio cuenta Jack de que acababa de comprarle? ?Se habia enganado a si mismo? ?O lo comprendio todo a la perfeccion, pero simplemente fingio estar in albis?

Eso carecia de importancia, siempre que condujese a la comision por el derrotero adecuado.

Naturalmente, eso no podia ser el fin. El dictamen de la comision tenia que ratificarse en una sesion plenaria del consejo. En aquella instancia, puede que Jeannie hubiera contratado a un abogado brillante y presentado una querella contra la universidad reclamando toda clase de compensaciones. El caso podria alargarse anos y anos. Pero las investigaciones de Jeannie quedarian de momento en suspenso, y eso era lo que importaba.

No obstante, el fallo de la comision aun no estaba en el bote. Si al dia siguiente por la manana las cosas se torcian, era posible que Jeannie estuviese de nuevo en su despacho al mediodia, lanzada otra vez sobre la pista de los secretos culpables de la Genetico. Berrington se estremecio: Dios no lo permita. Se acerco un cuaderno de apuntes y escribio los nombres de los miembros de la comision.

Jack Budgen – Biblioteca

Tenniel Biddenham – Historia del arte

Milton Powers – Matematicas

Mark Trader – Antropologia

Jane Edelsborough – Fisica

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