Jeannie saco su cartera de la bolsa y extrajo el New York Times.

– Es debido a esto.

Lisa leyo el primer parrafo y comento:

– ?Pero esto es una sarta de chorradas!

Jeannie se sento.

– Ya lo se. Por eso me pregunto por que Berrington finge tomarselo en serio.

– ?Crees que lo finge?

– Estoy segura. Es demasiado inteligente para dejarse embaucar por esta clase de basura. Tiene otro proposito. -Jeannie tamborileo en el suelo con los pies, hundida en el desvalimiento producto de la frustracion-. Esta dispuesto a hacer cualquier cosa, lo que sea; realmente debe encontrarse en una situacion peligrosa… sin duda hay en juego algo importante para el.

Quiza deberia buscar la respuesta en los archivos medicos de la Clinica Aventina de Filadelfia. Consulto su reloj. Tenia que estar alli a las dos; era cuestion de ponerse en marcha cuanto antes.

Lisa aun no lograba asimilar la noticia.

– No pueden despedirte asi, sin mas -dijo, indignada.

– Manana por la manana habra una audiencia disciplinaria.

– Dios mio, van en serio.

– No te quepa la menor duda.

– ?Hay algo que yo pueda hacer?

Lo habia, pero Jeannie no se atrevia a pedirselo. Miro a Lisa como evaluandola. La ayudante de laboratorio llevaba una blusa de cuello alto, con un jersey holgado encima, a pesar del calor: se cubria todo el cuerpo, sin duda reaccionaba asi a la violacion. Su aire continuaba siendo solemne, como alguien recientemente ultrajado.

?Resultaria su amistad tan fragil como la de Ghita? La respuesta aterraba a Jeannie. Si Lisa la dejaba en la estacada, ?a quien podria recurrir? Pero tenia que ponerla a prueba, incluso aunque aquel fuera el peor momento posible.

– Podrias intentar colarte en mi despacho -dijo, vacilante-. Los resultados del FBI estan alli.

Lisa no respondio enseguida.

– ?Cambiaron la cerradura o algo por el estilo?

– Es mas sencillo que eso. Alteran el codigo electronicamente, de forma que la tarjeta de una queda inservible. Apuesto a que en adelante tambien me va a ser imposible entrar en el edificio despues de las horas laborables.

– Es duro aceptarlo; ha sucedido tan rapido…

A Jeannie no le hacia ninguna gracia apremiar a Lisa, coaccionarla para que se arriesgase. Se estrujo las neuronas en busca de alguna otra solucion.

– Tal vez pueda colarme yo misma. Alguien del personal de limpieza podria facilitarme la entrada, pero sospecho que la cerradura tampoco respondera a sus tarjetas. Si no utilizo la habitacion, no hay necesidad de limpiarla. Pero los de seguridad si que podran entrar.

– Esos no te ayudaran. Sabran ya que se te ha prohibido el paso.

– Eso es verdad -concedio Jeannie-. Aunque no creo que tengan inconveniente en dejarte pasar a ti. Podrias decir que necesitas algo de mi despacho.

Lisa parecia estar sopesando pros y contras.

– Odio tener que pedirtelo -se disculpo Jeannie.

La expresion de Lisa cambio.

– ?Si, que diablos! -exclamo por fin-. Claro que lo intentare.

A Jeannie se le formo un nudo en la garganta.

– Gracias -dijo. Se mordio el labio-. Eres una amiga.

Alargo el brazo por encima de la mesa y apreto la mano de Lisa.

Esta se sintio algo violenta por la emocion de Jeannie.

– ?En que parte de tu despacho esta la lista del FBI? -pregunto, yendo a lo practico.

– La informacion esta en un disquete con la etiqueta de COMPRAS.LIST. Lo puse en una caja de disquetes que guardo en el cajon de mi mesa.

– Entendido. -Lisa fruncio el entrecejo-. No consigo entender por que estan contra ti.

– Todo empezo con Steve Logan -explico Jeannie-. Cuando Berrington lo vio aqui llegaron los problemas. Pero creo que estoy en el buen camino hacia la explicacion del motivo.

Se puso en pie.

– ?Que vas a hacer ahora?

– Voy a ir a Filadelfia.

32

Berrington miraba por la ventana de su oficina. Aquella manana nadie utilizaba la pista de tenis. Con la imaginacion, Berrington se represento a Jeannie alli. El primero o segundo dia del semestre la habia visto cruzar la pista a toda velocidad de un lado a otro, agitando el breve vuelo de su faldita corta y moviendo agilmente sus piernas bronceadas, centelleantes las blancas zapatillas… Le habia robado el corazon. Enarco ahora las cejas y se pregunto porque se habia sentido tan fulminantemente cautivado por la figura y las cualidades atleticas de la muchacha. Ver a las mujeres practicar deporte no constituia para el ningun incentivo especial. Nunca hojeaba siquiera American Gladiator, a diferencia del profesor Gormley, de egiptologia, quien, si habia que hacer caso a los rumores, no se perdia ninguna de sus videocintas y releia los ejemplares, entrada la noche, a solas, en el estudio de su casa. Pero cuando Jeannie jugaba al tenis irradiaba una gracia singular. Era como contemplar a un leon cuando, en una pelicula sobre la naturaleza, salia disparado a toda velocidad; los musculos ondulaban vibrantes bajo la piel, los cabellos se agitaban al viento y el cuerpo se movia, se detenia, daba media vuelta, entraba de nuevo en accion con brusquedad repentina, asombrosa, sobrenatural. Era un espectaculo que hipnotizaba y, al contemplarlo, Berrington se sentia hechizado. Y ahora Jeannie amenazaba el fruto por el que el habia trabajado toda la vida, y, sin embargo, deseaba poder verla jugar al tenis una vez mas.

Resultaba enloquecedor que no pudiera despedirla por las buenas, incluso aunque esencialmente era el quien le pagaba el sueldo. La Universidad Jones Falls era el patron que la empleaba y la Genetico ya les habia adelantado el dinero. Un centro universitario no puede despedir a un profesor como un restaurante puede hacer con un camarero incompetente. Esa era la razon por la que no tuvo mas remedio que pasar por todo aquel lio.

– Al diablo con ella -dijo en voz alta, y volvio hacia su mesa. La reunion de por la manana habia ido sobre ruedas hasta que surgio la revelacion acerca de Jack Budgen. Berrington se las habia ingeniado previamente para poner a Maurice a tono y sacarlo de quicio, y luego consiguio evitar limpiamente todo acercamiento. Pero no dejaba de ser una mala noticia la de que el presidente de la comision de disciplina seria el companero de tenis de Jeannie. A Berrington se le paso comprobar aquello por anticipado; dio por supuesto que podria ejercer alguna influencia sobre la eleccion y le dejo consternado enterarse de que el nombramiento ya estaba hecho.

Existia el grave peligro de que Jack considerase la historia desde el punto de vista de Jeannie.

Se rasco la cabeza, preocupado. Berrington nunca habia alternado socialmente con sus colegas academicos: preferia para el la mas sugestiva compania de politicos y miembros de los medios de comunicacion. Pero conocia el historial de Jack Budgen. Jack se habia retirado del tenis profesional a los treinta anos y volvio a la universidad para sacar un doctorado. Demasiado viejo para iniciar quimicas, la carrera que deseaba, acabo convirtiendose en administrador. Llevar el complejo de bibliotecas de la universidad y equilibrar las conflictivas exigencias de los departamentos rivales requeria una naturaleza diplomatica y servicial, y Jack se las arreglaba muy bien.

?Como se podia convencer a Jack? No era hombre tortuoso; mas bien todo lo contrario: su caracter sencillo, tendente a la manga ancha, no estaba exento de ingenuidad. Se ofenderia si Berrington le abordara y, de manera abierta o evidente, le ofreciese alguna clase de soborno. Pero puede que fuese factible influir en el obrando de modo discreto.

Вы читаете El tercer gemelo
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату