– ?Yo estaba envasando ciruelas! -repetia, como si fuera el aspecto mas ultrajante del lance.
– Todo ha terminado -respondia el cada vez, y Carol-Ann asentia con la cabeza vigorosamente, pero Eddie se daba cuenta de que aun no lo creia.
Por fin, ella le miro y pregunto:
– ?Cuando volveras a volar?
Entonces, Eddie comprendio. Estaba asustada de quedarse sola otra vez. Experimento un gran alivio; no iba a costarle nada tranquilizarla.
– No volvere a volar. Voy a retirarme ya. En caso contrario, tendrian que despedirme. No pueden emplear a un mecanico que hizo aterrizar un avion de forma deliberada.
El capitan Baker escucho parte de la conversacion y le interrumpio.
– Eddie, debo decirle algo. Comprendo lo que hizo. Le pusieron en una tesitura imposible y se enfrento a ella como mejor pudo. Mas aun: no conozco a otro hombre que la hubiera manejado tan bien. Fue valiente y listo, y me siento orgulloso de volar con usted.
– Gracias, senor -dijo Eddie, con un nudo en la garganta-. No se explicarle cuanto se lo agradezco. -Vio por el rabillo del ojo a Percy Oxenford, que estaba sentado solo, con aspecto de seguir conmocionado-. Senor, creo que deberiamos dar las gracias al joven Percy. ?Su intervencion fue fundamental!
Percy le oyo y levanto la vista.
– Bien pensado -respondio el capitan. Palmeo el hombro de Eddie y fue a estrechar la mano del muchacho-. Eres un hombre muy valiente, Percy.
Percy se animo al instante.
– ?Gracias!
El capitan se sento a charlar con el.
– Si no sigues volando, ?que vamos a hacer? -pregunto Carol-Ann a Eddie.
– Iniciare el negocio del que hemos hablado.
Vio la esperanza reflejada en su cara, pero aun no le creia del todo.
– ?Podremos?
– He ahorrado suficiente dinero para comprar el aerodromo, y pedire prestado el que haga falta para empezar.
El optimismo de Carol-Ann aumentaba a cada segundo.
– ?Podriamos dirigirlo juntos? -pregunto-. Yo me encargare de los libros y contestare al telefono, mientras tu te encargas de las reparaciones y de reabastecer de combustible a los aviones.
Eddie sonrio y asintio con la cabeza.
– Claro, al menos hasta que llegue el nino.
– Como una tienda familiar.
Eddie cogio su mano, y esta vez ella no la retiro, sino que apreto la de su marido.
– Una tienda familiar -repitio Eddie, y ella sonrio por fin.
Nancy estaba abrazando a Mervyn cuando Diana palmeo el hombro de este.
Nancy estaba loca de alegria y alivio, abrumada por el placer de seguir con vida y en compania del hombre al que amaba. Ahora, se pregunto si Diana iba a proyectar una nube sobre este momento. Diana habia dejado a Mervyn de forma vacilante, y habia dado muestras de arrepentirse de vez en cuando. Mervyn habia demostrado que aun se preocupaba por ella, negociando con los gangsteres para salvarla. ?Iba a rogarle ella que la acogiera de nuevo a su lado?
Mervyn se volvio y dirigio a su esposa una mirada cautelosa.
– ?Y bien, Diana?
Las lagrimas cubrian su rostro, pero su expresion era decidida.
– ?Quieres darme la mano?
Nancy no estaba segura de lo que eso significaba, y el comportamiento precavido de Mervyn le dio a entender que el tampoco lo tenia claro. Sin embargo, Mervyn le ofrecio la mano.
– Por supuesto.
Diana retuvo la mano de Mervyn entre las suyas. Derramo mas lagrimas, y Nancy creyo que iba a decir: «Intentemoslo otra vez», pero no fue asi.
– Buena suerte, Mervyn. Te deseo mucha felicidad.
– Gracias, Di -contesto Mervyn, solemne-. Te deseo lo mismo.
Entonces, Nancy comprendio: se estaban perdonando el dano mutuo que se habian infligido. Iban a separarse, pero como amigos.
– ?Quieres darme la mano? -pregunto Nancy a Diana, obedeciendo a un subito impulso.
La otra mujer solo vacilo una fraccion de segundo.
– Si -dijo. Se estrecharon la mano-. Te deseo lo mejor.
– Y yo a ti.
Diana se volvio sin decir nada mas y camino hacia su compartimento.
– ?Y nosotros? -pregunto Mervyn-. ?Que vamos a hacer?
Nancy se dio cuenta de que aun no habia tenido tiempo de contarle sus planes.
– Voy a ser la directora para Europa de Nat Ridgeway. Mervyn se quedo sorprendido.
– ?Cuando te ha ofrecido el empleo?
– Todavia no lo ha hecho…, pero lo hara -dijo Nancy, y lanzo una alegre carcajada.
Capto el sonido de un motor. No eran los poderosos motores del clipper, sino uno pequeno. Miro por la ventana, preguntandose si la Marina habria llegado.
Ante sus sorpresa, vio que alguien habia desamarrado la lancha motora de los gangsteres y se alejaba del
?Quien la conducia?
Margaret abrio la valvula de estrangulacion por completo y la lancha se alejo del clipper.
El viento le aparto el pelo de la cara. La joven lanzo un grito de jubilo.
– ?Libre! ?Soy libre!
Harry y ella habian tenido la idea al mismo tiempo. Estaban de pie en el pasillo del
Pasajeros y tripulantes estaban demasiado ocupados felicitandose mutuamente para fijarse en que Harry y Margaret se deslizaban en el compartimento de proa y subian a la lancha. El motor estaba en marcha. Harry habia desatado las cuerdas mientras Margaret examinaba los controles, iguales a los de la barca que su padre tenia en Niza, y al cabo de unos segundos ya estaban lejos.
No creia que les persiguieran. El guardacostas de la Marina que habia acudido a la llamada del mecanico habia partido a la caza del submarino, y no iba a mostrar el menor interes por un hombre que habia robado un par de gemelos en Londres. Cuando la policia llegara, investigaria asesinato, secuestro y pirateria. Pasaria mucho tiempo antes de que se preocuparan por Harry.
Harry rebusco en un cajon y encontro algunos mapas, que estudio durante un rato.
– Hay montones de mapas de las aguas que rodean una bahia llamada Blacks Harbour, que esta situada a la derecha de la frontera entre Estados Unidos y Canada. Creo que estamos cerca. Deberiamos dirigirnos hacia el lado canadiense.
Poco rato despues, anadio:
– Hay una ciudad grande a unos cien kilometros al norte llamada St. John. Tiene estacion de tren. ?Vamos hacia el norte?
Margaret comprobo la brujula.
– Si, mas o menos.
– No se nada de navegacion, pero creo que no nos perderemos si seguimos la costa. Deberiamos llegar al anochecer. Ella sonrio.
Harry dejo los mapas y se acerco a ella, mirandola con fijeza.
– ?Que pasa? -pregunto Margaret.
