En los ultimos anos, su programa se habia reducido a una idea obsesiva: Inglaterra y Alemania debian unirse contra la Union Sovietica. Lo habia defendido en articulos de revistas y cartas a los periodicos, y en las cada vez menos frecuentes ocasiones en que era invitado a hablar en actos politicos y conferencias universitarias. Se aferro a la idea con ahinco, si bien los acontecimientos que sacudian Europa ponian de manifiesto dia tras dia lo absurdo de su politica. Sus esperanzas quedaron reducidas a cenizas con la declaracion de guerra entre Inglaterra y Alemania. Margaret descubrio en su corazon una pizca de piedad por el, junto con las demas emociones tumultuosas.
– ?Inglaterra y Alemania se borraran mutuamente del mapa y permitiran que Europa sea dominada por el comunismo ateo! -dijo.
La referencia al ateismo recordo a Margaret que la habian obligado a ir a la iglesia.
– No me importa, yo soy atea -replico.
– Es imposible, querida, eres de la iglesia anglicana -dijo mama.
Margaret no pudo reprimir una carcajada.
– ?Como te atreves a reir? -pregunto Elizabeht, que estaba al borde del llanto-. ?Es una tragedia!
Elizabeth era una gran admiradora de los nazis. Hablaba aleman (lo hablaban las dos, de hecho, gracias a una institutriz alemana que habia durado mas que la mayoria), habia ido a Berlin varias veces y cenado en dos ocasiones con el propio Fuhrer. Margaret sospechaba que los nazis eran unos presuntuosos que se complacian en la aprobacion de la aristocracia inglesa.
– Ya es hora de que nos enfrentemos a esos criminales -dijo Margaret, volviendose hacia Elizabeth.
– No son criminales -repuso Elizabeth, indignada-. Son orgullosos, fuertes, arios de pura cepa, y es una tragedia que nuestro pais les haya declarado la guerra. Papa tiene razon: la raza blanca se autoinmolara y el mundo quedara en manos de los mestizos y los judios.
Estas tonterias acababan con la paciencia de Margaret.
– ?No tiene nada de malo ser judio! -contesto con vehemencia.
Papa levanto un dedo en el aire.
– No tiene nada de malo ser judio… en el lugar adecuado.
– Lo que significa bajo el tacon de la bota en tu…, tu sistema fascista.
Habia estado a punto de decir «en tu asqueroso sistema», pero se asusto de repente y reprimio el insulto. Era peligroso irritar en exceso a papa.
– ?Y en tu sistema bolchevique son los judios quienes cortan el bacalao! -dijo Elizabeth.
– Yo no soy bolchevique, soy socialista.
– Es imposible, querida -intervino Percy, imitando el acento de mama-, eres de la iglesia anglicana.
Margaret rio, pese a todo; sus carcajadas volvieron a enfurecer a su hermana.
– Lo unico que quieres es destruir cuanto es bello y puro, para reirte despues -dijo Elizabeth con amargura.
Apenas era una respuesta, pero no impidio que Margaret insistiera en sus trece.
– Bien, en cualquier caso, estoy de acuerdo contigo en lo referente a Neville Chamberlain -dijo, dirigiendose a su padre-. Ha empeorado mucho mas nuestra posicion militar permitiendo que los fascistas se apoderasen de Espana. Ahora, el enemigo nos acecha por el este y por el oeste.
– Chamberlain no permitio que los fascistas se apoderasen de Espana -la corrigio papa. Inglaterra firmo un acuerdo de no intervencion con Alemania, Italia y Francia. Lo unico que hicimos fue cumplir nuestra palabra.
Era una hipocresia absoluta, y el tambien lo sabia. Margaret enrojecio de indignacion.
– ?Cumplimos nuestra palabra mientras los italianos y los alemanes quebrantaban la suya! -protesto-. Los fascistas consiguieron canones y los democratas nada…, excepto heroes.
Se produjo un momento de embarazoso silencio.
– Lamento mucho que Ian muriera, querida -dijo mama-, pero era una mala influencia para ti.
De pronto, Margaret tuvo ganas de llorar.
Ian Rochdale era lo mejor que le habia ocurrido en su vida, y el dolor de su muerte todavia la dejaba sin aliento.
Margaret habia bailado durante anos en los bailes de caceria con frivolos jovenes de la clase terrateniente, chicos con solo un par de ideas en la cabeza: beber y cazar. Casi habia desesperado de encontrar un chico de su edad que la interesara. Ian habia irrumpido en su vida como la luz de la razon; desde su muerte, ella vivia en la oscuridad.
Ian cursaba su ultimo ano en Oxford. A Margaret le hubiera encantado ir a la universidad, pero era imposible: jamas habia ido a la escuela. Sin embargo, leia muchisimo (!no habia otra cosa que hacer!) y ansiaba con todas sus fuerzas encontrar alguien parecido a ella, a quien le gustara hablar sobre las ideas. El era el unico hombre que le explicaba cosas sin aires de superioridad. Ian era la persona mas lucida que habia conocido. Su paciencia durante las discusiones era infinita, y carecia de vanidad intelectual; nunca fingia comprender algo si no era asi. Ella le adoro desde el primer momento.
Paso mucho tiempo antes de que ella pensara en el amor, pero Ian se le declaro un dia, con torpeza y enorme turbacion, esforzandose por primera vez en elegir las palabras adecuadas.
– Creo que me he enamorado de ti -dijo-. ?Va a resentirse nuestra relacion?
Y entonces ella comprendio, llena de alegria, que tambien le amaba.
Ian cambio su vida. Era como si se hubiera trasladado a otro pais, en el que todo era diferente: el paisaje, el clima, la gente, la comida. Todo le gustaba. Las coacciones y molestias de vivir con sus padres se hicieron mas llevaderas.
Incluso cuando Ian se enrolo en las Brigadas Internacionales y fue a Espana para luchar en defensa del gobierno progresista electo contra los fascistas rebeldes, continuo iluminando su vida. Estaba orgullosa de el, porque poseia la valentia de sus convicciones, y estaba dispuesto a arriesgar su vida por la causa en la que creia. A veces, recibia una carta de el. En una ocasion, le envio un poema. Despues, llego la nota que anunciaba su muerte, destrozado por una granada. Margaret experimento la sensacion de que su vida habia terminado.
– Una mala influencia -repitio con amargura-. Si. Me enseno a poner en duda los dogmas, a no creer en las mentiras, a odiar la ignorancia y a despreciar la hipocresia. Como resultado, encajo mal en la sociedad civilizada.
Papa, mama y Elizabeth se pusieron a hablar a la vez, y luego se callaron, porque no habia forma de que ninguno fuera escuchado. Percy aprovecho el repentino silencio para hablar.
– Hablando de judios -dijo-, encontre en el sotano una fotografia muy curiosa, en una de aquellas maletas viejas de Stamford (Connecticut) era el lugar donde habia vivido la familia de mama. Percy saco del bolsillo de la camisa una foto arrugada y virada a sepia-. Tuve una bisabuela llamada Ruth Glencarry, ?verdad?
– Si contesto mama-. Era la madre de mi madre. ?Por que, querido? ?Que has descubierto?
Percy entrego la fotografia a papa y todos se congregaron a su alrededor para verla. Mostraba una escena callejera de una ciudad norteamericana, seguramente Nueva York, unos setenta anos antes. En primer plano aparecia un judio de unos treinta anos, de negra barba, vestido con toscas ropas de obrero y un sombrero. Se erguia junto a una carretilla de mano que llevaba una rueda de afilar. Una inscripcion en el carrito rezaba «Reuben Fishbein, Afilador». Una nina de unos diez anos, ataviada con un vestido de algodon andrajoso y botas pesadas estaba de pie al lado del hombre.
– ?Que significa esto, Percy? -pregunto papa-. ?Quienes son estos desgraciados?
– Mira el dorso -le dijo Percy.
Papa volvio la fotografia. En el reverso estaba escrito: «Ruthie Glencarry, nacida Fishbein, a la edad de 10 anos». Margaret miro a papa. Estaba horrorizado.
– Es muy peculiar que el abuelo de mama se casara con la hija de un afilador ambulante judio, pero dicen que Norteamerica es asi -dijo Percy.
– ?Es imposible! -dijo papa, pero su voz temblaba, y Margaret adivino que, en el fondo, lo consideraba muy posible.
– Como la condicion de judio -prosiguio Percy, en tono despreocupado-, se trasmite por via femenina, y como la madre de mi madre era judia, eso me convierte en judio.
Papa habia palidecido como un muerto. Mama parecia perpleja, y fruncia levemente el entrecejo.
– Confio en que los alemanes no ganen esta guerra -dijo Percy-. No me dejaran ir al cine, y mama tendra que
