– ?Casi hemos llegado! -exclamo, saltando de la cama-. He de vestirme.

– Deja que salga yo primero. Sera mas conveniente para ti.

– De acuerdo.

Ya no estaba segura de si le quedaba alguna reputacion que proteger, pero no queria expresarlo. Le miro mientras descolgaba su traje y cogia la bolsa de papel que contenia la ropa nueva que habia comprado en Foynes, ademas del camison: una camisa blanca, calcetines negros de lana y ropa interior gris de algodon. Vacilo en la puerta, y ella adivino que se estaba preguntando si podia besarla de nuevo. Se acerco a el y alzo la cara.

– Gracias por cobijarme en tus brazos toda la noche -dijo.

El se inclino y la beso. Fue un beso suave, apoyando sus labios cerrados sobre los de ella. Permanecieron asi unos momentos, y despues se separaron.

Nancy abrio la puerta y Mervyn salio.

Suspiro cuando cerro la puerta a su espalda. Creo que podria enamorarme de el, penso.

Se pregunto si volveria a ver aquel camison.

Miro por la ventana. El avion perdia altura poco a poco. Tenia que apresurarse.

Se peino rapidamente ante el tocador, cogio su maletin y fue al lavabo de senoras, que estaba al lado de la suite matrimonial. Lulu Bell y otra mujer estaban alli, pero la esposa de Mervyn no, por suerte. Le habria gustado banarse, pero se conformo con lavarse la cara en el lavabo. Se puso ropa interior y una blusa azul marino limpias bajo el traje rojo. Mientras se vestia, recordo la conversacion matutina con Mervyn. Pensar en el la hizo feliz, pero cierta inquietud subsistia bajo la felicidad. ?Por que? En cuanto se hizo la pregunta, la respuesta se abrio paso sin dificultad. Mervyn no habia hablado de su mujer. Por la noche habia confesado que estaba «confuso». Desde entonces, silencio. ?Queria que Diana regresara? ?Aun la amaba? Habia dormido abrazado a Nancy toda la noche, pero eso no borraba de un plumazo un matrimonio.

?Que quiero yo?, se pregunto. Me encantaria volver a ver a Mervyn, desde luego, incluso mantener relaciones con el, pero ?quiero que rompa su matrimonio por mi? ?Como voy a saberlo, despues de una noche de pasion no consumada?

Se quedo inmovil mientras se aplicaba lapiz de labios y miro su cara en el espejo. Corta, Nancy, se dijo. Ya sabes la verdad. Quieres a este hombre. Es el primero del que te enamoras en diez anos. Ya tienes cuarenta y un dia y acabas de conocer al Hombre Perfecto. Deja de hacer ninerias y empieza a seducirle.

Se puso perfume Pink Clover y salio del lavabo. Cuando salio vio a Nat Ridgeway y a su hermano Peter, cuyos asientos se hallaban situados junto al lavabo de senoras.

– Buenos dias, Nancy -saludo Nat.

Nancy recordo al instante lo que habia sentido por este hombre cinco anos antes. Si, penso, con el tiempo me habria enamorado de el, pero no hubo tiempo. Y tal vez tuve suerte; tal vez el deseaba mas a «Black’s Boots» que a mi. Al fin y al cabo, todavia intenta apoderarse de la empresa, pero no de mi. Le saludo con un cortes movimiento de cabeza y entro en su suite.

Habian desmontado las literas, transformandolas otra vez en una otomana. Mervyn estaba sentado, afeitado y vestido con su traje gris y la camisa blanca.

– Mira por la ventana -dijo-. Casi hemos llegado.

Nancy miro y vio tierra. Volaban a escasa altura sobre un espeso bosque de pinos, atravesado por rios plateados. Mientras miraba, los arboles dieron paso al agua, no a las aguas profundas y oscuras del Atlantico, sino a un sereno estuario gris. Al otro lado se veia un puerto y un punado de edificios de madera, coronados por una iglesia.

El avion descendio con gran rapidez. Nancy y Mervyn se quedaron sentados con los cinturones abrochados, cogidos de la mano. Nancy casi no noto el impacto cuando el casco hendio la superficie del rio, y no estuvo segura de que habian amarado hasta unos instantes despues, cuando la espuma cubrio la ventana.

– Bueno -dijo ella-, ya he cruzado el Atlantico.

– Si. Muy pocos pueden decir lo mismo.

Nancy no se sentia muy animada. Se habia pasado la mitad del viaje preocupada por su negocio, la otra mitad cogiendo la mano del marido de otra. Solo habia pensado en el vuelo cuando el tiempo empeoro y se asusto. ?Que les diria a los chicos? Querrian saber todos los detalles. Ni siquiera sabia a que velocidad volaba el avion. Resolvio averiguar ese tipo de cosas antes que llegaran a Nueva York.

Cuando el avion se detuvo, una lancha se acerco. Nancy se puso la chaquetilla, y Mervyn su chaqueta de cuero. La mitad de pasajeros habian decidido salir a estirar las piernas. Los demas seguian acostados, encerrados tras las cortinas azules de sus literas.

Atravesaron el salon principal, caminaron sobre el hidroestabilizador y abordaron la lancha. El aire olia a mar y a madera nueva; habria una serreria en las cercanias. Cerca del malecon del clipper se habia parado una barcaza que llevaba escrito en un lado Servicio Aereo Shell. Hombres cubiertos con monos blancos procedian a llenar los depositos del avion. En el puerto tambien habia dos enormes cargueros. Las aguas debian ser profundas.

La mujer de Mervyn y su amante se hallaban entre los que habian decidido ir a tierra. Diana miro a Nancy cuando la lancha se dirigio hacia la orilla. Nancy se sintio incomoda y evito mirarla a la cara, aunque era mucho menos culpable que Diana; al fin y al cabo, Diana habia cometido adulterio.

Llegaron a tierra gracias a un muelle flotante, una pasarela y un desembarcadero. A pesar de la hora temprana, se habia congregado una pequena multitud de curiosos. Al final del desembarcadero estaban los edificios de la Pan American, uno grande y dos pequenos, hechos de madera pintada de verde, con adornos de un tono pardo-rojizo. Junto a los edificios se extendia un campo, donde pastaban algunas vacas.

Los pasajeros entraron en el edificio grande y ensenaron su pasaporte a un dormido empleado. Nancy observo que los habitantes de Terranova hablaban de prisa, con un acento mas canadiense que irlandes. Habia una sala de espera, pero no sedujo a nadie, y todos los pasajeros decidieron explorar el pueblo.

Nancy estaba impaciente por hablar con Patrick MacBride. Iba a pedir un telefono cuando la llamaron por los altavoces del edificio. Se identifico a un joven ataviado con el uniforme de la Pan American.

– La llaman por telefono, senora.

El corazon le dio un vuelco.

– ?Donde esta el telefono? -pregunto, mirando a su alrededor.

– En la oficina de telegrafos de la calle Wireless. Esta a un kilometro de distancia.

?Un kilometro de distancia! Apenas podia contener su impaciencia.

– ?Demonos prisa, antes de que la comunicacion se corte! ?Tiene un coche?

El empleado la miro tan sorprendido como si le hubiera pedido una nave espacial.

– No, senora.

– Pues iremos a pie. Enseneme el camino.

Nancy y Mervyn salieron del edificio, precedidos por el mensajero. Subieron una colina y siguieron una carretera de tierra sin cunetas. Ovejas sueltas pastaban por los bordes. Nancy dio gracias por sus comodos zapatos…, fabricados por «Black’s», evidentemente. ?Seguiria siendo suya la empresa manana por la noche? Patrick MacBride estaba a punto de decirselo. La espera era insoportable.

Al cabo de unos diez minutos llegaron a otro edificio de madera pequeno y entraron. Invitaron a Nancy a tomar asiento en una silla, frente al telefono. Se sento y descolgo el aparato con mano temblorosa.

– Nancy Lenehan al habla.

– Llamada desde Boston -dijo la operadora.

Se produjo una larga pausa.

– ?Nancy? ?Eres tu? -oyo por fin.

Al contrario de lo que esperaba, no era Mac, y tardo un momento en reconocer la voz.

– ?Danny Riley! -exclamo.

– ?Nancy, tengo problemas y has de ayudarme!

Nancy apreto el telefono con mas fuerza. Parecia que su plan habia funcionado. Procuro que su voz sonara serena, casi aburrida, como si la llamada la molestara.

– ?Que clase de problemas, Danny?

– ?Me han llamado por aquel viejo caso!

?Estupenda noticia! Mac habia asustado a Danny. El panico se aparentaba en su voz. Eso era lo que ella queria, pero fingio no saber de que hablaba.

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