caso.

– ?Tu mujer aun esta enfadada contigo? -pregunto, por decir algo.

– Como un gato con un raton -respondio Mervyn.

Nancy sonrio al recordar la escena que habia encontrado en la suite cuando volvio a cambiarse: la mujer de Mervyn chillaba a su marido, y el amante la chillaba a ella, mientras Nancy observaba desde la puerta. Diana y Mark se habian callado al instante y abandonado la habitacion, con aspecto avergonzado, para continuar su trifulca en otra parte. Nancy se habia abstenido de hacer comentarios porque no queria que Mervyn pensara que se reia de su situacion. Sin embargo, no tuvo reparos en formularle preguntas personales: las circunstancias habian forzado la intimidad entre ellos.

– ?Volvera contigo?

– No lo se. Ese tipo que va con ella… Creo que es un lechuguino, pero tal vez sea eso lo que ella desee.

Nancy asintio con la cabeza. Los dos hombres, Mark y Mervyn, no podian ser mas diferentes. Mervyn era alto y dominante, moreno, bien parecido y rudo. Mark era mucho mas blando, de ojos color avellana y pecoso, con una expresion ironica permanente en su cara redonda.

– No me gustan los hombres de aspecto juvenil, pero a su manera es atractivo -dijo.

En realidad, estaba pensando: si Mervyn fuera mi marido, no lo cambiaria por Mark, pero sobre gustos no hay nada escrito.

– Si. Al principio, pense que Diana se estaba portando como una idiota, pero ahora que le he conocido no estoy tan seguro. -Mervyn se quedo pensativo unos instantes, y despues cambio de tema-. ?Y tu? ?Vas a presentar batalla a tu hermano?

– Creo que he descubierto su punto debil -dijo Nancy con sombria satisfaccion, pensando en Danny Riley-. Estoy en ello.

Mervyn sonrio.

– Cuando miras de esa forma, creo que prefiero tenerte por amiga antes que por enemiga.

– Es por mi padre. Yo le queria con locura, y la empresa es lo unico que me queda de el. Es como un monumento en su memoria, y aun mas, porque lleva la impronta de su personalidad hasta en el menor detalle.

– ?Como era?

– Uno de esos hombres al que nadie olvida jamas. Era alto, de cabello negro y voz potente, y sabias en cuanto le veias que era un hombre energico. Sabia el nombre de todos sus empleados, si sus esposas enfermaban y si sus hijos salian adelante en el colegio. Pago la educacion de incontables hijos de obreros, que ahora son abogados o contables; sabia ganarse la lealtad de la gente. En ese sentido era anticuado…, paternalista. Tenia el mejor cerebro para los negocios que he conocido. En plena Depresion, cuando las fabricas cerraban a lo largo y ancho de Nueva Inglaterra, seguiamos contratando trabajadores, porque nuestras ventas subian. Comprendio el poder de la publicidad antes que ningun fabricante de zapatos, y lo utilizo con brillantez. Le interesaba la psicologia, como motivar a la gente. Tenia la habilidad de arrojar luz sobre cualquier problema que le presentaras. Le echo de menos cada dia. Le echo de menos casi tanto como a mi marido. -De repente, la ira se apodero de ella-. Y no me quedare cruzada de brazos, viendo a mi inutil hermano destruir el trabajo de toda su vida. -Se removio inquieta en el asiento al recordar sus angustias-. Estoy intentando presionar a un accionista, pero no sabre si he tenido exito hasta…

No termino la frase. El avion fue atrapado por la turbulencia mas violenta hasta el momento y se sacudio como un caballo salvaje. Nancy dejo caer la copa y se aferro al tocador con ambas manos. Mervyn intento sujetarse con los pies, pero no pudo, y cayo al suelo cuando el avion se inclino a un lado, golpeandose contra la mesita de cafe.

El avion se estabilizo. Nancy extendio la mano para ayudar a Mervyn.

– ?Estas bien? -pregunto.

Entonces, el avion oscilo de nuevo. Nancy resbalo, perdio el apoyo y se desplomo sobre Mervyn.

Al cabo de un momento, Mervyn lanzo una carcajada.

Nancy tenia miedo de que se hubiera hecho dano, pero ella pesaba poco y el era muy grande. Estaba tendida sobre el, y los dos dibujaban una X en la alfombra color terracota. El avion se enderezo. Nancy se irguio y le miro. ?Estaba histerico, o solo divertido?

– Debemos parecer un par de tontos -dijo Mervyn, y volvio a reir.

Su risa era contagiosa. Por un momento, Nancy olvido las tensiones acumuladas de las ultimas veinticuatro horas: la traicion de su hermano, el amago de colision con el avion de Mervyn, su embarazosa situacion en la suite matrimonial, la desagradable discusion acerca de los judios en el comedor, su estupor ante la colera de la esposa de Mervyn, el miedo a la tormenta. De pronto se dio cuenta de que habia algo muy comico en estar sentada en el suelo, vestida con ropa de cama, en compania de un extrano, mientras el avion se agitaba salvajemente. Ella tambien se puso a reir.

El siguiente bandazo del avion les arrojo a uno en brazos del otro. Se encontro presa entre los brazos de Mervyn, sin dejar de reir. Se miraron.

De repente, ella le beso.

Su sorpresa fue mayuscula. Jamas habia cruzado por su cabeza la idea de besarle. Ni siquiera estaba segura de si le gustaba. Se le antojo un impulso insolito.

El se quedo estupefacto, pero lo supero enseguida y le devolvio el beso con entusiasmo. No vacilo ni un momento; se inflamo en un abrir y cerrar de ojos.

Al cabo de unos instantes, ella le aparto, jadeando.

– ?Que ha pasado? -fue su estupida pregunta.

– Me has besado -replico el, con aspecto complacido.

– No era mi intencion.

– Me alegro de que lo hicieras, de todos modos -dijo Mervyn, y volvio a besarla.

Ella queria rechazarle, pero Mervyn la abrazaba con mucha fuerza y la voluntad de ella flaqueo. Noto que el deslizaba la mano por debajo de su bata, y se puso rigida, por temor a que sus pechos pequenos le decepcionaran. Su gran mano se cerro sobre su pecho redondo y diminuto, y Mervyn emitio un sonido gutural. Las yemas de sus dedos buscaron el pezon, y Nancy volvio a sentir preocupacion: sus pezones eran enormes, pues habia dado de mamar a sus hijos. Pechos pequenos y pezones grandes. Se consideraba peculiar, casi deforme, pero Mervyn no demostro desagrado, sino todo lo contrario. La acaricio con sorprente suavidad, y ella se abandono a las deliciosas sensaciones. Habia pasado mucho tiempo desde la ultima vez.

?Que estoy haciendo?, penso de subito. Soy una viuda respetable, y estoy revolcandome por el suelo de un avion con un hombre al que conoci ayer. ?Que me ha pasado?

– ?Basta! -exclamo en tono perentorio. Se aparto, reincorporandose. El salto de cama dejaba al descubierto sus rodillas. Mervyn acaricio su muslo desnudo-. Basta -repitio, apartandole la mano.

– Como quieras -dijo Mervyn, muy a reganadientes-, pero si cambias de opinion, estare preparado.

Nancy echo un vistazo al bulto que su ereccion formaba en el camison. Desvio la vista al instante.

– Ha sido culpa mia -dijo, aun jadeante por los besos-, pero fue una equivocacion. Se que estoy actuando como una calientabraguetas. Perdona.

– No te disculpes. Es lo mas agradable que me ha pasado en muchos anos.

– Pero quieres a tu mujer, ?verdad? -le espeto ella. Mervyn se encogio.

– Eso pensaba. Ahora estoy un poco confuso, si quieres que te diga la verdad.

Asi se sentia Nancy exactamente: confusa. Despues de diez anos de solteria, descubria que se moria de ganas de abrazar a un hombre al que apenas conocia.

Pero le conozco, penso. Le conozco muy bien. He recorrido un largo camino con el y nos hemos confesado nuestras penas. Se que es aspero, arrogante y orgulloso, pero tambien apasionado, leal y fuerte. Me gusta a pesar de sus defectos. Le respeto. Es terriblemente atractivo, aunque lleve un camison a rayas. Y me cogio la mano cuando estaba asustada. Seria maravilloso tener a alguien que me cogiera la mano siempre que estuviera asustada.

Como si Mervyn hubiera leido su mente, volvio a tocarle la mano. Esta vez la giro y beso su palma. Le puso la piel de gallina. Al cabo de unos momentos, la atrajo hacia si y la beso en la boca.

– No hagas eso -susurro ella-. Si empezamos otra vez no podre parar.

– Tengo miedo de que si paramos ahora no volvamos a empezar jamas -murmuro el, con voz ronca de

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