– Mira: el consumo de carburante es increiblemente elevado durante la primera hora de mi turno, y se normaliza durante la segunda.

– Tambien ocupaba todo el espacio durante mi turno-dijo Eddie, intentando aparentar una leve preocupacion, a pesar de que estaba aterrorizado-. Creo que la tormenta da al traste con todas las previsiones. -Entonces hizo la pregunta que le estaba atormentando-. ?Nos queda suficiente combustible para llegar a casa? -Contuvo el aliento.

– Si, nos queda bastante -respondio Mickey.

Eddie, aliviado, relajo sus musculos. Gracias a Dios. Al menos, esa preocupacion ya no existia.

– Pero la reserva esta vacia -anadio Mickey-. Espero que no se estropee un motor.

Eddie no podia permitirse el lujo de preocuparse por una posibilidad tan remota; tenia demasiadas cosas en la cabeza.

– ?Cual es la prevision meteorologica? Puede que estemos a punto de dejar atras la tempestad.

Mickey meneo la cabeza.

– No -dijo, con semblante lugubre-. Va a empeorar mucho mas.

19

Nancy Lenehan consideraba perturbador estar acostada en una habitacion que compartia con un completo desconocido.

Como Mervyn Lovesey le habia asegurado, la suite nupcial tenia literas, a pesar de su nombre. Sin embargo, no habia logrado que la puerta estuviera abierta de forma permanente, por culpa de la tempestad; por mas que se esforzaba, la puerta se cerraba una y otra vez, hasta que ambos llegaron a la conclusion de que era menos embarazoso dejarla cerrada que hacer equilibrios para mantenerla abierta.

Nancy habia hecho lo posible por seguir de pie. Estuvo tentada de instalarse en el salon durante toda la noche, pero era un lugar incomodamente masculino, lleno de humo de cigarrillos, aroma a whisky y las carcajadas y maldiciones de los jugadores. Tuvo la sensacion de que todos la miraban. Al final, no le quedo otra solucion que irse a la cama.

Apagaron las luces y se metieron en sus literas. Nancy se tendio con los ojos cerrados, pero no tenia sueno. La copa de conac que el joven Harry Marks le habia conseguido no sirvio de gran ayuda. Estaba tan despejada como si fueran las nueve de la manana.

Intuia que tambien Mervyn seguia despierto. Oia todos sus movimientos en la litera de arriba. Al contrario que las demas, las de la suite nupcial carecian de cortinas, y solo la oscuridad le procuraba cierta privacidad.

Mientras yacia despierta penso en Margaret Oxenford, tan joven e ingenua, tan insegura e idealista. Presentia que bajo la superficie vacilante de Margaret bullia una gran pasion, y se identificaba con ella en ese sentido. Tambien Nancy se habia peleado con sus padres o, al menos, con su madre. Mama queria que se casara con un chico perteneciente a una antigua familia de Boston, pero Nancy se enamoro a los dieciseis anos de Sean Lenehan, un estudiante de Medicina cuyo padre, ?horror!, era el capataz de la fabrica de papa. Mama libro una dura campana contra Sean durante meses, relatando espantosas habladurias acerca de el y otras chicas, vertiendo calumnias sobre sus padres, enfermando y atrincherandose en su lecho solo para volver a levantarse y sermonear a su hija por su egoismo e ingratitud. Nancy sufrio durante el proceso, pero se mantuvo firme, y al final se caso con Sean y le amo con todo su corazon hasta el dia en que murio.

Margaret carecia de la fortaleza de Nancy. «Tal vez he sido un poco ruda con ella», penso, diciendole que si no estaba de acuerdo con su padre se marchara de casa. Sin embargo, daba la impresion de necesitar que alguien le aconsejara dejar de gimotear y comportarse como una persona adulta. ?A su edad yo ya tenia dos hijos!

Le habia ofrecido ayuda practica, tanto como consejos sensatos. Confiaba en poder cumplir su promesa y proporcionarle un empleo a Margaret.

Todo dependia de Danny Riley, el antiguo reprobo que controlaba el equilibrio del poder en la batalla contra su hermano. El problema volvio a preocupar a Nancy. ?Se habria puesto Mac en comunicacion con Danny? De ser asi, ?como habria digerido la historia de que se iba a investigar uno de sus antiguos delitos? ?Sospecharia que se trataba de un montaje para presionarle, o estaria asustado? Dio vueltas en la cama mientras pasaba revista a todas las preguntas sin respuesta. Ojala pudiera hablar con Mac en la siguiente escala, Botwood, en Terranova. Quiza podria desvelar parte de la intriga.

El avion no paraba de saltar y oscilar, aumentando el nerviosismo y la inquietud de Nancy, y los movimientos empeoraron al cabo de una o dos horas. Nunca habia tenido miedo en un avion, pero, por otra parte, jamas habia vivido la experiencia de una tormenta tan fuerte. Se aferro a los bordes de la litera cuando el viento zarandeo el poderoso aparato. Se habia enfrentado sola a muchas cosas desde la muerte de su marido, y se dijo que no debia desfallecer, pero la idea de que las alas se rompieran o los motores quedaran destruidos, precipitandoles al mar, la aterrorizaba. Cerro los ojos con fuerza y mordio la almohada. De pronto, dio la impresion de que el avion caia en picado. Espero a que el descenso terminara, pero siguio y siguio. No pudo reprimir un sollozo de miedo. Por fin, se oyo un golpe sordo y el avion parecio enderezarse.

Un momento despues, sintio la mano de Mervyn sobre su hombro.

– Solo es una tormenta -dijo, con su preciso acento britanico-. Las he vivido peores. No hay nada que temer.

Ella encontro su mano y la aferro con desesperacion. Mervyn se sento en el borde de la litera y le acaricio el pelo durante los momentos en que el avion se mantuvo estable. Nancy continuaba asustada, pero el contacto de otra mano la ayudo a sentirse mejor.

No supo cuanto rato permanecieron asi. Por fin, la tormenta se apaciguo. Recobro sus energias y solto la mano de Mervyn. No sabia que decir. Por suerte, el hombre se levanto y salio de la habitacion.

Nancy encendio la luz y salto de la cama. Se irguio temblorosa, cubrio su salto de cama negro con una bata de seda azul y se sento ante el tocador. Se cepillo el pelo, lo cual siempre la serenaba. Estaba violenta por haberle cogido la mano. Se habia olvidado del decoro, agradeciendo que alguien la consolara, pero ahora se sentia extrana. La aliviaba el hecho de que el lo fuera lo bastante sensible para dejarla sola durante unos minutos.

Volvio con una botella de conac y dos copas. Las lleno y paso una a Nancy. Esta sostuvo la copa en una mano y se agarro al tocador con la otra: el avion seguia sacudiendose.

Su desazon habria sido mayor de no llevar Mervyn aquel comico camison. Estaba ridiculo, y el lo sabia, pero se comportaba con tanta dignidad como si se paseara con su traje de chaqueta cruzada, lo cual acentuaba aun mas la faceta divertida de la situacion. Era un hombre que no temia el ridiculo. A ella le gusto la forma en que llevaba el camison.

Nancy sorbio su conac. El calido licor contribuyo a tranquilizarla, y bebio un poco mas.

– Ha ocurrido algo extrano -comento Mervyn-. Cuando iba al lavabo de caballeros, salio otro pasajero, con el aspecto de estar muerto de miedo. Al entrar, vi que la ventana estaba rota, y de pie en medio del lavabo se hallaba el mecanico, con aire de culpabilidad. Me conto la increible historia de que un pedazo de hielo habia chocado contra el cristal, pero a mi me dio la impresion de que los dos hombres se habian peleado.

Nancy le agradecio que hablara de algo, en lugar de quedarse sentados en silencio, pensando en que se habian cogido de la mano.

– ?Quien es el mecanico? -pregunto.

– Un tipo atractivo, mas o menos de mi estatura, cabello rubio.

– Ya se quien es. ?Y el pasajero?

– No se como se llama. Un hombre de negocios, que viaja solo, vestido con un traje gris claro.

Mervyn se levanto y sirvio mas conac.

La bata de Nancy solo la cubria hasta las rodillas, y se sentia casi desnuda con los tobillos y los pies al descubierto. Recordo de nuevo que Mervyn perseguia freneticamente a su adorada esposa, y que no tenia ojos para nadie mas. Ni siquiera se daria cuenta si veia a Nancy desnuda de pies a cabeza. Estrecharle la mano habia sido un gesto puramente amistoso de un ser humano a otro, asi de sencillo. Una voz cinica le dijo, desde el fondo de su mente, que coger la mano del marido de otra mujer pocas veces era sencillo y nunca puro, pero no hizo

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