– Se lo contare todo al capitan. Le sacaran del avion en la proxima escala. La policia le estara esperando. Le encarcelaran…, pero en Canada, y ninguno de sus compinches podra sacarle. Le acusaran de secuestro, pirateria… Cono, Luther, puede que nunca vuelva a salir.
Luther, por fin, se mostro impresionado.
– Todo esta preparado -protesto-. Es demasiado tarde para cambiar el plan.
– No, no lo es. Llame a sus complices desde la siguiente escala y digales lo que hay que hacer. Tendran siete horas para embarcar a Carol-Ann en esa lancha. Aun queda tiempo.
Luther se rindio de repente.
– Muy bien. Lo hare.
Eddie no le creyo; el cambio se habia producido con demasiada rapidez. Su instinto le dijo que Luther habia decidido enganarle.
– Digales que deberan llamarme a la ultima escala, Shediac, para confirmarme que aceptan el acuerdo.
Una expresion de ira asomo por un instante al rostro de Luther, y Eddie supo que sus sospechas eran acertadas.
– Y cuando la lancha se encuentre con el
Luther recobro de subito su presencia de animo.
– Usted no va a hacer nada de lo que ha dicho -siseo-. No arriesgara la vida de su mujer.
Eddie trato de disipar sus dudas.
– ?Esta seguro, Luther?
No era suficiente. Luther meneo la cabeza con determinacion.
– No esta tan loco.
Eddie sabia que debia convencer a Luther al instante. Era el momento crucial. La palabra loco le proporciono la inspiracion que necesitaba.
– Le voy a demostrar lo loco que estoy.
Empujo a Luther contra la pared, cerca de la gran ventana cuadrada. El hombre estaba asombrado para oponer resistencia.
– Le voy a demostrar lo muy loco que estoy.
Aparto las piernas de Luther de una patada, y el hombre se desplomo como un saco sobre el suelo. En ese momento, tuvo la sensacion de que si estaba loco.
– ?Ves esta ventana, cacho mierda? -Eddie aferro la persiana veneciana y la solto-. Estoy lo bastante loco para tirarte por esta jodida ventana, mira lo que te digo.
Se planto de un salto sobre el lavabo y lanzo una patada contra el cristal de la ventana. Llevaba botas recias, pero la ventana estaba hecha de solido plexiglas, de cinco milimetros de espesor. Golpeo de nuevo, con mas fuerza, y esta vez el cristal se rajo. Otra patada lo rompio. Fragmentos de cristal cayeron sobre el suelo. El avion volaba a doscientos cincuenta kilometros por hora. El viento helado y la lluvia fria penetraron en el interior como un huracan.
Luther, aterrorizado, intento levantarse. Eddie salto sobre el, impidiendo que huyera. Agarro al hombre y lo tiro contra la pared. La rabia le daba fuerzas para imponerse a Luther, aunque pesaban mas o menos lo mismo. Cogio a Luther por las solapas y saco su cabeza por la ventana.
Luther chillo.
El fragor del viento era tan potente que el grito apenas se oyo.
Eddie le tiro hacia atras y grito en su oido:
– ?Juro por Dios que te arrojare al vacio!
Volvio a sacar la cabeza de Luther y le alzo del suelo.
Si el panico no se hubiera apoderado de Luther, habria conseguido liberarse, pero habia perdido el control y se sentia a merced de Eddie. Chillo de nuevo, mascullando palabras apenas inteligibles.
– ?Lo hare, lo hare, suelteme, suelteme!
Eddie estuvo a punto de cumplir su palabra; despues, comprendio que tambien el corria el peligro de perder el control. No queria matar a Luther, se recordo, solo darle un susto de muerte. Ya lo habia logrado. Era suficiente.
Dejo caer a Luther, soltandole. Luther corrio hacia la puerta.
Eddie le dejo marchar.
He actuado como un autentico loco, penso Eddie, aunque sabia que no habia actuado.
Se apoyo contra el lavabo, recuperando el aliento. La rabia le abandono con la misma rapidez que habia llegado. Se sintio calmado, pero aturdido por la violencia a la que habia dado rienda suelta, casi como si le hubiera ocurrido a otra persona.
Un pasajero entro al instante siguiente.
Era Mervyn Lovesey, el hombre que habia subido en Foynes, un individuo alto ataviado con un camison a rayas que le daba un aspecto muy divertido. Era el tipico ingles y aparentaba unos cuarenta anos.
– Caramba, ?que ha pasado aqui? -dijo, inspeccionando los danos.
Eddie trago saliva.
– Se ha roto una ventana -dijo.
Lovesey le dirigio una sonrisa ironica.
– Incluso yo lo he adivinado.
– Es frecuente cuando hay tormenta -siguio Eddie-. Esos vientos violentos arrastran trozos de hielo, e incluso piedras.
Lovesey parecia esceptico.
– ?Vaya! Llevo volando diez anos en mi propio avion y nunca habia escuchado nada semejante.
Tenia razon, por supuesto. A veces, se rompian ventanas durante los viajes, pero cuando el avion recalaba en un puerto, nunca en pleno Atlantico. Contaban, para evitar tal eventualidad, con cubreventanas de aluminio llamadas portillas, dispuestas tambien en el lavabo de caballeros. Eddie abrio un armarito y saco una.
– Para eso las llevamos -dijo. Lovesey se convencio por fin.
– Peculiar -comento, y entro en el water.
Con las claraboyas se guardaba el destornillador, la herramienta necesaria para instalarlas. Eddie decidio que la mejor forma de disimular el incidente seria encargarse de realizar el trabajo. Saco el marco de la ventana en pocos segundos, quito los restos de cristal roto, coloco la portilla y puso de nuevo el marco.
– Muy impresionante -dijo Mervyn Lovesey cuando salio del water. Eddie intuyo que, de todos modos, aun no estaba convencido del todo. Sin embargo, no pensaba hacer nada para remediarlo.
Eddie salio y observo que Davy estaba preparando una bebida de leche en la cocina.
– Se ha roto la ventana del lavabo -le dijo.
– La arreglare en cuanto haya servido su cacao a la princesa.
– He instalado la portilla.
– Caray, Eddie, gracias.
– Pero barre los cristales en cuanto puedas.
– Muy bien.
A Eddie le habria gustado encargarse de la tarea, pues el culpable era el. Asi le habia educado su madre. Sin embargo, corria el riesgo de despertar suspicacias si se mostraba demasiado servicial, traicionado por su conciencia. A reganadientes, dejo que Davy se encargara de ello.
En cualquier caso, habia conseguido algo. Habia asustado a Luther. Pensaba que Luther seguiria al pie de la letra el nuevo plan y arreglaria que Carol-Ann, se encontrara a bordo de la lancha. Al menos, tenia motivos para confiar.
Su mente se centro en su otra preocupacion: la reserva de combustible del avion. Aunque aun no debia reincorporarse a su puesto, subio a la cubierta de vuelo para hablar con Mickey Finn.
– ?La curva ocupa todo el sitio! -exclamo Mickey en cuanto Eddie entro.
«?Nos queda bastante combustible?», penso Eddie, aparentando serenidad.
– Dejame ver.
