luego lo haria. Habia mucho tiempo.
Harry se apreto contra ella, y Margaret noto su pene erecto.
– No te vayas aun -musito Harry. Ella suspiro de felicidad.
– Muy bien, no me ire -dijo, y empezo a besarle.
18
Eddie Deakin se sometia a un ferreo control, pero hervia como una tetera destapada, como un volcan a punto de entrar en erupcion. Sudaba sin cesar, le dolian las tripas y no podia estarse quieto. Intentaba hacer su trabajo, pero solo lo justo.
A las dos de la manana, hora de Inglaterra, terminaba su turno. Cuando faltaba poco para la hora falseo mas cifras concernientes al combustible. Antes habia disminuido el consumo de carburante, para dar la impresion de que quedaba suficiente para realizar la travesia e impedir que el capitan volviera atras. Ahora lo incremento, para que cuando Mickey Finn, su sustituto, ocupara su puesto y leyera los datos del combustible no hubiera discrepancias. La curva Howgozit mostraria bruscas fluctuaciones en el consumo de carburante, y Mickey se preguntaria la razon, pero Eddie explicaria que era debido al mal tiempo. En cualquier caso, Mickey constituia la ultima de sus preocupaciones. Su mayor angustia, la que atenazaba de temor su corazon, era que el avion agotara el combustible antes de llegar a Terranova.
Estaban fuera del minimo estipulado. Las normas dejaban un margen de seguridad, por cierto, pero los margenes de seguridad tenian una razon de ser. Este vuelo se habia quedado sin reserva extra de combustible para casos de emergencia, como el fallo de un motor. Si algo iba mal, el avion caeria en picado al revuelto oceano Atlantico. No podria aterrizar sin problemas en mitad del oceano; se hundiria al cabo de pocos minutos. No habria supervivientes.
Mickey subio a la cabina de vuelo unos minutos antes de las dos, con aspecto mas descansado, juvenil y animado.
– Vamos muy justos de combustible -dijo Eddie al instante-. Ya he informado al capitan.
Mickey asintio con aire indiferente y cogio la linterna. Su primera tarea consistia en realizar una inspeccion visual de los cuatro motores.
Eddie le dejo y bajo a la cubierta de pasajeros. El primer oficial, Johnny Dott, el navegante, Jack Ashford, y el operdor de radio, Ben Thompson, le siguieron escaleras abajo, cuando llegaron sus sustitutos. Jack se dirigio a la cocina para prepararse un bocadillo. Pensar en la comida desperto nauseas en Eddie. Cogio una taza de cafe y fue a sentarse en el compartimento numero 1.
Cuando no estaba trabajando, le resultaba imposible apartar de su mente el pensamiento de Carol-Ann en manos de sus secuestradores.
Ahora serian las nueve de la noche en Maine. Habria oscurecido. Carol-Ann estaria preocupada y abatida, en el mejor de los casos. Solia quedarse dormida mucho antes desde que estaba embarazada. ?Le facilitarian un lecho donde tenderse? Esta noche no dormiria, pero al menos descansaria el cuerpo. Eddie solo confiaba en que la idea de irse a la cama no alentara otros pensamientos en las mentes de los matones que la custodiaban…
Antes de que su cafe se enfriara, la tempestad se desencadeno.
El vuelo habia sido movido durante varias horas, pero ahora las cosas habian empeorado. Era como estar a bordo de un barco en plena tempestad. El enorme avion era como un barco sobre el oleaje, que se alzaba poco a poco para derrumbarse al instante con un golpe sordo y volver a levantarse, rodando y oscilando de un lado a otro al capricho de los vientos. Eddie se sento en una litera y se abrazo, apoyando los pies en el poste de la esquina. Los pasajeros empezaron a despertarse, tocaron el timbre para avisar a los mozos y salieron corriendo hacia el cuarto de bano. Nicky y Davy, que dormian en el compartimento numero 1 con la tripulacion libre de servicio, se abrocharon el cuello de la camisa y se pusieron la chaqueta, saliendo a toda prisa para atender las llamadas.
Al cabo de un rato, Eddie fue a la cocina en busca de mas cafe. Cuando llego, se abrio la puerta del lavabo de caballeros y salio Tom Luther, palido y sudoroso. Eddie le miro con desprecio. Experimento el deseo de lanzar las manos a su cuello, pero la reprimio.
– ?Es normal esto? -pregunto Luther, con voz asustada. Eddie no sintio ni un apice de compasion.
– No, no es normal -replico-. Tendriamos que haber rodeado la tempestad, pero no nos queda bastante combustible.
– ?Por que no?
– Se esta agotando.
Luther se mostro aterrorizado.
– ?Pero usted dijo que dariamos media vuelta antes de llegar al punto critico!
Eddie estaba mas preocupado que Luther, pero el desasosiego del otro hombre le proporciono una sombria satisfaccion.
– Tendriamos que haber regresado, pero yo falsifique los datos. Tengo razones de peso para desear que este vuelo cumpla el horario previsto, ?recuerda?
– ?Hijo de puta chiflado! -chillo Luther, desesperado-. ?Intenta matarnos a todos?
– Prefiero aprovechar la oportunidad de matarle que dejar a mi mujer con sus amigos.
– ?Pero si todos morimos, no le servira de nada a su mujer!
– Lo se. -Eddie comprendio que arrastraba un peligro enorme, pero no podia soportar la idea de dejar a Carol-Ann con sus raptores ni un dia mas-. Es posible que este chiflado -dijo.
Luther parecia enfermo.
– Pero este avion puede aterrizar en el mar, ?verdad?
– Se equivoca. Solo podernos aterrizar sobre una mar en calma. Si nos posaramos sobre el Atlantico en medio de una tempestad como esta, el avion se despedazaria en cuestion de segundos.
– Oh, Dios mio -gimio Luther-. No tenia que haber embarcado en este avion.
– Nunca debio jugar con mi mujer, bastardo -dijo Eddie, rechinando los dientes.
El avion se bamboleo freneticamente. Luther dio media vuelta y entro tambaleandose en el lavabo.
Eddie atraveso el compartimento numero 2 y entro en el salon principal. Los jugadores de cartas se habian abrochado el cinturon de seguridad y se agarraban a donde podian. Vasos, cartas y una botella rodaban sobre la alfombra al compas de las sacudidas y oscilaciones del aparato. Eddie eche una ojeada a uno y otro lado del pasillo. Despues del panico, inicial, los pasajeros se habian tranquilizado. La mayoria se hallaban de nuevo en sus literas, bien asegurados, comprendiendo que era la mejor forma de afrontar las sacudidas. Yacian con las cortinas abiertas, unos resignados alegremente a las incomodidades, otros muertos de miedo. Todo lo que no estaba sujeto habia caido al suelo, y la alfombra estaba sembrada de libros, gafas, batas, dentaduras postizas, calderilla, gemelos y demas objetos que la gente guarda cerca de sus camas cuando se acuesta. Los ricos y sofisticados del mundo parecian de pronto muy humanos, y Eddie experimento una subita punzada de culpabilidad: ?iba a morir toda este gente por su culpa?
Regreso a su asiento y se cino el cinturon de seguridad. Ya no podia hacer nada en relacion al consumo de combustible, y la unica manera de ayudar a Carol-Ann era asegurar el aterrizaje de emergencia, siguiendo las directrices del plan.
Mientras el avion se estremecia en mitad de la noche, trato de contener su ira y repasar el plan.
Estaria de guardia cuando despegaran de Shediac, la ultima escala antes de Nueva York. Empezaria de inmediato a tirar combustible. Las cifras lo revelarian, por supuesto. Cabia la posibilidad de que Mickey Finn se diera cuenta de la perdida, si aparecia en la cubierta de vuelo por algun motivo, pero en aquel momento, veinticuatro horas despues de abandonar Southampton, lo unico que importaba a la tripulacion libre de servicio era dormir. No era probable que otro miembro de la tripulacion echara un vistazo a las cifras del combustible, sobre todo en el trayecto mas corto del vuelo, cuando el consumo de carburante no revestia tanta importancia. La idea de enganar a sus companeros le repugnaba, y el furor volvio a poseerle por un momento. Cerro los punos, pero no tenia nada que golpear. Intento concentrarse en su plan.
Cuando el avion estuviera cerca de lugar donde Luther queria que se posara, Eddie arrojaria mas combustible, de forma que apenas quedara cuando llegaran a la zona precisa. En aquel momento avisaria al capitan que el combustible se habia agotado casi por completo y amarar era necesario.
