nunca volvio a verle.
Ahora, deseaba haberse entregado a el sin ambages desde el primer momento, haciendo el amor a la menor oportunidad. Sus temores parecian espantosamente triviales, ahora que Ian estaba enterrado en una polvorienta ladera de Cataluna.
De repente, penso que tal vez estuviera cometiendo el mismo error.
Deseaba a Harry Marks. Todo su cuerpo clamaba por el. Era el unico hombre que habia despertado estas sensaciones desde Ian. Sin embargo, ella le habia rechazado. ?Por que? Porque tenia miedo. Porque estaba en un avion, porque las literas eran pequenas, porque alguien podia oirles, porque su padre se encontraba cerca, porque seria horrible que les sorprendieran.
?Volvia a hacer gala de aquella cobardia aborrecible?
?Y si el avion se estrella?, penso. Viajaban en uno de los primeros vuelos transatlanticos. Se hallaban a mitad de camino entre Europa y America, a cientos de kilometros de tierra en cualquier direccion; si algo fallaba, todos moririan en cuestion de minutos. Y su ultimo pensamiento seria para arrepentirse de no haber hecho el amor con Harry Marks.
El avion no se iba a estrellar, pero igualmente podia ser su ultima oportunidad. No tenia ni idea de lo que ocurriria cuando llegaran a Estados Unidos. Pensaba alistarse en las Fuerzas Armadas lo antes posible, y Harry habia comentado que queria llegar a ser piloto de las Reales Fuerzas Aereas de Canada. Tal vez muriera en combate, como Ian. ?Que importaba su reputacion, quien iba a preocuparse de la ira paterna, si la vida era tan breve? Casi deseo haber dejado entrar a Harry.
?Lo intentaria de nuevo? Era poco probable. Le habia rechazado con firmeza. Cualquier chico que hiciera caso omiso de un rechazo como aquel seria un autentico pelmazo. Harry habia insistido y empleado lisonjas, pero no era terco como una mula. No se lo volveria a pedir esta noche.
Que tonta soy, penso. Ahora estaria conmigo; solo tenia que decir «si». Se abrazo, imaginando que era Harry quien la abrazaba. En su imaginacion, alargo una mano y acaricio vacilante la cadera desnuda de Harry. Tendria vello rubio rizado en los muslos, penso.
Decidio levantarse para ir al lavabo de senoras. Quiza Harry tuviera la misma idea, en ese preciso momento, para pedir una copa al camarero, o lo que fuera. Deslizo los brazos en la bata, desato las cortinas y se incorporo. La litera de Harry tenia las cortinas bien atadas. Se calzo las zapatillas y se levanto.
Casi todo el mundo se habia acostado. Se asomo a la cocina: estaba vacia. Los camareros tambien necesitaban dormir, claro. Estarian en el compartimento numero 1, con la tripulacion libre de servicio. Tomo la direccion contraria y entro en el salon. Los trasnochadores, todos hombres, continuaban jugando al poker. Habia una botella de whisky sobre la mesa, de la que se iban sirviendo. Margaret siguio hacia la parte trasera, oscilando de un lado a otro al compas del avion. El piso ascendia hacia la cola, y habia peldanos entre los compartimentos. Dos o tres personas estaban leyendo, con las cortinas abiertas, pero casi todos los cubiculos estaban cerrados y silenciosos.
El tocador de senoras estaba vacio. Margaret se sento frente al espejo y se miro. Le resultaba chocante que un hombre considerara deseable a esta mujer. Su rostro era bastante vulgar, la piel muy palida, los ojos de un curioso tono verde. Lo mejor era el cabello, pensaba en ocasiones; era largo y liso, de un color broncineo refulgente. Los hombres solian fijarse en ese pelo.
?Que habria pensado Harry de su cuerpo, si le hubiera dejado entrar? Los grandes pechos le habrian encendido, trayendole a la memoria la maternidad, ubres de vaca o cualquier cosa similar. Le habian dicho que a los hombres les gustaban pequenos, bien formados, del mismo tamano que las copas de champan que se servian en las fiestas. Los mios no caben en una copa de champan, penso con timidez.
Le habria gustado ser menuda, como las modelos de Vogue, pero parecia una bailarina espanola. Siempre que se ponia un vestido de baile debia llevar corse debajo, de lo contrario sus pechos se desbordaban. Sin embargo, Ian habia adorado su cuerpo. Decia que las modelos parecian munecas. «Eres una mujer de verdad», le habia dicho una tarde, en la antigua ala que se habia utilizado como cuarto de los ninos, mientras le besaba el cuello y le acariciaba los dos pechos a la vez por debajo del jersey de cachemira. A Margaret le habian gustado sus pechos en aquella epoca.
El avion se adentro en una zona de turbulencias, y tuvo que aferrarse al borde del tocador para no caer del taburete. Antes de morir, penso morbosamente, me gustaria que me acariciaran los pechos otra vez.
Cuando el avion se estabilizo volvio a su compartimiento. Todos los cubiculos tenian las cortinas cerradas. Se quedo de pie un momento, deseando que Harry abriera la cortina, pero no ocurrio. Miro en ambas direcciones del pasillo. No se veia un alma.
Toda su vida habia sido pusilanime.
Pero nunca habia deseado algo con tal fuerza. Agito la cortina de Harry.
No paso nada. Tampoco habia pensado en ningun plan. No sabia que iba a decir o hacer.
No se oia nada en el interior. Agito la cortina de nuevo. Un instante despues, Harry asomo la cabeza.
Se miraron en silencio: el, asombrado, ella, sin habla. Entonces, oyo un movimiento a su espalda.
Distinguio una mano que surgia de la litera de su padre. Iba a salir para ir al lavabo.
Sin pensarlo dos veces, Margaret empujo a Harry y se metio en la cama con el.
Mientras cerraba la cortina vio que papa salia de su cubiculo. No la habia visto por puro milagro, ?gracias a Dios!
Se arrodillo al pie de la litera y miro a Harry. Estaba sentado en el otro extremo con las rodillas apoyadas en la barbilla, contemplandola a la escasa luz que se filtraba por la cortina. Parecia un nino que hubiera visto a Papa Noel bajar por la chimenea; apenas podia creer en su buena suerte. Abrio la boca para hablar, pero Margaret apoyo un dedo en sus labios para obligarle a callar.
De pronto, recordo que se habia dejado fuera las zapatillas.
Llevaban bordadas sus iniciales, y cualquiera sabria a quien pertenecian. Estaban en el suelo, junto a las de Harry, como zapatos ante la puerta de una habitacion de hotel, para que todo el mundo supiera que estaba durmiendo con el.
Solo habian pasado un par de segundos. Se asomo al exterior. Papa estaba bajando por la escalerilla de la litera, dandole la espalda. Margaret extendio la mano entre las cortinas. Si se volvia ahora, todo habria terminado. Tanteo en busca de las zapatillas y las encontro. Las cogio justo cuando papa posaba sus pies sobre la alfombra. Las metio dentro en una fraccion de segundo antes de que el volviera la cabeza.
En lugar de miedo, sentia excitacion.
No tenia una idea muy clara de que deseaba que ocurriera ahora. Solo sabia que queria estar con Harry. La perspectiva de pasar la noche en su litera muriendose de ganas por el se le antojaba intolerable. De todas formas, no iba a entregarsele. Tenia muchas, muchisimas ganas, pero existian toda clase de problemas practicos, empezando por el senor Membury, que dormia pocos centimetros encima de ellos.
Al momento siguiente se dio cuenta de que Harry, al contrario que ella, sabia muy bien lo que queria.
Se inclino hacia adelante, coloco la mano detras de su cabeza, la atrajo hacia si y beso sus labios.
Tras una brevisima vacilacion, Margaret decidio abandonar toda idea de resistencia y entregarse sin mas a las sensaciones.
Lo habia pensado durante tanto tiempo que experimento la sensacion de llevar horas haciendo el amor con el. Sin embargo, esto era real: una mano fuerte en su nuca, una boca autentica besando la suya, una persona autentica fundiendo su aliento con el de ella. Fue un beso lento, tierno, suave, de ensayo, y tenia conciencia de todos los detalles: los dedos de Harry removiendole el pelo, la aspereza de su barbilla afeitada, el calido aliento sobre su mejilla, la boca que no cesaba de moverse, los dientes que mordisqueaban sus labios y, por fin, la lengua exploradora que se apretaba contra sus labios y buscaba la suya. Entregandose a un impulso irresistible, abrio su boca.
Se separaron al cabo de un momento, jadeantes, y Harry bajo la vista hacia sus pechos. Margaret observo que la bata se habia abierto, y que sus pezones empujaban el algodon del camison. Harry los contemplaba como hipnotizado. Extendio una mano, como a camara lenta, y acaricio el pecho izquierdo con las yemas de los dedos, acariciando la sensible punta a traves de la fina tela, logrando que la joven jadeara de placer.
De pronto, no soporto el hecho de estar vestida. Se despojo de la bata rapidamente. Aferro el borde del camison, pero titubeo. Una voz en el fondo de su mente dijo: «Despues de esto, no podras volver atras», y ella penso «?Estupendo!», y se quito el camison por encima de la cabeza, arrodillandose desnuda frente a el.
Se sentia vulnerable y timida, pero la angustia aumentaba su excitacion. Los ojos de Harry recorrieron su
