los clientes te dejarian por la manana en la mesilla de noche.

Margaret se estremecio.

– Es lo mas horrible que he oido en mi vida -dijo.

– Por eso creo que no se debe dejar en paz a Frankie Gordino.

Se quedaron en silencio uno o dos minutos.

– Me pregunto que relacion existe entre Frankie Gordino, y Clive Membury -dijo Harry despues, meditabundo.

– ?Existe alguna?

– Bueno, Percy dice que Membury lleva una pistola. A mi ya me habia parecido que era un policia.

– ?De veras? ?Por que?

– El chaleco rojo. Es lo que un policia pensaria apropiado para pasar por un playboy.

– Quiza colabore en la custodia de Frankie Gordino.

– ?Por que? Gordino es un malchechor norteamericano que vuela camino a una carcel norteamericana. Se halla fuera de territorio britanico y bajo custodia del fbi. No se me ocurre por que Scotland Yard enviaria a alguien para colaborar en su vigilancia, sobre todo teniendo en cuenta el precio del billete.

Margaret bajo la voz.

– ?Es posible que te siga a ti?

– ?A Estados Unidos? ?En el clipper? ?Con una pistola? ?Por un par de gemelos?

– ?Se te ocurre otra explicacion?

– No.

– En cualquier caso, lo de Gordino hara olvidar el espectaculo que dio mi padre durante la cena.

– ?Por que crees que perdio los estribos asi? -pregunto Harry con curiosidad.

– No lo se. No siempre fue asi. Recuerdo que era bastante razonable cuando yo era mas joven.

– He conocido a pocos fascistas… Suelen ser personas asustadas.

– ?Tu crees? -Margaret consideraba la idea sorprendente y poco plausible-. Pues parecen muy agresivos.

– Lo se, pero por dentro estan aterrorizados. Por eso les gusta desfilar arriba y abajo y llevar uniformes. Se sienten a salvo cuando forman parte de una banda. Por eso no les gusta la democracia; demasiado incierta. Se sienten mas a gusto en una dictadura, pues siempre se sabe que ocurrira a continuacion y no hay peligro de que el gobierno caiga por sorpresa.

Margaret comprendio la sensatez de aquellas aseveraciones. Asintio con aire pensativo.

– Me acuerdo, incluso antes de que el caracter se le agriara tanto, que se irritaba hasta extremos inimaginables con los comunistas, los sionistas, los sindicalistas, los independentistas irlandeses, los quintacolumnistas… Siempre habia alguien decidido a someter a la nacion. Si te paras a pensarlo un momento, nunca parecio muy verosimil que los sionistas sometieran a Inglaterra, ?verdad?

– Los fascistas siempre estan enfadados -sonrio Harry-.

Suele ser gente decepcionada de la vida por un motivo u otro.

– Es el caso de papa. Cuando mi abuelo murio y heredo la propiedad, descubrio que estaba en bancarrota. Vivio en la ruina hasta que se caso con mama. Entonces, se presento al Parlamento, pero no fue elegido. Ahora, le han expulsado de su propio pais.

– De pronto, se dio cuenta de que comprendia mejor a su padre. Harry era sorprendentemente perceptivo-. ?Donde has aprendido tantas cosas? No eres mucho mayor que yo.

Harry se encogio de hombros.

– Battersea es un sitio muy politizado. La seccion mas poderosa del partido Comunista en Londres, creo.

Al comprender un poco mas a su padre, Margaret se sintio menos avergonzada de lo ocurrido. No tenia excusa, desde luego, pero resultaba consolador pensar en el como un hombre amargado y asustado, en lugar de un ser desquiciado y vengativo. Harry Marks era muy inteligente. Ojala la ayudara a escapar de su familia. Se pregunto si querria volver a verla cuando llegaran a Estados Unidos.

– ?Ya sabes donde iras a vivir? -pregunto.

– Supongo que me alojare en Nueva York. Tengo algo de dinero y no tardare en conseguir mas.

Que facil parecia, dicho asi. Debia ser mas facil para los hombres. Una mujer necesitaba proteccion.

– Nancy Lenehan me ha ofrecido un empleo -dijo ella, guiada por un impulso-, pero tal vez no pueda cumplir su promesa, porque su hermano esta tratando de robarle la empresa.

El la miro y despues aparto la vista, con una inusual impresion de timidez en el rostro, como si, por una vez, se hallara inseguro.

– Bien, no me importaria, o sea, echarte una mano. Era lo que ella estaba deseando escuchar.

– ?De veras lo haras?

Daba la impresion de pensar que no podia hacer gran cosa.

– Podria ayudarte a encontrar una habitacion. Que alivio tan tremendo.

– Seria maravilloso. Nunca he buscado alojamiento, y no sabria por donde empezar.

– Mirando en los periodicos.

– ?Cuales?

– Todos.

– ?En los periodicos informan sobre alojamientos?

– Sacan anuncios.

– En el Times no salen anuncios de alojamientos. Era el unico periodico que papa compraba.

– Los periodicos vespertinos son mejores.

Ignorar cosas tan sencillas la hacia sentirse como una tonta.

– Supongo que, al menos, podre protegerte del equivalente norteamericano de Benny de Malta.

– Estoy tan contenta. Primero, la senora Lenehan. Despues, tu. Ahora se que podre tirar adelante si tengo amigos. Te estoy tan agradecida que no se que decir.

Davy entro en el salon. Margaret reparo en que el avion volaba con suavidad desde hacia cinco o diez minutos.

– Miren todos por las ventanas -dijo Davy-. Dentro de unos segundos veran algo.

Margaret miro por la ventana. Harry se desabrocho el cinturon y se acerco para mirar por encima de su hombro. El avion se inclinaba a babor. Al cabo de un momento, vio que volaban a baja altura sobre un gran transatlantico, iluminado como Piccadilly Circus.

– Habran encendido las luces en nuestro honor -dijo alguien-. Suelen navegar a oscuras desde que se declaro la guerra… Tienen miedo de los submarinos.

Margaret era consciente de la cercania de Harry, que no la disgustaba lo mas minimo. La tripulacion del clipper habria hablado por radio con la del barco, pues los pasajeros del buque se habian congregado en la cubierta, contemplando el avion y agitando las manos. Estaban tan cerca que Margaret pudo distinguir su indumentaria: los hombres llevaban chaquetas de esmoquin blancas y las mujeres trajes largos. El barco se movia con rapidez. Su proa hendia las gigantescas olas sin el menor esfuerzo y el avion paso sobre el con suma lentitud. Fue un momento especial; Margaret se sentia hechizada. Miro a Harry y ambos intercambiaron una sonrisa, compartiendo la magia. El apoyo su mano derecha en la cintura de la muchacha, en la parte que ocultaba el cuerpo, para que nadie lo viera. Su tacto era suave como una pluma, pero ella noto que la quemaba. Estaba excitada y confusa, pero no deseaba que apartara la mano. Al cabo de un rato, el barco fue disminuyendo de tamano; sus luces se fueron apagando una a una, hasta extinguirse por completo. Los pasajeros del clipper volvieron a sus asientos y Harry retrocedio.

La gente fue desfilando hacia sus respectivas literas, y al final solo quedaron en el salon los jugadores de cartas, Margaret y Harry. Margaret no sabia que hacer. Se sentia torpe y timida.

– Se esta haciendo tarde -dijo-. Sera mejor que nos vayamos a la cama.

?Por que lo he dicho?, penso. ?No quiero irme a la cama! Harry aparento decepcion.

– Creo que me ire dentro de un minuto.

Margaret se levanto.

– Muchas gracias por ofrecerme tu ayuda -dijo.

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