– Lo intente. Me meti en un lio y la policia me cogio.
– Te rindes con mucha facilidad.
Margaret queria demostrar a la senora Lenehan que no se trataba de falta de valentia.
– No tengo dinero, no se hacer nada. Nunca recibi una educacion adecuada. No se que hacer para ganarme la vida.
– Carino, te diriges a los Estados Unidos. La mayoria de la gente ha llegado a ese pais con mucho menos que tu, y alguna ya es millonaria. Sabes leer y escribir en ingles, eres agradable, inteligente, bonita… No te costara mucho encontrar trabajo. Yo te contratare.
El corazon le dio un vuelco. Un momento antes, detestaba la actitud poco comprensiva de la senora Lenehan. Ahora, le estaba dando una oportunidad.
– ?De veras? ?De veras vas a contratarme?
– Claro.
– ?Y que hare?
La senora Lenehan reflexiono unos instantes.
– Te pondre en la oficina de ventas; pegaras sellos, iras a por cafe, contestaras al telefono, trataras con amabilidad a los clientes. Si demuestras tu utilidad, pronto seras ascendida a subdirectora de ventas.
– ?En que consiste eso?
– En hacer lo mismo por mas dinero.
A Margaret le parecia un sueno imposible.
– Dios mio, un trabajo de verdad en una oficina de verdad -dijo, en tono sonador.
La senora Lenehan rio.
– ?Casi todo el mundo piensa que es una lata!
– Para mi, representa una aventura.
– Al principio, quiza.
– ?Lo dices en serio? -pregunto Margaret con solemnidad-. Si me presento en tu oficina dentro de una semana, ?me daras un empleo?
La senora Lenehan aparento sorpresa.
– Santo Dios, hablas muy en serio, ?verdad? Pensaba que estabamos hablando en teoria.
Margaret noto una opresion en el corazon.
– Entonces, ?no vas a darme el empleo? -dijo, en tono quejumbroso-. ?Hablabas por hablar?
– Me gustaria contratarte, pero hay un problema. Es posible que dentro de una semana me haya quedado sin trabajo. Margaret deseaba llorar.
– ?A que te refieres?
– Mi hermano esta intentando arrebatarme la empresa.
– ?Como va a hacerlo?
– Es complicado, y tal vez no lo consiga. Estoy oponiendo resistencia, pero no estoy segura de como acabara todo.
Margaret no podia creer que su oportunidad se hubiera desvanecido en cuestion de segundos.
– ?Has de ganar! -exclamo energicamente.
Antes de que la senora Lenehan pudiera contestar, Harry aparecio, con el aspecto de un amanecer gracias al pijama rojo y la bata azul cielo. Verle calmo a Margaret. Se sento. Margaret le presento.
– La senora Lenehan ha venido a tomar un conac, pero los camareros estan ocupados.
Harry fingio sorpresa.
– Es posible que esten ocupados, pero aun pueden servir bebidas-. Se levanto y se asomo al compartimento siguiente-. Davy, ?quieres hacer el favor de traer un conac a la senora Lenehan?
– ?Eso esta hecho, senor Vandenpost! -fue la respuesta del mozo. Harry tenia la habilidad de lograr que la gente se plegara a sus deseos.
Volvio a sentarse.
– No he podido por menos que fijarme en sus pendientes, senora Lenehan. Son absolutamente maravillosos.
– Gracias -sonrio la mujer, muy complacida en apariencia por el cumplido.
Margaret los observo con mas atencion. Cada pendiente consistia en una unica perla introducida en un enrejado hecho de alambres de oro y diminutos diamantes. Eran de una elegancia exquisita. Deseo llevar ella tambien alguna joya que despertara el interes de Harry.
– ?Los compro en Estados Unidos? -pregunto el joven.
– Si, son de Paul Flato.
Harry asintio con la cabeza.
– Pero yo diria que fueron disenados por Fulco di Verdura.
– No lo se -repuso la senora Lenehan-. No es frecuente encontrar a un hombre joven interesado en las joyas. Margaret tuvo ganas de decir «Solo le interesa robarlas, asi que vaya con cuidado», pero estaba impresionada por su conocimiento de la materia. Siempre se fijaba en las mejores piezas, y solia saber quien las habia disenado.
Davy trajo el conac de la senora Lenehan. Conseguia caminar sin tambalearse, pese a las bruscas sacudidas del avion.
Nancy cogio la copa y se levanto.
– Creo que voy a dormir.
– Buena suerte -dijo Margaret, pensando en el contencioso de la senora Lenehan con su hermano. Si lo ganaba, contrataria a Margaret, tal como habia prometido.
– Gracias. Buenas noches.
– ?De que estabais hablando? -pregunto Harry, un poco celoso.
Margaret no sabia si contarle la oferta de Nancy. La perspectiva era emocionante, pero existia un problema, y no podia pedirle a Harry que compartiera su alborozo. Decidio ocultarlo por el momento.
– Empezamos hablando de Frankie Gordino -dijo-. Nancy cree que hay que dejar en paz a la gente de su calana. Se limitan a organizar cosas como el juego y la… prostitucion…, que solo hacen dano a la gente que se mezcla en ellas.
Se ruborizo levemente; nunca habia pronunciado en voz alta la palabra «prostitucion».
Harry parecia pensativo.
– No todas las prostitutas son voluntarias -dijo al cabo de un minuto-. A algunas se las obliga. ?Has oido hablar de la trata de blancas?
– ?Que quiere decir eso?
Margaret habia visto la expresion en los periodicos, y habia imaginado vagamente que las muchachas eran secuestradas y enviadas a Estambul para servir como criadas. Que tonta era.
– No hay tanta como dicen los periodicos -siguio Harry-. En Londres solo hay un tratante de blancas. Se llama Benny de Malta, porque es de Malta.
Margaret estaba estupefacta. ?Pensar que todo aquello ocurria ante sus propias narices!
– ?Me podria haber pasado a mi!
– Si, aquella noche que huiste de casa. Es la tipica situacion que Benny aprovecha. Una chica sola, sin dinero ni sitio donde dormir. Te invitaria a una cena excelente y te ofreceria un empleo en una compania de baile que partiria hacia Paris por la manana, y tu pensarias que ese hombre era tu salvacion. La compania de baile resultaria ser un espectaculo de desnudos, pero no lo averiguarias hasta quedar atrapada en Paris sin dinero ni forma de volver a casa; tu situacion, en la fila de atras y menearias el trasero lo mejor que pudieras.
Margaret se imagino en aquella situacion y comprendio que haria exactamente eso.
– Una noche -prosiguio Harry-, te pedirian que «fueras amable» con un corredor de bolsa borracho, y en caso de negarte te sujetarian para que el gozara de ti. -Margaret cerro los ojos, asqueada y asustada al pensar en lo que podria haberle sucedido-. Al dia siguiente te irias, pero ?a donde? Aunque tuvieras unos francos, no bastarian para volver a casa. Y empezarias a meditar lo que dirias a tu familia cuando llegaras. ?La verdad? Jamas. De modo que volverias al alojamiento, con las demas chicas, que al menos te tratarian con cordialidad y comprension. Despues, empezarias a pensar que si lo has hecho una vez, puedes hacerlo dos, y con el siguiente agente de bolsa te lo tomarias con mas calma. Antes de que te dieras cuenta, solo pensarias en las propinas que
