no has parado de follar con ese playboy durante todo el verano, ?verdad?
– No seas tan vulgar -siseo Diana, aun a sabiendas de que tenia razon. Eso era exactamente lo que habia hecho: follar con Mark en cuanto tenia la menor ocasion. Mervyn tenia razon,
– Es vulgar decirlo, pero mucho peor hacerlo -dijo el.
– Al menos, yo fui discreta… No me dedique a exhibirme para humillarte.
– No estoy tan seguro. No creo que tarde mucho en averiguar que era la unica persona de todo Manchester que ignoraba tus manejos. Los adulteros no son tan discretos como suelen pensar.
– ?No me insultes! -protesto Diana. La palabra la avergonzaba.
– No te insulto, te defino.
– Suena despreciable -dijo Diana, apartando la vista.
– Da gracias a que ya no se lapide a los adulteros, como en los tiempos de la Biblia.
– Es una palabra horrible.
– Tendrias que avergonzarte de los hechos, no de la palabra.
– Eres tan justo… Nunca has hecho nada malo, verdad?
– ?Contigo siempre me he portado bien!
La exasperacion de Diana alcanzo su punto algido.
– Dos esposas han huido de ti, pero tu siempre has sido la parte inocente. ?Nunca se te ha ocurrido preguntarte en que te habias equivocado?
Sus palabras le hirieron. Mervyn la sujeto sacudiendola.
– Te di cuanto querias -grito, irritado.
– Pero hiciste caso omiso de mis sentimientos -chillo Diana-. Siempre en todo momento Por eso te deje. Apoyo las manos en el pecho de Mervyn para apartarle…
y la puerta se abrio en aquel momento, dando paso a Mark. Se quedo inmovil, contemplandoles, vestido con el pijama
– ?Que cono esta pasando, Diana? -pregunto-. ?Piensas pasar la noche en la suite nupcial?
Diana empujo a Mervyn, y este la solto.
– No, claro que no -dijo ella a Mark-. Este es el alojamiento de la senora Lenehan… Mervyn lo comparte con ella. Mark lanzo una carcajada desdenosa.
– Fantastico! ?Algun dia lo utilizare para un guion!
– ?No es divertido! -protesto Diana.
– ?Pues claro que si! ?Este tipo persigue a su mujer como un lunatico, ?y que hace despues? ?Liarse con la primera chica que se encuentra en su camino!
Su actitud dolio a Diana, que tampoco deseaba defender a Mervyn.
– No se han liado -puntualizo, impaciente-. Eran las unicas plazas que quedaban.
– Deberias estar contenta -dijo Mark-. Si se enamora de ella, tal vez deje de perseguirte.
– ?No comprendes que estoy abatida?
– Por supuesto, pero no entiendo por que. Ya no quieres a Mervyn. A veces, hablas como si le odiaras. Le has abandonado. ?Que te importa con quien se acuesta?
– ?No lo se, pero me importa! ?Me siento humillada!
Mark estaba demasiado enfadado para mostrarse comprensivo.
– Hace pocas horas decidiste volver con Mervyn. Despues, te enfadaste con el y cambiaste de idea. Ahora, la idea de que pueda acostarse con otra te vuelve loca.
– No me acuesto con ella -puntualizo Mervyn.
Mark no le hizo caso.
– ?Estas segura de no seguir enamorada de Mervyn -pregunto a Diana, en tono irritado.
– ?Lo que acabas de decirme es horrible!
– Lo se, pero ?no es verdad?
– No, no es verdad, y te odio por pensar que si. Los ojos de Diana se llenaron de lagrimas.
– Entonces, demuestramelo. Olvidate de el y de donde duerme.
– ?Las demostraciones nunca han sido mi fuerte! -grito Diana-. ?Deja de ser tan logico! ?Esto no es el Congreso!
– ?No, desde luego que no! -dijo una voz nueva. Los tres se volvieron y vieron a Nancy Lenehan en la puerta. Una bata de seda azul resaltaba su atractivo-. De hecho, creo que esta es mi suite. ?Que demonios esta pasando?
17
Margaret Oxenford estaba enfadada y avergonzada. Tenia la certeza de que los demas pasajeros la miraban y pensaban en la espantosa escena del comedor, dando por sentado que compartia las horribles ideas de su padre. Tenia miedo de mirarles a la cara.
Harry Marks habia rescatado los restos de su dignidad. Se habia comportado con inteligencia y comprension al entrar, apartarle la silla y ofrecerle el brazo al salir; un gesto insignificante, casi tonto, pero para ella habia representado un mundo de diferencia.
De todos modos, solo le quedaba un vestigio de autoestima, y hervia de resentimiento hacia su padre, por ponerla en una situacion tan vergonzosa.
Un frio silencio reinaba en el compartimento dos horas despues de la cena. Cuando el tiempo empeoro, mama y papa se retiraron para cambiarse.
– Vamos a disculparnos -dijo Percy, sorprendiendola. Su primer pensamiento fue que solo serviria para aumentar su embarazo y humillacion.
– Creo que me falta valor -contesto.
– Bastara con acercarnos al baron Gabon y al profesor Hartmann y decirles que sentimos mucho la groseria de papa.
La idea de mitigar en parte la ofensa de su padre era muy tentadora. Despues, se sentiria mejor.
– Papa se enfurecera -dijo.
– No tiene por que saberlo, pero no me importa si se enfada. Creo que se ha pasado. Ya no le tengo miedo.
Margaret se pregunto si era sincero. Percy, cuando era pequeno, siempre decia que no tenia miedo, cuando en realidad estaba aterrorizado. Pero ya no era un nino pequeno.
La idea de que Percy hubiera escapado al control de su padre la preocupaba un poco. Solo papa podia refrenar a Percy. Sin nadie que reprimiera sus travesuras, ?que haria?
– Vamos -la animo Percy-. Hagamoslo ahora. Estan en el compartimento numero 3. Lo he verificado.
Margaret continuaba vacilando. Pensar en acercarse al hombre que papa habia insultado de aquella manera le ponia los pelos de punta. Podia herirles todavia mas. Tal vez prefirieran olvidar el incidente lo antes posible, pero quiza se estuvieran preguntando cuanta gente estaba de acuerdo en secreto con papa. Era mas importante oponerse a los prejuicios raciales, ?no?
Margaret decidio acceder. Solia dar muestras de su caracter pusilanime, y siempre se arrepentia. Se levanto, cogiendose el brazo del asiento para mantener el equilibrio, pues el avion no paraba de sacudirse.
– Muy bien -dijo-. Vamos a disculparnos.
Temblaba un poco de temor, pero la inestabilidad del avion disimulaba sus estremecimientos. Cruzo el salon principal y entro en el compartimento numero 3.
Gabon y Hartmann estaban en el lado de babor frente a frente. Hartman se hallaba absorto en un libro, con su largo y delgado cuerpo curvado, la cabeza inclinada y la nariz ganchuda apuntando a una pagina llena de calculos matematicos. Gabon, aburrido en apariencia, no hacia nada, y fue el primero en verles. Cuando Margaret se detuvo a su lado, aferrandose al respaldo del asiento para no caer, se puso rigido y les miro con hostilidad.
– Hemos venido a disculparnos -se apresuro a explicar Margaret.
– Su valentia me sorprende -dijo Gabon. Hablaba un ingles perfecto, con un acento frances casi inexistente.
