mucho,

Regresaron al compartimento. Diana se sentia como una estupida. Habia seguido a Mervyn, y Mark la habia seguido a ella. Que tonteria.

Se sentaron. Antes de que pudieran continuar su conversacion, Ollis Field y Frank Gordon entraron. Frank llevaba una bata de seda amarilla con un dragon en la espalda, y Field, una vieja bata de lana. Frank se quito la bata, dejando al descubierto un pijama rojo de cinturon blanco. Se quito las zapatillas y trepo a la litera superior.

Entonces, ante el horror de Diana, Field saco un par de esposas plateadas del bolsillo de su bata marron. Dijo algo a Frank en voz baja. Diana no escucho la respuesta, pero estaba segura de que Frank protestaba. Field, no obstante, insistio, y Frank le ofrecio por fin una muneca. Field le cino una esposa y aseguro la otra al marco de la litera. Despues, corrio la cortina y fijo los pernos.

Asi pues, era cierto: Frank era un prisionero.

– Mierda -dijo Mark,

– Aun no creo que sea un asesino -susurro Diana.

– ?Espero que no! -exclamo Mark-. ?Viajariamos con mas seguridad si hubieramos pagado cincuenta pavos y viajaramos en el entrepuente de un carguero!

– Ojala no le hubiera puesto las esposas. No se como va a dormir ese chico encadenado a la cama. ?Ni siquiera podra darse la vuelta!

– Que buena eres -dijo Mark, abrazandola-. Es probable que ese hombre sea un violador, y tu sientes pena por el porque no podra dormir.

Diana apoyo la mano sobre su hombro. Mark le acaricio el pelo. Se habia enfadado con ellas apenas dos minutos antes, pero ya se le habia pasado.

– Mark -dijo Diana-, ?crees que caben dos personas en una litera?

– ?Estas asustada, carino?

– No.

Mark la miro, confuso, pero despues comprendio y sonrio.

– Me parece que si caben…, aunque al lado, no.

– ?Al lado no?

– Parece muy estrecha.

– Bueno… -Diana bajo la voz-. Uno de los dos tendra que ponerse encima.

– ?Prefieres ponerte tu encima? -le susurro al oido Mark. Diana rio por lo bajo.

– Creo que no me costaria mucho.

– Tendre que pensarlo -respondio Mark con voz ronca-. ?Cuanto pesas?

– Cincuenta y un kilos y dos tetas.

– ?Nos cambiamos?

Ella se quito el sombrero y lo dejo sobre el asiento, a su lado. Mark saco sus maletas de debajo del asiento. La suya era una Gladstone muy usada, de color rojo oscuro, y la de ella un maletin de piel, provisto de bordes duros, con sus iniciales grabadas en letras doradas.

Diana se irguio.

– Rapido -dijo Mark, besandola.

Ella le abrazo, notando su ereccion.

– Dios mio -susurro-. ?Podras conservarla hasta que vuelvas?

– No creo, a menos que mee por la ventana. -Diana rio-. Te ensenare un truco rapido para que se ponga dura otra vez.

– No puedo esperar -susurro Diana.

Mark cogio su maleta y salio, dirigiendose al lavabo de caballeros, Mientras salia del compartimento, se cruzo con Mervyn. Intercambiaron una mirada, como gatos desde lados opuestos de una verja, pero no hablaron.

Diana se sorprendio al ver a Mervyn ataviado con un camison de franela gruesa a rayas marrones.

– ?De donde demonios has sacado eso? -pregunto, sin dar credito a sus ojos.

– Rie, rie -replico el-. Es lo unico que pude encontrar en Foynes. La tienda del pueblo jamas habia oido hablar de pijamas de seda. No sabian si yo era maricon o un capullo.

– Bueno, a tu amiga la senora Lenehan no le vas a gustar con ese disfraz.

?Por que he dicho esto?, se pregunto Diana.

– Creo que no le gusto de ninguna manera -contesto Mervyn, malhumorado, y salio del compartimento.

El mozo entro.

– Davy, ?quieres hacernos las camas, por favor?

– Ahora mismo, senora.

– Gracias.

Diana cogio su maleta y salio.

Mientras atravesaba el compartimento numero 5, se pregunto donde dormiria Mervyn. No habian preparado aun ninguna litera, ni tampoco el numero 6. Sin embargo, habia desaparecido. Diana penso de repente que debia estar en la suite nupcial. Un momento despues, se dio cuenta de que no habia visto sentada a la senora Lenehan en ningun sitio, despues de haber recorrido el avion de punta a punta. Se quedo ante el lavabo de senoras, con el maletin en la mano, paralizada por la sorpresa. Era inaudito ?Mervyn y la senora Lenehan tenian que compartir la suite nupcial!

Las lineas aereas no lo permitirian, por descontado, quiza la senora Lenehan ya se habia acostado, oculta tras la cortina de alguna litera.

Tenia que averiguarlo.

Se detuvo ante la puerta de la suite nupcial y vacilo un momento.

Despues, aferro el tirador y abrio la puerta.

La suite tenia el mismo tamano de un compartimento normal, con una alfombra de color terracota, paredes beige y el tapizado azul con el mismo dibujo formado por estrellas que habia en el salon principal. Al final de la habitacion habia un par de literas, con un sofa y una mesilla de cafe a un lado, y un taburete, un tocador y un espejo al otro. Habia una ventana a cada lado.

Mervyn se hallaba de pie en el centro de la habitacion, sorprendido por su aparicion. La senora Lenehan no se veia por parte alguna, pero su chaqueta de cachemira gris estaba tirada sobre el sofa.

Diana cerro la puerta de golpe a su espalda.

– ?Como puedes hacerme esto? -pregunto.

– ?Hacerte que?

Una buena pregunta, penso Diana. ?Por que estaba tan furiosa?

– ?Todo el mundo se enterara de que has pasado la noche con ella!

– No me quedo otra eleccion -protesto Mervyn-. No habia otra plaza.

– ?No te das cuenta de que la gente se reira de nosotros? ?Ya es bastante horrible que me hayas seguido!

– ?Que mas me da? Todo el mundo se rie de un tio cuya esposa se larga con otro individuo.

– ?Pero lo estas empeorando! Tendrias que haber aceptado la situacion tal como era.

– A estas alturas, ya deberias conocerme.

– Y te conozco… Por eso intente evitar que me siguieras.

Mervyn se encogio de hombros.

– Bien, pues fracasaste. No eres lo bastante lista como para enganarme.

– y tu no eres lo bastante listo como para rendirte con elegancia!

– Nunca he pretendido ser elegante.

– ?Que clase de puta es esa tia? Esta casada… ?He visto su anillo!

– Es viuda. En cualquier caso, ?con que derecho te das esos aires de superioridad? Tu si que estas casada, y vas a pasar la noche con tu querido,

– Al menos, dormiremos en literas separadas en un compartimento publico, mientras que tu te pegas el lote en una suite nupcial -contesto Diana, reprimiendo una punzada de culpabilidad al recordar lo que iba a hacer con Mark en la litera.

– Pero yo no mantengo relaciones con la senora Lenehan -replico Mervyn, en tono exasperado-. En cambio, tu

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