ningun problema, siempre que se hubiera conchabado con delincuentes de primera. ?Habria tomado esa precaucion? Todo cuanto habian hecho hasta el momento estaba perfectamente organizado.
El capitan Baker se encrespo.
– No creo que debamos preocuparnos por la tripulacion. Field se encogio de hombros.
– Haga lo que quiera. La Oficina obtendra los nombres de la Pan American en menos de un minuto.
Field era un hombre falto de tacto, reflexiono Eddie. ?Ensenaba J. Edgar Hoover a sus agentes el arte de ser desagradables?
El capitan cogio las listas de pasajeros y tripulantes y se las entrego al operador de radio.
– Envia esto enseguida, Ben -dijo. Hizo una pausa-. Incluyendo a la tripulacion -anadio.
Ben Thompson se sento ante su consola y empezo a teclear el mensaje en Morse.
– Una cosa mas -dijo el capitan a Field-. Debo pedirle que me entregue su arma.
Muy inteligente, penso Eddie. No se le habia ocurrido ni por un momento que Field fuera armado, pero no habia otra solucion, si escoltaba a un criminal peligroso.
– Me opongo… -empezo Field.
– Esta prohibido a los pasajeros llevar armas de fuego. No hay excepciones a esta norma. Entregueme su pistola.
– ?Y si me niego?
– El senor Deakin y el senor Ashford se la quitaran.
La afirmacion sorprendio a Eddie, pero interpreto su papel y se acerco a Field con aire amenazador. Jack le imito.
– Si me obliga a utilizar la fuerza -continuo Baker-, le obligare a bajar en la proxima escala, y no le permitire volver a bordo.
Eddie estaba impresionado por la forma en que el capitan mantenia su autoridad, a pesar de que su antagonista iba armado. Estas cosas no ocurrian en las peliculas, donde el hombre armado se imponia a todo el mundo.
?Que haria Field? El fbi no aprobaria que entregara el arma, pero por otra parte, peor seria que le expulsaran del avion.
– Escolto a un prisionero peligroso -dijo Field-. Necesito ir armado.
Eddie distinguio algo por el rabillo del ojo. La puerta situada en la parte posterior de la cabina, que conducia a la cupula de observacion y a las bodegas, estaba entreabierta y algo se movia al otro lado.
– Coja esa pistola, Eddie -dijo Baker.
Eddie introdujo la mano bajo la chaquesta de Field. El hombre no se movio. Eddie encontro la pistolera, abrio la funda y saco la pistola. Field miraba al frente sin pestanear.
Entonces, Eddie se dirigio a la parte posterior de la cabina y abrio la puerta de par en par.
El joven Percy Oxenford estaba alli.
Eddie se sintio tranquilizado. Casi habia imaginado que un miembro de la banda de Gordino esperaba agazapado con una metralleta.
– ?De donde ha salido usted? -pregunto Baker a Percy.
– Hay una escalerilla junto al tocador de senoras -explico Percy-. Conduce el ala del avion. Se puede reptar desde ella y salir por las bodegas del equipaje.
Eddie continuaba sosteniendo el arma de Ollis Field. La dejo sobre el armarito de mapas del navegante.
– Vuelva a su asiento, jovencito, por favor -pidio el capitan a Percy-, y no vuelva a salir de la cabina de pasajeros en lo que resta de vuelo, -Percy hizo ademan de volver sobre sus pasos-. Por ahi no -dijo Eddie-. Por la escalera.
Percy, que parecia un poco asustado, atraveso a toda prisa la cabina y se escurrio por la escalerilla.
– ?Cuanto tiempo llevaba ahi, Eddie? -pregunto capitan.
– No lo se. Creo que lo ha oido todo.
– Ahi va nuestra esperanza de ocultar la situacion a los viajeros.
Baker aparentaba preocupacion, y Eddie percibio el peso de la responsabilidad que agobiaba al capitan. Este recupero enseguida su energia.
– Puede volver a su asiento, senor Field. Gracias por su cooperacion.
Ollis Field se dio la vuelta y salio sin decirle nada.
– Volved al trabajo, muchachos -termino el capitan,
La tripulacion se reintegro a sus puestos. Eddie consulto sus cuadrantes de manera automatica, a pesar de la confusion que se habia apoderado de su mente. Observo que los depositos de carburante instalados en las alas, y que alimentaban los motores, estaban bajando de nivel, y procedio a transferir combustible de los depositos principales, situados en los hidroestabilizadores. Sus pensamientos, no obstante, se centraban en Frankie Gordino, que habia matado a un hombre, violado a una mujer y prendido fuego a un club nocturno. Sin embargo, le habian capturado y seria castigado por sus horribles crimenes…, solo que Eddie Deakin iba a salvarle. Gracias a Eddie, aquella chica veria salir en libertad a su violador.
Peor aun, era casi seguro que Gordino volveria a asesinar. No servia para otra cosa. Llegaria un dia en que Eddie se enteraria por los periodicos de algun crimen espantoso, un asesinato por venganza, en que la victima seria mutilada y torturada antes de morir, o tal vez un edificio incendiado, en cuyo interior mujeres y ninos arderian hasta convertirse en cenizas, o una muchacha secuestrada y violada por tres hombres diferentes…, y la policia lo relacionaria con la banda de Patriarca, y Eddie pensaria. «?Ha sido Gordino? ?Soy el responsable de esa atrocidad? ?Ha sufrido y muerto esa gente porque ayude a Gordino a escapar?»
Si seguia adelante, ?cuantos crimenes recaerian sobre su conciencia?
Pero no tenia otra eleccion. Carol-Ann se hallaba en poder de Ray Patriarca. Cada vez que lo pensaba, un sudor frio resbalaba sobre sus sienes. Debia protegerla, y la unica forma era colaborar con Tom Luther.
Consulto su reloj: las doce de la noche.
Jack Ashford le dio la posicion actual del avion, lo mas aproximada posible; aun no habia podido ver ni una estrella. Ben Thompson mostro los ultimos partes meteorologicos; la tempestad era peligrosa. Eddie leyo un nuevo conjunto de cifras relativas a los depositos de combustible y empezo a actualizar sus calculos. Quiza el tiempo resolviera su dilema: si no les quedaba carburante suficiente para llegar a Terranova, tendrian que regresar, y todo concluiria. La idea tampoco le consolaba. No era fatalista. Debia hacer algo.
– ?Como va, Eddie? -pregunto el capitan Baker.
– Aun no he terminado -contesto.
– Ve con ojo. Estamos cerca del punto de no retorno. Eddie sintio que un reguero de sudor humedecia su mejilla. Se seco con un veloz y furtivo movimiento.
Termino los calculos.
El combustible que quedaba no era suficiente. Por un momento no dijo nada.
Se inclino sobre su cuaderno y sus tablas, fingiendo que aun no habia terminado. La situacion era peor que cuando habia iniciado su turno. Ya no quedaba bastante carburante para terminar el viaje, siguiendo la ruta que el capitan habia elegido, ni siquiera con cuatro motores; el margen de seguridad habia desaparecido. La unica manera de lograrlo era acortar el viaje, volando a traves de la tormenta en lugar de bordearla; y en ese caso, si perdian un motor, estarian acabados.
Todos los pasajeros moririan, y el tambien. ?Que seria de Carol-Ann?
– Bien, Eddie -dijo el capitan-. ?Que hay que hacer?
?Podemos seguir hasta Botwood o debemos volver a Foynes? Eddie apreto los dientes. No podia soportar la idea de dejar a Carol-Ann con sus secuestradores ni un dia mas. Preferia arriesgarlo todo.
– ?Esta preparado para cambiar de rumbo y volar a traves de la tormenta?
– ?Es necesario?
– O eso, o regresar. Eddie contuvo el aliento.
– Mierda -dijo el capitan. Todos odiaban la idea de volver atras a mitad de camino; era un chasco.
Eddie aguardo la decision del capitan.
– A la mierda -dijo el capitan Baker-. Atravesaremos la tempestad.
