CUARTA PARTE. De mitad del Atlantico a Botwood
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Diana Lovesey estaba furiosa con Mervyn, su marido, por subir al
El desarrollo de los acontecimientos habia abatido por completo a Mark. Despues de que Diana rechazara a Mervyn en Foynes, Mark se habia mostrado animado, afectuoso y optimista, hablando de California, bromeando y besandola siempre que tenia oportunidad, como solia comportarse. Despues, habia presenciado con horror la subida a bordo de su rival. Ahora, era como un globo deshinchado. Se sento en silencio a su lado, ojeando desconsoladamente revistas sin leer ni una palabra. Diana comprendia que se sintiera deprimido. Ya habia cambiado de opinion una vez acerca de huir con el; con Mervyn a bordo, ?como podia estar seguro de que no volveria a cambiar?
Para colmo, habia estallado una tormenta, y el avion se bamboleaba como un coche que corriera campo a traves. Cada dos por tres pasaba un pasajero, palido como la cera, en direccion al lavabo. Se rumoreaba que el tiempo iba a empeorar. Diana se alegro de que su disgusto le hubiera impedido cenar.
Tenia ganas de saber donde estaba sentado Mervyn. Si lo supiera, tal vez dejaria de temer que se materializara de un momento a otro. Decidio ir al lavabo de senoras y buscarle por el camino.
Ella estaba en el compartimento numero 4. Echo un rapido vistazo al numero 3, pero no vio a Mervyn. Dio la vuelta, en direccion a popa, agarrandose a todo lo que podia para no caer. Atraveso el numero 5 y comprobo que alli tampoco estaba. Era el ultimo compartimento grande. El tocador de senoras, en el lado de estribor, ocupaba casi todo el 6, y solo dejaba sitio para dos personas en el lado de babor. Estos asientos estaban ocupados por dos hombres de negocios. No eran unos asientos muy atractivos, penso Diana. No resultaba divertido pagar tanto dinero para ir sentado durante todo el vuelo junto al lavabo de senoras. Despues del numero 6 solo habia la suite nupcial. Mervyn iria sentado en los compartimentos de delante, el 1 o el 2, a menos que estuviera jugando a las cartas en el salon principal.
Entro en el tocador y habia dos taburetes frente al espejo, ocupado uno por una mujer con la que Diana aun no habia hablado. Cuando cerro la puerta a su espalda, el avion parecio que se zambullia, y Diana casi perdio el equilibrio. Avanzo tambaleandose hasta derrumbarse sobre el taburete vacante.
– ?Se encuentra bien? -pregunto la otra mujer.
– Si, gracias. No me gustan nada estas sacudidas.
– Ni a mi. Alguien ha dicho que va a empeorar. Nos espera una gran tempestad.
Las turbulencias disminuyeron. Diana abrio el bolso y empezo a cepillarse el cabello.
– Usted es la senora Lovesey, ?verdad? -pregunto la mujer.
– Si. Llameme Diana.
– Soy Nancy Lenehan. -La mujer vacilo, y adopto una expresion extrana-. Subi al avion en Foynes. Vine desde Liverpool con tu…, con el senor Lovesey.
– ?Oh! -Diana enrojecio-. No me di cuenta de que venia acompanado.
– Me ayudo a salir de un buen lio. Yo necesitaba alcanzar este avion, pero me encontraba atrapada en Liverpool, sin ningun medio de llegar a tiempo a Southampton, asi que fui al aerodromo y le pedi que me trajera.
– Me alegro por ti, pero me resulta muy violento.
– No entiendo por que estas violenta. Debe ser bonito enamorar locamente a dos hombres. Yo ni siquiera tengo uno. Diana la miro por el espejo. Mas que hermosa, era atractiva, de facciones regulares y cabello oscuro, vestida con traje rojo muy elegante y una blusa de seda gris. Proyectaba un aire de confianza y energia. No me extrana que Mervyn te trajera, penso Diana; eres su tipo.
– ?Fue educado contigo? -pregunto.
– No mucho -contesto Nancy, con una sonrisa triste.
– Lo siento. Su punto fuerte no son los buenos modales. Diana saco el lapiz de labios.
– Ya le estaba bastante agradecida por traerme. -Nancy se sono delicadamente con un panuelo. Diana observo que lucia una alianza-. Es un poco brusco, pero creo que es un hombre estupendo. He cenado con el. Me hace reir. Y es terriblemente apuesto.
– Es un hombre estupendo -reconocio Diana-, pero es arrogante como una duquesa y carece de paciencia. Yo le saco de sus casillas, porque dudo, cambio de opinion y no siempre digo lo que pienso.
Nancy se paso un peine por el cabello, espeso y oscuro, y Diana se pregunto si se lo tenia para disimular mechas grises.
– Da la impresion de que hara lo imposible por recuperarte -dijo Nancy.
– Puro orgullo -contesto Diana-. Es porque otro hombre me ha robado. Mervyn es competitivo. Si le hubiera dejado para ir a vivir a casa de mi hermana, ni tan solo se habria inmutado.
Nancy rio.
– Da la impresion de que no le concedes la menor posibilidad.
– Ni la mas minima.
De repente, a Diana se le pasaron las ganas de continuar hablando con Nancy. Sentia una hostilidad incontenible. Guardo el maquillaje y el peine y se levanto. Sonrio para disimular su repentina sensacion de malestar.
– Voy a ver si consigo llegar a gatas hasta mi asiento -dijo.
– Buena suerte.
Cuando salio del tocador, entraron Lulu Bell y la princesa Lavinia. Al llegar al compartimento, Davy, el mozo, estaba convirtiendo sus asientos en una litera doble. A Diana le intrigaba saber como un asiento normal podia transformarse en dos camas. Se sento y observo.
Primero, quito los almohadones y saco los apoyabrazos de sus huecos. Se inclino sobre el marco del asiento, tiro hacia abajo de dos aletas fijas en la pared a la altura del pecho y dejo al descubierto unos ganchos. Inclinandose mas, solto una correa y alzo un marco plano. Lo colgo de los ganchos, de manera que formara la base de la litera superior. El lado externo encajo en una ranura practicada en la pared lateral. Diana estaba pensando que no parecia muy resistente, cuando Davy cogio dos puntales de aspecto fuerte y los fijo a los marcos superior e inferior, formando los pilares de la cama. La estructura ya parecia mas solida.
Coloco los almohadones del asiento sobre la cama de abajo y utilizo los del respaldo a modo de colchon de la cama superior. Saco de debajo del asiento sabanas y mantas de color azul palido e hizo las camas con movimientos rapidos y precisos.
El aspecto de las literas era confortable, pero muy poco intimo. No obstante, Davy libero una cortina azul oscuro, ganchos incluidos, y la colgo de una moldura en el techo, que Diana habia considerado un simple elemento decorativo. Aseguro la cortina a los marcos de las literas con pernos. Dejo una abertura triangular, como la entrada a una tienda de campana, para que el ocupante pudiera entrar. Por fin desdoblo una pequena escalerilla y la dispuso para poder subir a la litera de arriba.
Se volvio hacia Mark y Diana con su leve sonrisa complacida, como si hubiera ejecutado un truco de magia.
– Avisenme cuando esten preparados y terminare de arreglarlo -dijo.
