– ?Le gusta volar en estos aviones?
– Me encanta. Mire, ojala tuviera tiempo para charlar, pero he de terminar estos calculos y estare ocupado casi hasta la hora del despegue.
El corazon le dio un vuelco a Harry. Esto significaba que el camino a la bodega estaria bloqueado hasta que ya fuera demasiado tarde. No se le ocurrio ninguna excusa para entrar en ella. Se obligo de nuevo a disimular su disgusto.
– Lo siento -dijo-. Me largo ahora mismo.
– Por lo general, nos gustar charlar con los pasajeros, porque conocemos a gente muy interesante. Pero en este momento…
– Es culpa mia.
Harry se devano los sesos para conseguir mas tiempo, pero luego se rindio. Dio la vuelta y bajo la escalera, maldiciendo por lo bajo.
Parecia que la suerte le estaba fallando.
Devolvio los utiles de afeitar a Mickey y volvio a su compartimento. Margaret aun no se habia levantado. Harry atraveso el salon y salio al hidroestabilizador. Aspiro varias bocanadas profundas del frio y humedo aire. Estoy desperdiciando la oportunidad de mi vida, penso encolerizado. Le picaban las palmas de las manos cuando imaginaba las fabulosas joyas, a pocos metros sobre su cabeza. Pero aun no se habia rendido. Quedaba otra escala, Shediac. Seria su ultima oportunidad de robar una fortuna.
QUINTA PARTE. De Botwood a Shediac
21
Eddie Deakin podia sentir la hostilidad de sus companeros mientras se dirigian a la orilla en la lancha. Ninguno le miraba. Todos sabian lo cerca que habian estado de quedarse sin combustible y estrellarse en el revuelto oceano. Sus vidas habian corrido peligro. Nadie sabia aun la verdadera causa, pero el combustible era responsabilidad del mecanico; por lo tanto, Eddie era el culpable.
Debian de haber notado que se comportaba de una manera extrana. Habia estado preocupado durante todo el vuelo, habia asustado a Tom Luther durante la cena y una ventana se habia roto inexplicablemente mientras se encontraba en el lavabo de caballeros. No era de extranar que los demas ya no le creyeran fiable al cien por ciento. Este tipo de sensacion se contagiaba enseguida en el seno de una tripulacion reducida, en que la vida de los miembros dependia de la colaboracion y compenetracion mutuas.
Le costaba aceptar que sus companeros ya no confiaban en el. Tenia a gala considerarse uno de los muchachos mas seguros. Para empeorar las cosas, tardaba en olvidar los errores de los demas, y en ocasiones se habia mostrado despectivo con gente cuya capacidad se habia visto menguada por problemas personales.
– Con excusas no se vuela -decia a veces, una agudeza que le sentaba como una patada cada vez que le venia a la mente.
Habia intentado olvidarse de todo ello. Tenia que salvar a su mujer y tenia que hacerlo solo; no podia pedir ayuda a nadie, y no podia preocuparse por lo que pensaran los demas. Habia puesto en peligro sus vidas, pero el juego habia terminado. Todo era perfectamente logico. El mecanico Deakin, solido como una roca, se habia convertido en Eddie el Inestable, un tipo al que convenia vigilar por si se le cruzaban los cables. Odiaba a la gente como Eddie el Inestable. Se odiaba a si mismo.
Muchos pasajeros se habian quedado a bordo del avion, como solia ocurrir en Botwood. Tenian suerte de descabezar un suenecito mientras el avion estaba inmovil. Ollis Field, agente del fbi, y su prisionero, Frankie Gordino, tambien, se habian quedado, por supuesto. Tampoco habian desembarcado en Foynes. Tom Luther se hallaba en la lancha, ataviado con un abrigo de cuello de piel y un sombrero gris perla. Mientras se acercaban al desembarcadero, Eddie se acerco a Luther.
– Espereme en el edificio de la linea aerea -murmuro-Le acompanare al telefono.
Botwood consistia en unas cuantas casas de madera que se arracimaban alrededor de un puerto de aguas profundas, situado en el bien protegido estuario del rio Exploits. Ni siquiera los millonarios del
Todos entraron en el edificio de madera de la Pan American. La tripulacion se encamino a la sala de vuelo. Eddie leyo enseguida las previsiones meteorologicas enviadas por radio desde el gran aeropuerto recien construido en Gander Lake, a sesenta kilometros de distancia. Despues, calculo el combustible necesario para recorrer el siguiente tramo. Como era mucho mas breve, los calculos no eran cruciales, pero el avion nunca cargaba un gran exceso de combustible porque la carga era cara. Noto un sabor amargo en la boca mientras realizaba las operaciones. ?Podria volver a ocuparse de estos calculos sin pensar en este espantoso dia? La pregunta era puramente especulativa: despues de lo que iba a hacer, jamas volveria a trabajar como mecanico de un
El capitan ya se estaria preguntando si debia confiar en los calculo de Eddie. Este necesitaba hacer algo para recuperar la credibilidad. Decidio dar muestras de desconfianza en su capacidad. Repaso las cifras dos veces y tendio su trabajo al capitan Baker.
– Le agradeceria que otra persona las verificara -dijo en tono neutral.
– No es mala idea -dijo el capitan, sin comprometerse, pero parecio aliviado, como si hubiera querido proponer esa solucion, sin atreverse a expresarla.
– Voy a respirar un poco de aire -dijo Eddie, y se marcho.
Encontro a Tom Luther frente al edificio de la Pan American, de pie con las manos en los bolsillos, contemplando con aire sombrio las vacas que pastaban en los campos.
– Le llevare a la oficina de telegrafos -dijo Eddie.
Empezo a caminar colina arriba a paso ligero. Luther se arrastro detras.
– Dese prisa -indico Eddie-. He de volver.
Luther apresuro el paso. Daba la impresion de que no deseaba encolerizar a Eddie. No era sorprendente, despues de que Eddie casi le arrojara del avion.
Saludaron con un movimiento de cabeza a dos pasajeros que parecian volver de la oficina de telegrafos: el senor Lovesey y la senora Lenehan, la pareja que habia subido en Foynes. El tipo llevaba una chaqueta de aviador. Aunque iba distraido, Eddie advirtio que parecian felices juntos. La gente siempre decia que Carol-Ann y el parecian felices juntos, y sintio una punzada de dolor.
Llegaron a la oficina y Luther solicito la llamada. Escribio el numero en un trozo de papel; no queria que Eddie le oyera pedirlo. Entraron en una pequena habitacion con un telefono sobre su mesa y un par de sillas, y aguardaron con impaciencia la comunicacion. A esta hora tan temprana, las lineas no estarian muy cargadas, pero tal vez habria muchas comunicaciones entre Botwood y Maine.
Eddie confiaba en que Luther diria a sus hombres que trasladaran a Carol-Ann al lugar de la cita. Era un gran paso adelante: significaria que tendria las manos libres para actuar en cuanto el rescate se hubiera producido, en lugar de continuar preocupandose por su mujer. Pero ?que podia hacer exactamente? Lo mas obvio era llamar de inmediato a la policia, pero Luther pensaria en esa posibilidad, y quiza destrozara la radio del
El telefono sono al cabo de un rato y Luther levanto el auricular.
