– ?Quien la tiene, por los clavos de Cristo?
– La banda de Patriarca.
Steve se mostro incredulo.
– ?Ray Patriarca? ?El mafioso?
– La han secuestrado.
– Dios todopoderoso, ?por que?
– Quieren que haga amarar al
– ?Para que?
Eddie se seco la cara con la manga y se sereno.
– Hay un agente del fbi a bordo con un prisionero, un maton llamado Frankie Gordino. Me imagino que Patriarca quiere rescatarle. En cualquier caso, un pasajero que se llama Tom Luther me dijo que hiciera amarar el avion frente a la costa de Maine. Una lancha rapida estara esperando, y Carol-Ann ira a bordo. Intercambiaremos a Carol-Ann por Gordino, y este se largara.
Steve asintio con la cabeza.
– Y Tom Luther fue lo bastante listo como para comprender que la unica forma de conseguir la colaboracion de Eddie Deakin consistia en raptar a su mujer.
– Si.
– Hijos de puta.
– Quiero atrapar a esos tio, Steve. Quiero crucificarles. Juro que los hare picadillo.
Steve meneo la cabeza.
– ?Que puedes hacer?
– No lo se. Por eso te llame.
Steve fruncio el ceno.
– El rato mas peligroso para ellos sera el que media entre subir al avion y regresar al coche. Es posible que la policia pueda descubrir el coche y tenderles una emboscada.
Eddie no estaba tan seguro.
– ?Como lo reconocera la policia? Un simple coche aparcado junto a una playa.
– Valdria la pena probar.
– No es suficiente, Steve. Muchas cosas pueden salir mal. Ademas, no quiero llamar a la policia… Es imposible saber lo que harian para poner en peligro a Carol-Ann.
Steve estuvo de acuerdo.
– Y el coche podria estar a uno u otro lado de la frontera, lo cual quiere decir que tambien deberiamos llamar a la policia canadiense. Cono, el secreto no duraria ni cinco minutos. No, llamar a la policia no es buena idea. Solo nos queda la Marina o los guardacostas.
Discutir del problema con alguien contribuyo a mejorar el estado de animo de Eddie.
– Hablemos de la Marina.
– Muy bien. ?Y si logro que una patrullera como esta intercepte a la lancha despues del intercambio, antes de que Gordino y Luther lleguen a tierra.
– Podria funcionar -dijo Eddie, empezando a concebir esperanzas-. ?Podrias hacerlo?
Era casi imposible lograr que buques de la Marina se saltaran la cadena de mando.
– Me parece que si. Se estan realizando todo tipo de ejercicios, y estan muy excitados por si los nazis deciden invadir Nueva Inglaterra despues de Polonia. El unico problema es desviar uno. El tipo capaz de hacerlo es el padre de Simon Greenbourne… ?Te acuerdas de Simon?
– Desde luego.
Eddie se acordaba de un tipo alocado que poseia un peculiar sentido del humor y una inmensa sed de cerveza. Siempre se metia en lios, pero solia salir bien librado porque su padre era almirante.
– Simon se paso un dia -continuo Steve-, pego fuego a un bar de Pearl City y quemo media manzana. Es una larga historia, pero consegui sacarle de la carcel y su padre me estara eternamente agradecido. Creo que me haria ese favor.
Eddie desvio la vista hacia el buque en que habia llegado Steve. Era un cazasubmarinos de clase SC, que ya tenia veinte anos, con casco de madera, pero llevaba una ametralladora del calibre veintitres y cargas de profundidad. Su sola vision bastaria para que delincuentes procedentes de la ciudad, a bordo de una lancha rapida, se cagaran en los pantalones. Sin embargo, era demasiado llamativo.
– Si lo vieran, se olerian una trampa -dijo, angustiado. Steve meneo la cabeza.
– Estos barcos pueden ocultarse en ensenadas. Aunque vayan cargados hasta los topes, su calado no sobrepasa el metro ochenta de profundidad.
– Es arriesgado, Steve.
– Imagina que divisan una patrullera de la Marina. No les hace ni caso. ?Que van a hacer, echarlo todo por la borda?
– Podrian hacerle algo a Carol-Ann.
Tuvo la impresion de que Steve iba a seguir discutiendo, pero cambio de opinion.
– Es verdad -dijo-. Puede ocurrir cualquier cosa. Tu eres el unico que tiene derecho a decir si vale la pena arriesgarse.
Eddie sabia que Steve no estaba diciendo lo que en realidad pensaba.
– Piensas que estoy acojonado, ?verdad? -pregunto.
– Si, pero estas en tu derecho.
Eddie consulto su reloj.
– Hostia, he de volver a la sala de vuelo.
Debia tomar una decision. Steve habia elaborado el mejor plan que se le habia ocurrido, y solo dependia de Eddie aceptarlo o desecharlo.
– Quiza no hayas pensado en una cosa -senalo Steve-. Es posible que aun tengan la intencion de darte gato por liebre.
– ?Como?
Steve se encogio de hombros.
– No lo se, pero en cuanto hayan subido a bordo del
– ?Y por que cono harian eso?
– Para asegurarse de que no prestaras a la policia una colaboracion demasiado entusiasta por un tiempo.
– Mierda.
Existia aun otro motivo, penso Eddie. Habia insultado y gritado a aquellos tipos. Quiza planearan darle una ultima leccion.
Estaba atrapado.
Tenia que acceder al plan de Steve. Era demasiado tarde para pensar en otra cosa.
Dios me perdone si me equivoco, penso.
– Muy bien -dijo-. Adelante.
22
Margaret se desperto pensando: «Hoy he de hablar con papa».
Tardo un momento en recordar lo que debia decirle, que no viviria con ellos en Connecticut, que iba a marcharse, buscar un alojamiento y conseguir un empleo.
Estaba segura de que se armaria un follon de mucho cuidado.
Una nauseabunda sensacion de miedo y verguenza se abatio sobre ella. La sensacion era familiar. Se reproducia siempre que intentaba enfrentarse a papa. Tengo diecinueve anos, penso; soy una mujer. Anoche hice el amor apasionadamente con un hombre maravilloso. ?Por que he de estar asustada de mi padre?
Siempre habia sido asi, hasta donde alcanzaban sus recuerdos. Nunca habia comprendido por que su padre
