– Pero cuestionar la voluntad de Dios… eso, Armando, es demasiado.

– ?Acaso quieres que Amelia acepte que es la voluntad de Dios que Antonietta se muera? No, no lo dices en serio. ?Crees que fue voluntad de Dios que a tu pobre prima monja la torturan y asesinaran una banda de fanaticos? ?Fue la voluntad de Dios que asesinaran a mi hermano?

– ?Hablas como ella!

– Hablo desde la razon. Bien sabes que soy creyente, pero hay cosas… Amelia tiene razon, dejemos en paz a Dios y pidamosle que nos de fuerzas para soportar todo el mal que nos rodea.

Amelia se empeno en buscar otro hospital donde atendieran a su hermana. Visito a un par de medicos y les pidio consejo, pero ambos le dijeron que tanto daba un hospital como otro, que la gente moria a diario de tuberculosis y otras enfermedades, que todo dependia de la fortaleza de la enferma. Pero Amelia no se resignaba e insistia en buscar quien le diera esperanzas.

Una tarde en que habiamos ido todos a ver a Antonietta, esta se puso peor.

Aun recuerdo la escena… fue terrible… Amelia, abrazada a su hermana, pedia a gritos que alguien la ayudara.

Jesus se puso a temblar. Era un chico muy sensible que queria mucho a su prima Antonietta, y verla en aquel estado fue demasiado para el y se desmayo. Creo que el desvanecimiento de Jesus sirvio para que volviera por unos segundos la calma. Sus padres y su hermana Laura acudieron a socorrerle. Una de las monjas que cuidaban de las enfermas de aquella sala tambien acudio de inmediato. No se si era o no buena enfermera, y no recuerdo su nombre, pero cuidaba con mimo de Antonietta y se sento al lado de Amelia.

– Tu hermana tiene un angel de la guarda que vela por ella -susurro- y Dios la va a ayudar, ahora dejanos a nosotras atenderla. -La monja empujo suavemente a Amelia para que soltara a su hermana.

Amelia no respondia, solo lloraba, parecia no escucharla, pero acaso la voz dulce de la monja la tranquilizaba. El medico llego flanqueado por dos monjas y nos pidio que salieramos de la habitacion.

Me quede con Amelia en el pasillo, esperando a que el medico nos informara del estado de Antonietta. Tardo un buen rato, lo recuerdo porque les dio tiempo a regresar a dona Elena y a don Armando con Jesus, que estaba muy palido, agarrado de la mano de su hermana Laura.

– ?Como estas, Jesus? -se intereso Amelia hecha un manojo de nervios.

– Ya me encuentro mejor…

– No ha sido nada -dijo don Armando-, es que le ha dado impresion ver asi a Antonietta.

Cuando el medico salio, Amelia se planto delante de el temblando, temia lo que pudiera decir.

– Tranquilicense, ha sufrido un ataque, pero ya esta mejor. Le he puesto una inyeccion que le aliviara el dolor y la opresion en el pecho. Ahora lo que le conviene es descansar, es mejor que no entren todos en la habitacion, pues ademas le quitan el aire.

– Pero yo quiero quedarme con mi hermana.

– Y no hay inconveniente en que lo haga, pero no la agobie.

Don Armando decidio que lo mejor era que regresaramos a casa y Amelia se quedara con Antonietta.

– Pero manana temprano vendra Edurne a relevarte, o tu tambien caeras enferma.

La monja debia de tener razon respecto a que Antonietta tenia un angel de la guarda velando por ella, porque empezo a recuperarse hasta quedar fuera de peligro. El dia en que le dieron el alta y Amelia la trajo a casa, dona Elena habia organizado una pequena fiesta. Bueno, en realidad no es que hiciera una fiesta, sino que la buena mujer habia conseguido harina y manteca y unas granadas, no se de donde, y habia hecho un pastel.

Antonietta estaba muy debil pero se la veia feliz de estar de nuevo en casa, con su familia.

Dona Elena nos habia aleccionado a Jesus y a mi para que no hicieramos ninguna travesura que molestara a Antonietta, y a Edurne le habia encargado un unico cometido: cuidar de la enferma.

En cuanto Amelia vio que su hermana mejoraba, anuncio que regresaba a Inglaterra.

– Tengo que trabajar y ahora mas que nunca para que podais comprar las medicinas que necesita Antonietta.

Amelia tambien se encargaba de mi manutencion puesto que mi abuela seguia en el hospital, y Lola no daba senales de vida. Don Armando habia hecho lo imposible por saber de Lola, pero sin ningun resultado. Algunos de sus antiguos camaradas estaban en prision, y sus familiares comentaban de todo sobre Lola: unos, que la habian fusilado en Barcelona; otros, que habia muerto durante la guerra; incluso habia quien aseguraba que habia huido. Pero esto ultimo Amelia no se lo creia porque, decia, de haber sido asi, Lola me habria buscado. En cuanto a mi padre, continuaba en la Legion Extranjera, de manera que tampoco sabiamos gran cosa de el.

Don Armando y dona Elena me trataban como a uno mas de la familia; supongo que se habian resignado a tenerme con ellos. Eran demasiado buenos para haberse desentendido de mi; ademas, su hijo Jesus y yo haciamos buenas migas.

Antes de regresar a Londres, Amelia pidio a Edurne que fuera a preguntar a Agueda si le permitiria ver a su hijo. Dona Elena dijo que no era una buena idea, que si Santiago se enteraba, pondriamos a Agueda en un compromiso, y a lo mejor hasta la despedirian. Don Armando intercedio por su sobrina.

– Es logico que quiera ver a Javier, por lo menos que lo intente, procurando ser discreta. Agueda es una buena mujer, seguro que hara lo posible para que Amelia vea a su hijo.

Sin embargo, dona Elena insistia en que Amelia no debia ir a ver a Javier, y tanta fue su insistencia, que don Armando termino disgustandose con ella, y para sorpresa de todos, en especial de dona Elena, ordeno a Edurne que se acercara hasta la casa de Santiago para tratar de convencer a Agueda de que permitiera que Amelia viera al pequeno Javier.

Dos dias estuvo Edurne merodeando cerca de la casa de Santiago hasta que vio a Agueda. Al principio la mujer se nego a que Amelia viera a Javier. Temia la reaccion de Santiago, pero al final se ablando, despues de que Edurne le contara lo enferma que estaba Antonietta y como habian temido por su vida. En aquel momento no supimos por que, pero cuando Edurne regreso de ver a Agueda, estaba nerviosa.

Agueda cito a Amelia para el dia siguiente por la tarde en la puerta del Retiro como en la anterior ocasion. Laura dijo que iria con ella. Temiendo su reaccion, no queria que su prima fuera sola a la cita y dona Elena decidio que Jesus y yo las acompanaramos.

Recuerdo que aquella tarde hacia frio, pero que a pesar de ser invierno, lucia el sol. Cuando llegamos a la puerta del parque, Agueda ya estaba alli. Llevaba el abrigo desabrochado, parecia que le quedaba pequeno porque habia engordado. Llevaba a Javier cogido de la mano. El nino intentaba soltarse y echar a correr, pero Agueda no se lo permitia.

Laura tuvo que sujetar a Amelia para que no corriera hacia el nino.

– Por favor, contente y procura que el encuentro parezca casual, o de lo contrario Agueda no nos permitira volver a acercarnos a Javier.

Las mujeres saludaron a Agueda y Amelia pregunto al nino si le queria dar un beso. Javier se lo penso dos veces antes de mover la cabeza en senal de negacion.

– Anda, hijo, dale un beso a esta senora tan guapa -le animo Agueda.

– No quiero, mama -respondio Javier.

Amelia parecia que iba a llorar. Escuchar a Javier llamar «mama» a Agueda le debio producir un enorme dolor. Pero su prima Laura le susurro al oido que se calmara.

– ?Te portas bien, mi nino? -pregunto Amelia.

– Si.

– ?Y que cosas te gusta hacer?

– Jugar con mi papa y con mi mama. Y tambien jugare con mi hermanito.

– ?Tu hermanito? -Amelia estaba temblando.

– Si, voy a tener un hermanito, ?verdad, mama?

Agueda miro angustiada a Amelia, y pudo ver lo mismo que vimos nosotros: desesperacion y rabia.

– ?Vas a tener un hijo, Agueda?

– Si, senora.

– ?Te has casado?

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