nada, ni siquiera se quien soy, ?verdad, Laura?
De repente la anciana parecia perfectamente lucida aunque no hablaba conmigo sino consigo misma, o quiza con sus propios fantasmas.
Yo no entendia nada o acaso empezaba a entenderlo todo, pero no acertaba a moverme, ni a decir nada.
– ?Esta todo en este libro? -me pregunto dona Laura.
– Si, hasta el 9 de noviembre de 1989. Aquel dia Amelia desaparecio y… -dije.
– Si, asi fue -respondio dona Laura.
– Pero…
– Todo termino aquella noche. No hay nada mas que buscar, Guillermo.
– ?Tu sabes quien soy, Guillermo? ?Me lo diras? -volvio a preguntarme la anciana, que seguia abrazada al libro.
– No hara falta, se lo he escrito todo, usted misma lo podra leer.
– No quiero perder mis recuerdos, se los estan llevando, Guillermo, ellos se van y yo… yo no se donde encontrarlos.
– Yo los he encontrado, y estan todos aqui, ya nadie se los podra quitar.
La anciana me sonrio y me tendio la mano. Se la cogi y la senti fragil y firme al mismo tiempo.
Dona Laura me hizo una sena y salimos de la biblioteca.
– Ella
– Si. Ella es Amelia.
– Pero ?no es Melita, su hermana…? Yo creia que era Melita, todo este tiempo lo he creido, usted me lo hizo creer.
Dona Laura se encogio de hombros con indiferencia. Tanto le daba lo que yo hubiera podido pensar.
– Entonces, ?es mi bisabuela? -Fui capaz de decirlo sin tartamudear.
– Si. Pero ahora debe olvidarse de ella. Recuerde su compromiso: haria este trabajo para nosotras, no para su familia, y se comprometio a guardar el secreto de cuanto averiguara. Lo mantendra, ?verdad?
– Si, desde luego que si. Pero ?por que han confiado en mi?
– El destino le trajo hasta nosotras, y Amelia, en sus momentos de lucidez, decia que se fiaba de usted, que la encontraria y guardaria el secreto. Ella cree en usted.
– Y no la traicionare. No le dire a nadie que… bueno, que esta viva.
– No tendria sentido. Para su familia seria un shock descubrir que sigue viva, y para ella… bueno, Amelia no resistiria enfrentarse a sus nietas. Ya es demasiado tarde.
– ?Cuando regreso?
– En noviembre de 1989. Se presento sin avisar. Edurne abrio la puerta y pego un grito desgarrador. Corrimos a ver que sucedia. Yo tambien reconoci a Amelia. ?Figurate! Tenia veintitantos anos la ultima vez que la habiamos visto y regresaba con mas de setenta, pero la reconocimos de inmediato.
– Y… bueno, ?que explicacion les dio…?
– Ninguna. Tampoco se la pedimos. Bastante doloroso fue contarle que Antonietta habia muerto al poco de marcharse ella. O que Jesus, mi hermano, tambien habia fallecido en un accidente de trafico junto a su mujer. En cuanto a Javier, su abuelo, vivia, pero estaba enfermo.
– ?Como lo sabe?
– Nunca dejamos de saber sobre el, por si algun dia Amelia regresaba. Supimos de su boda, de sus exitos, de sus hijos, aunque no nos acercabamos. Cuando Santiago murio, fui con mi hermana Melita a ver a Javier, pero nos dejo claro que preferia no tener nada que ver con nosotras. Tenia razon, ?que podiamos decirnos?
– De manera que ustedes siempre han estado ahi, sabiendo todo de nosotros, pero nosotros nada sabiamos de esta parte de la familia.
– Esa fue la voluntad de su bisabuelo Santiago, y de su abuelo Javier; nunca pudo superar saberse abandonado por su madre. No le culpo por ello. Lo terrible es que Amelia le sobrevivio. Acudimos a su funeral, nadie nos vio porque nos subimos al coro de la iglesia. Amelia lloro con desesperacion.
– Y usted, ?no tiene familia, hijos, nietos?
– Mi hermana Melita murio hace dos anos, poco despues de quedarse viuda. Sus hijos Isabel y Juanito estan casados y viven en Burgos, pero nos visitan con frecuencia. El accidente de mi hermano Jesus y de su mujer fue al ano y medio de casarse y de tener un hijo. Me hice cargo de mi sobrino, que fue para mi como un hijo. Desgraciadamente murio de un infarto. Era el padre de mi sobrina Amelia Maria, la que vive con nosotras.
– De manera que usted renuncio a su propia vida…
– No, no renuncie a nada, elegi la vida que queria vivir, la que he vivido y con la que he sido feliz.
– No comprendo como no le preguntaron nada, ni como ella tampoco les conto donde habia estado todos esos anos.
– Se que es dificil de comprender, pero es asi.
– Desde cuando… bueno, ?desde cuando le falla la memoria…?
– ?Desde cuando tiene Alzheimer? Comenzo hace poco mas de dos anos. Un dia me dijo que no se acordaba de algunas cosas. Fuimos al medico y aunque no pronuncio la palabra «Alzheimer», nos dio a entender que el proceso era irreversible. Entonces Amelia comenzo a angustiarse. Le desesperaba sentir como se le iban borrando los recuerdos. Yo no podia ayudarla porque nada se de lo que fue su vida. Y de repente aparecio usted. Fue ella quien tuvo la idea de encargarle a usted que recuperara sus recuerdos. La intente persuadir de que era una locura, de que al fin y al cabo usted era un extrano, pero siempre ha hecho lo que ha querido… de manera que le encargamos que investigara cuanto pudiera. He de reconocer que me sorprendio cuando me llamo para decirme que habia podido investigar hasta 1989.
– ?Y por que no se lo encargaron al profesor Soler…? -pregunte.
– A Pablo… le queremos mucho, es uno mas de la familia, pero Amelia se empecino en que debia ser usted.
– Supongo que no quiere que vuelva por aqui.
– ?Lo cree necesario? En mi opinion, esta todo dicho, y ha hecho algo impagable por su bisabuela. Recuperar su memoria es mas de lo que podia esperar. Y usted se la ha devuelto. Creo que hemos llegado al final. Siempre hay que saber cuando llega ese momento y aceptarlo. ?No lo cree asi?
Y sali de sus vidas para siempre, convirtiendome en una de las ultimas lineas de su historia.
Julia Navarro
