Me asuste al llegar a casa y ver el estado de nervios de Use. Habia escuchado a lo largo de todo el dia rumores sobre lo sucedido, incluso la habia telefoneado para preguntarle si estaba bien. Me parecio asustada, pero crei que era porque todo habia sucedido en el edificio en el que trabajaba.

Ilse insistio en que fuera a casa de mi padre. Erich estaba muy grave pese a los esfuerzos de Amelia y de Max. Cuando llegue, le puse una inyeccion y le di un calmante mas potente que los que le habia suministrado Amelia.

– O le llevamos a un hospital o no se que puede pasar -les dije, aunque en realidad si lo sabia.

Erich entreabrio los parpados e intento hablar aunque estaba muy debil.

– Avisad a mis amigos, ellos…

– De ninguna manera. Tus amigos y tu os habeis comportado como aficionados. Si les llamamos, terminaremos todos en las dependencias de la KVP o de la Stasi -le corto Amelia.

– Entonces, ?que vamos a hacer? -pregunte yo, preocupado.

– Tu mantenle con vida, 70 procurare que pueda ir a algun lugar seguro.

– En el sotano no resistiria -dije yo, temiendo que le quisiera trasladar al agujero de alli abajo.

– No, no es ahi donde quiero llevarle. Aun no es muy tarde, voy a telefonear a un amigo.

Media hora despues Garin llegaba a casa de mi padre. Hacia anos que no le veia y me impresiono verle convertido en un anciano, aunque aun conservaba el porte recio y el bigote, a pesar de que ahora era totalmente canoso.

Amelia le conto lo sucedido. Primero rio, y despues le dio una palmada en la espalda.

– Eres imprevisible, siempre lo has sido. Llevas anos retirada, y de repente matas a un vigilante y te traes a casa a un fugitivo. ?Que quieres que haga?

– Salvale, y si es posible, sacale de Berlin.

– Lo que me pides no se hace de un dia para otro, hay que prepararlo todo, y no es facil. Tengo que consultar a mi gente, arriesgamos mucho.

– No solo esta en juego su vida -Amelia senalo a Erich-, sino la de mi familia: Friedrich, mi nuera, los ninos. Si no fuera por ellos no te lo pediria. Tienes que hacerme este favor, Garin. Me lo debes.

Durante unos minutos permanecio en silencio. Despues se encogio de hombros, en lo que parecia un gesto de resignacion. -Hare lo que pueda, no te prometo nada. Pero tendras que esconderle hasta que podamos sacarle de aqui.

– ?Cuanto tiempo? -quiso saber Amelia.

– No lo se, dos o tres dias, quiza mas.

– Puede que no aguante tanto.

– Bueno, si se muere, asunto terminado; sera mas facil desprendernos del cadaver que sacarle vivo de Berlin.

– ?Como podeis hablar asi! -Max no podia contener la furia.

– Vamos, viejo amigo, en mi negocio no caben los sentimentalismos. Hare lo que pueda por ayudar a salvar el cuello de Amelia, es ella quien ha matado a un vigilante para salvar a tu nuera y a su amigo. Y ella me ha recordado que le debo algo, de manera que tengo que pagar la deuda y asi estaremos en paz.

No podia quedarme sentado esperando a que Erich se muriera, ni permitir que Amelia corriera con todos los riesgos. Regrese al hospital con la excusa de examinar a uno de mis enfermos que estaba en cuidados intensivos.

Robe un par de bolsas de sangre y unas cuantas agujas hipodermicas, asi como otro material que pensaba me podia ser util, y me dispuse a regresar a casa de mi padre. Estaba a punto de salir del hospital cuando me encontre con el director medico que estaba de guardia.

– ?Que haces por aqui?

– He venido a ver a un paciente, llevo anos tratandole y le han operado esta tarde. Prometi a su esposa que vendria a interesarme por su estado.

– Pareces preocupado…

– Lo estoy, mi padre no se encuentra bien, esta muy debil. Hace un rato estuve con el y no le encontre demasiado bien, puede que antes de ir a casa vaya a echarle otro vistazo.

La transfusion de sangre reanimo a Erich, aunque seguia teniendo fiebre alta. Volvi a inyectarle antibioticos. No podia hacer mas, no habia manera de saber si tenia una hemorragia interna o el pulmon destrozado.

Durante dos dias Erich estuvo entre la vida y la muerte, hasta que aparecio Garin.

– Un amigo vendra dentro de media hora con una camioneta, pero ?como le sacaremos de aqui?

– Ya he pensado en eso. Le bajaremos al sotano y le meteremos en un viejo arcon. Ya lo he preparado, he puesto un colchon dentro, y he hecho un par de agujeros en un lado para que pueda respirar.

– Has pensado en todo. -Garin parecia admirado de la propuesta de Amelia.

– Eso creo. Friedrich me ayudara a bajarle por la trampilla que une la cocina con el sotano.

Seguimos las instrucciones de Amelia. Si algun vecino husmeaba, se encontraria a unos hombres llevandose unos cuantos muebles viejos del sotano.

No pude resistir la tentacion de preguntarle a Garin como iban a trasladar a Erich.

– Esa es una pregunta que yo no te voy a contestar y que tu no deberias hacerme.

– Al menos podremos avisar a su familia de que se encuentra a salvo…

No pude terminar la frase, Amelia y Garin se enfurecieron, parecian a punto de pegarme.

– ?Estas loco! Nos pondrias en peligro a todos. Le salvamos la vida, le llevamos al otro lado, y tendra que estar calladito al menos durante un ano. Ya se le pasara a su familia el sufrimiento cuando puedan saber que esta vivo. Pero ahora no debes acercarte a nadie que le conozca, ni familia ni amigos. Diselo a Ilse o de lo contrario… -El tono de Garin era amenazante.

Ilse aun tiembla cuando recuerda lo que sucedio. Si Amelia no hubiera disparado, ahora estaria muerta. De manera que siempre le agradeceremos a Amelia que hiciera lo que hizo. Era la segunda vez que nos salvaba a los dos, porque si a Ilse le hubiera sucedido algo… no se que habria hecho yo.

Unos dias mas tarde fui a ver a mi padre. Estaba en la cama, no se sentia demasiado bien.

– No ha querido levantarse -comento Amelia.

Habia sufrido dos infartos, tenia un problema grave de circulacion, y en su mirada se notaba el cansancio de una larga vida confinado en un cuerpo mutilado. Pense que mi padre se estaba rindiendo, que le abandonaba el deseo de vivir.

Mientras dormitaba, senti los ojos de Amelia clavarse en mi rostro.

– Escuchaste mi ultima conversacion con Albert James… -No me lo preguntaba, era una afirmacion.

– Si -no quise mentirle.

– Lo se. Te gustaba escuchar detras de las puertas, intentar entender algunas de las cosas extranas que veias. Tu padre y yo lo sabiamos y nos cuidamos de no hablar demasiado cuando estabas despierto. Aquella noche sabia que estabas escuchandonos. Y para mi supuso un alivio que lo hicieras. Necesitaba que supieras lo que le hice a tu padre, no imaginas las veces que le pedi a Max que te dijera la verdad, pero el se negaba, decia que saber la verdad te haria dano. ?Sabes?, me sentia una impostora contigo.

– Te he odiado por lo que le hiciste a mi padre.

– Es justo. No podias hacer otra cosa.

– ?No te importa?

– Me importa mas no pagar mis deudas y haber tenido que arrastrar esa impostura sobre mi conciencia.

– Eres una mujer extrana, Amelia.

– Ahora estamos en paz.

La vida continuo transcurriendo con la monotonia de la cotidianidad. Yo tuve otros dos hijos, mientras mi padre se moria un poco mas todos los dias.

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