Escucharon ruidos y gritos.

– Ahora ve a averiguar que pasa y cuando lo sepas, vuelve aqui -le ordeno.

Ilse salio tambaleandose, estaba muerta de miedo. Se encontro en el pasillo a su jefe.

– ?Vaya, Use, estas aqui…! Menuda se esta armando. Tenemos que ir todos al salon de actos. Al parecer la policia esta siguiendo la pista a alguien que podria haberse escondido aqui.

– ?Aqui?

– Si, anoche hubo una reunion de esas en las que la gente se dedica a despotricar contra el Gobierno. Como siempre, algun infiltrado puso en alerta a la KVP y hubo una redada. Alguien disparo y mato a un policia, y puedes imaginar como estan. Hay cientos de detenidos.

– Pero aqui…

– Parece ser que a primera hora de la manana una mujer vio por los alrededores a un hombre que apenas podia andar, se lo ha dicho a un vigilante y este ha llamado a la policia, que ya estara a punto de llegar. El director ha ordenado que vayamos todos al salon de actos para identificarnos.

– Ahora voy, estaba en el bano y he salido al oir ruido, pero me he dejado el bolso alli.

Regreso al pequeno almacen y cuando les explico a Amelia y Erich lo que estaba pasando, este dijo que se entregaria.

– De ninguna manera, te mataran -afirmo Amelia.

– No tengo otra salida.

– Ya veremos.

A traves de la megafonia se instaba a todos los empleados a acudir al salon de actos para identificarse antes de que llegara la policia.

– No tenemos mas remedio que salir de aqui, y tu tendras que mantenerte erguido aunque te duela.

Salieron del almacen, Ilse y Amelia sujetaban a Erich una por cada costado. En el pasillo ya no habia nadie. Oyeron pasos que se acercaban y casi se dieron de bruces con un vigilante del edificio, un hombre del que todos sospechaban que era informante de la Stasi.

– Ustedes… ?por que no estan con todo el mundo?… -les pregunto el vigilante.

– Trabajamos… -Ilse iba a sacar su identificacion del bolso.

El vigilante dirigio la mirada a Erich y se dio cuenta de que le traspasaba la sangre a traves de la chaqueta. Ilse estaba buscando su identificacion pero el hombre debio de pensar que iba a sacar un arma. Fue el quien saco su pistola y la encanono, pero un segundo despues cayo desplomado ante el estupor de la propia Ilse y de Erich.

En la mano de Amelia habia un arma con silenciador.

– ?Dios mio! -grito Use.

– ?Callate! Si no le disparo te habria matado, creia que ibas a sacar un arma. Y ahora, andando.

Ilse estaba aterrorizada, lo mismo que Erich, pero la obedecieron. Estaban en la segunda planta y llegaron a la primera, en la calle se encontraron a los primeros empleados que, tras ser identificados, abandonaban el edificio quedandose en la puerta.

– ?Que hay en la planta de abajo?

– Laboratorios…

– ?Alguna puerta que de a ese jardin?

– Si, si…

– Iremos abajo, buscaremos una salida o saldremos por una ventana, ahi no se ve policia, procuraremos mezclarnos con los que han salido, luego nos dirigiremos a tu coche. ?Lo habeis comprendido?

Erich e Ilse asintieron. Hicieron cuanto les dijo, salieron por una puerta lateral al jardin trasero y caminaron hacia donde estaban el resto de los empleados.

– Sonrie, Erich, y procura que la bufanda te tape esa parte de la chaqueta. A pesar de que te he apretado el vendaje, sangras.

Ilse aun no sabe como fueron capaces de llegar al aparcamiento. Amelia les llevo a casa, y cuando pudieron tumbar a Erich en la cama, el se desmayo. Tuvieron que explicarle a Max lo sucedido.

– Tienes que ayudar a este hombre, tu eres medico -le pidio Amelia.

– No puedo, sabes que no puedo. Hace mas de cuarenta anos que deje de ser medico. Ademas, no tendria con que hacerlo.

– Improvisa, Max, dime que puedes necesitar, buscare el botiquin, algo habra…

– Se esta desangrando…

– Examina la herida, al menos sabras si le ha afectado algun organo vital.

– ?Como voy a hacerlo desde esta silla?

– Max, si no lo haces, este hombre morira. Tu juraste hace muchos anos que salvarias vidas, pues hazlo.

Entre Ilse y Amelia ayudaron a mi padre a colocarse cerca de Erich. Le examino y dijo que la bala habia salido, pero no pudo asegurar que no tuviera ningun organo afectado. Les dijo como limpiar y cauterizar la herida, aunque les advirtio que necesitaria una transfusion de sangre cuanto antes porque, de lo contrario, no resistiria.

– Eso no podra ser -respondio Amelia-, al menos por ahora.

Amelia mando a Ilse que fuera nuestra casa y se ocupara de los ninos.

– Cuando llegue Friedrich, dile que venga. Mientras, no hables con nadie; si te llama alguien de tu oficina, dile que te asustaste y te fuiste a casa.

– Pero la policia encontrara a ese hombre…

– Claro que lo encontrara.

– Y nos buscara.

– No. Nadie nos vio. Tienes que estar tranquila, y manana cuando vayas al trabajo comportarte como los demas, muestra curiosidad y horror por lo que ha pasado.

– Yo… quiero darte las gracias, por mi culpa estas en este lio.

– No me des las gracias, Friedrich nunca me hubiese perdonado que no cuidara de ti.

– La pistola… ?por que llevaste una pistola? No sabia que tenias una…

– Es mejor prevenir. Y ahora marchate, yo cuidare de Erich.

Mi padre apenas podia creer lo que estaba escuchando. Cuando Ilse se marcho, miro enfadado a Amelia.

– Otra vez… ?no puedes terminar nunca?

– ?Hubieras preferido que no ayudara a Ilse o incluso que hubiera permitido que la mataran? No tuve eleccion.

– ?Si, claro que tuviste eleccion! Llevas anos justificando lo que haces con esa frase: no tuve eleccion. Pero siempre hay eleccion, Amelia, siempre.

– No para mi, Max, no para mi. ?Crees que morira? -le pregunto senalando a Erich.

– Ha perdido mucha sangre, necesita una transfusion, de lo contrario le puede fallar el corazon.

– No podemos hacer mas que esperar, puede que cuando venga Friedrich sepa que mas podemos hacer.

– Es peligroso que se quede aqui, deben de estar buscandolo por todo Berlin.

– Pero nadie le relaciona con nosotros.

– ?Estas segura de que ningun vecino os ha visto entrar?

– No, no estoy segura. Creo que no, pero no estoy segura.

– Somos demasiado viejos para que nos torturen o nos manden a un campo de trabajo. Supongo que si te descubren, nos mataran. -Max parecia desesperado.

– A ti no te haran nada, es obvio que no has podido participar en la fuga de este hombre, yo soy la unica responsable.

– ?Crees que puedo vivir sin ti?

– Si, claro que puedes. Tienes a Friedrich y a Ilse y a tus nietos que te quieren. No me necesitas tanto como crees.

– Mi vida se reduce a ti.

– No, Max, he sido yo quien ha reducido tu vida.

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