acceder a las cloacas.
Llevaban linternas y una cuerda, y tambien pistolas por lo que pudiera pasar. Amelia se habia cargado al hombro una bolsa con algunas herramientas.
Ella les guio por las cloacas siguiendo el mapa que Albert le habia proporcionado a Garin. En dos ocasiones estuvieron a punto de encontrarse de frente con los soldados que patrullaban por alli, pero pudieron esconderse.
– Este es el punto en el que, segun el mapa, las cloacas continuan hacia el otro lado -senalo Amelia.
– Pero la pared esta tapiada y han colocado una reja en el agua… no se como podremos pasar.
– Si hacemos un hueco en el Muro, los soldados podrian oirnos -dijo Konrad.
– Si, por eso creo que lo mas conveniente es que intentemos romper la reja y pasar nadando -indico Amelia.
– ?Nadando entre estas aguas fetidas? -Konrad parecia asustado.
– Es la mejor solucion. Hemos traido herramientas para intentar forzar la reja -insistio Amelia.
Garin palpo la pared, intentando calibrar su densidad.
– Creo que Amelia tiene razon. Ayudame, intentare ver si puedo mover la reja.
Amelia ato la cuerda en la cintura de Garin y saco de la bolsa unas gafas de buceo que eran mias.
– Montelas, a lo mejor las necesitas.
– ?De donde las has sacado? -pregunto Garin.
– Son de Friedrich, te iran bien.
– ?Es profundo? -quiso saber Konrad.
– Me temo que si, al menos creo que los pies no me llegan al fondo. Creo que voy a vomitar, el olor es insoportable.
Se coloco las gafas de buceo y metio la cabeza en el agua. Al cabo de un minuto la volvio a sacar.
– ?Que asco! Dame las herramientas, intentare cortar la reja, pero el hueco no es demasiado ancho, espero que no nos quedemos atascados al pasar.
– ?Quieres que te ayude? -se ofrecio Konrad.
– Si, sera mas facil si intentamos romperla entre los dos.
Estaban intentando forzar la reja cuando a los lejos oyeron las voces y los pasos rotundos de los soldados.
– Vienen directos hacia aqui, y no hay ningun lugar donde escondernos -advirtio Amelia.
– ?Ven aqui! -Garin le tendio la mano y Amelia no se lo penso y se metio en aquellas aguas negras.
– Cuando les escuchemos mas cerca meteremos dentro la cabeza -indico Garin.
– No podre -se quejo Konrad.
– O lo hacemos o nos descubriran y nos mataran aqui mismo. Y te aseguro que no es una manera gloriosa de morir. Aguantaremos arriba hasta el ultimo segundo, y luego tendremos que permanecer aqui debajo hasta que se vayan -insistio Garin.
Sin decir ni una palabra, Amelia se acerco a Konrad y le anudo en la cintura la cuerda que sujetaba a Garin, despues se la ato tambien ella.
– ?Pero que haces! -En el tono de voz de Konrad habia una nota de histeria.
– Es mejor que permanezcamos juntos, si uno tiene la tentacion de salir, los otros no lo permitiran.
Se quedaron en silencio y con la linterna apagada mientras escuchaban como los pasos de la patrulla retumbaban cada vez mas cerca. Un haz de luz ilumino el agua y ellos se sumergieron.
Garin conservaba las gafas de buceo pero Amelia y Konrad no tenian nada que les protegiera el rostro.
Apenas podian aguantar un segundo mas bajo el agua. Amelia sentia que la cabeza le iba a explotar, y Konrad hacia esfuerzos por salir del agua, pero Garin y ella se lo impedian sujetandole por las munecas. De repente Garin solto a Konrad y tiro de ellos hacia arriba. Volvia a reinar la oscuridad y permanecieron en silencio unos minutos que les parecieron eternos. No querian encender la linterna por si acaso los soldados seguian cerca. Cuando por fin lo hicieron, los tres temblaban de frio y de asco.
– Hay que intentar romper la reja como sea. -Garin volvio a meter la cabeza bajo el agua. Tardaron mas de una hora hasta que lograron romper varios barrotes que dejaban un hueco por el que se podia pasar.
– Quien sabe lo que nos encontraremos mas adelante. -Konrad estaba preocupado.
– Sea lo que sea, no tenemos otra opcion que seguir. Esperemos que los soldados no se den cuenta de que hay tres barrotes sueltos -contesto Garin.
Nadaron un buen rato hasta llegar a una isleta. Amelia consulto el mapa de Albert.
– Diez metros a la derecha deberiamos de encontrar unas escaleras de hierro que suben a la superficie hasta la boca de una alcantarilla. Espero que no nos hayamos equivocado y salgamos delante de la sede de la Stasi -bromeo Amelia.
Caminaron en silencio esos diez metros y encontraron las viejas escaleras de hierro que llevaban hacia la superficie.
Garin subio primero seguido por Konrad, y detras Amelia.
Tal y como habia acordado, Garin golpeo cuatro veces la tapa de la alcantarilla y esta comenzo a levantarse.
– ?Gracias a Dios que estais aqui! -escucharon decir a Albert James.
Unos hombres aguardaban junto a dos coches aparcados al lado de la boca de la alcantarilla, y uno de ellos se acerco con una manta que puso sobre los hombros de Konrad.
– Hemos de volver -afirmo Amelia mirando a Garin.
– ?Ha sido dificil? -quiso saber Albert.
– Sobre todo repugnante -y Garin acompano con una risa su respuesta.
– Gracias, Amelia. -El tono de voz de Albert era sincero.
– No tienes por que darme las gracias. Si de mi depende, no permitire que nadie caiga en manos de la Stasi.
Amelia y Garin abrazaron a Konrad y le desearon suerte.
– Imaginate como se van a poner los sabuesos cuando descubran que estas aqui. -Garin parecia feliz de imaginarlo.
– Creo que deberiais de ser prudentes y no anunciarlo demasiado pronto o eso les volvera locos y empezaran a detener a gente -les aconsejo Amelia.
– No te preocupes, seremos prudentes y… bueno, un dia de estos ire a verte -se despidio Albert.
Les recorrio un escalofrio cuando sintieron como se cerraba la rejilla de la alcantarilla sobre sus cabezas mientras bajaban a la profundidad de las cloacas.
– ?Sabes, Amelia?, me sorprende que no estes aterrada andando por este lugar, yo he tenido ganas de gritar unas cuantas veces -admitio Garin.
– No es la primera vez que ando por las cloacas… llegue a conocer muy bien las de Varsovia. Unos amigos me ensenaron a no tener miedo.
– Siempre logras sorprenderme. Viendote… bueno… nadie diria que eres capaz de hacer nada de lo que haces.
Tuvieron suerte y no se toparon con ninguna patrulla, aunque Garin tardo mas de lo previsto en colocar las rejas para que parecieran fijas. Cuando les vi subir por la trampilla del sotano que daba a la cocina respire tranquilo.
– Son las seis de la manana, pensaba que os habia pasado algo.
– ?Por que no preparas cafe mientras nos quitamos toda esta mierda? -me pidio Amelia.
Le dio a Garin una toalla y entro en el bano con la recomendacion de que no hiciera ruido para no despertar a Max. Tuve que entrar a pedirle que saliera de la ducha para que pudiera entrar Amelia, que parecia agotada.
– Creo que tardare anos en quitarme este olor. Ahora salgo.
Mientras Garin bebia una taza de cafe, Amelia aprovecho su turno para la ducha.
– Lo mas complicado sera que salgas sin que nadie te vea -dije yo, preocupado, y sin dejar de mirar por la ventana.
– Si hubiera alguien sospechoso afuera, ya nos habrian avisado. Mi gente tenia ordenes de permanecer cerca
