– ?Claro que no, Ivan! Pasa, llegas a tiempo para la cena.
– Gracias, Amelia. Si no fuera por ti, me olvidaria de lo que significa una buena comida. Hoy no he tenido tiempo de traer nada. Estos jovencitos de la universidad han dado mucho trabajo a mis amigos de la KVP -dijo mirandome a los ojos.
– ?Ah si? ?Que han hecho? -pregunto Max con curiosidad.
– En la KVP los animos estan alterados. Alguien ha asesinado a uno de sus informadores. La Stasi exige que la investigacion pase a ellos, pero en la KVP se niegan. En fin, las peleas habituales entre departamentos.
– ?Y eso que tiene que ver con la universidad? -Max seguia interesado en que Ivan Vasiliev contara la historia.
– Los jovenes estaban preparando una manifestacion, ?no has oido nada, Friedrich? Bueno, una manifestacion silenciosa pidiendo libertad y sobre todo que se libere a uno de sus profesores que esta detenido. Cosas de estudiantes. La policia lo sabia, claro, y tenian preparada una redada. Habrian cogido a una docena de jovenes y no habria pasado nada mas. Pero al parecer los alborotadores tenian prevista una reunion con toda la plana mayor de los activistas universitarios, profesores incluidos. Una buena ocasion para detener a los profesores que corrompen las cabezas de los chicos. Pero el informador debio de cometer algun error y ha aparecido muerto, y curiosamente la reunion no se ha celebrado. En fin, me he pasado la tarde trabajando.
– ?Ahora te dedicas a perseguir estudiantes? -El tono de Amelia estaba cargado de ironia.
– No, querida, a eso no, pero aunque no es asunto mio me gustaria saber quien disparo al informador de la KVP. Lo hizo con un arma occidental, una Walter PPK, de pequeno calibre. Un arma de mujer, segun dicen los expertos. Pero un arma es un arma, no importa su tamano. El asesino tiene buena punteria, un tiro en el corazon. Murio de inmediato. Ya te digo que debio de ser un profesional. Lo que nos lleva a pensar que estos estudiantes revoltosos y sus profesores tienen buenos amigos en Occidente, ?no crees?
– Pero cualquiera puede tener un arma asi -respondio ella.
– ?Cualquiera? ?Tu que crees, Friedrich…? ?Has ido esta tarde a la universidad? No se si sabes que ha habido una redada… Me alegro de que no estes entre los detenidos.
– ?Y por que habria de estarlo? Mi hijo ha estado aqui conmigo, y Friedrich sabe que nunca debe meterse en politica, nunca; me ha dado su palabra y se que la cumplira -le interrumpio oportunamente Max.
– Pero los jovenes son discolos y tienen ideas propias, mi querido amigo, aunque me alegro de que Friedrich estuviera aqui, y no tenga nada que ver con los alborotadores.
– Cualquiera puede tener que ver con los alborotadores, todo el mundo se conoce en la universidad -tercio Amelia.
– Dejemos hablar a Friedrich -pidio Ivan Vasiliev.
Yo debia de estar livido. Sentia la mirada del coronel traspasarme como si pudiera leer todos mis pensamientos.
– Yo… la verdad es que me ha puesto nervioso lo que ha contado. No es una buena noticia saber que ha habido una redada, que se han podido llevar a gente que conozco… Y… si puedo ser sincero dire que cuando uno es joven suena con construir un futuro mejor y eso no puede ser un delito.
No se de donde saque fuerzas para esa parrafada, pero parecio impresionar a Ivan Vasiliev.
– Vaya, veo que eres valiente saliendo en defensa de tus companeros. ?Sabes?, tienes razon, cuando uno es joven quiere cambiar el mundo, solo que el mundo ya lo cambiamos los de mi generacion. Gobierna el pueblo y son los hijos del pueblo quienes ahora van a las universidades; todos somos iguales, y estamos construyendo un mundo mejor para todos. Vosotros los jovenes lo unico que teneis que hacer es caminar en la misma direccion.
Me quede callado, me costaba aguantar la mirada de Ivan Vasiliev pero tambien la de mi padre.
– Hay un profesor, un tal Konrad… ha desaparecido, le estan buscando. Parece ser que es el principal agitador. Tu le conoces, ?verdad, Friedrich?
– Es uno de los profesores mas queridos de la universidad.
– Nosotros tambien lo conocemos, incluso en alguna ocasion ha estado en casa, de eso hace mucho tiempo - dijo Amelia con naturalidad.
– ?Y como es que lo conoceis, querida?
– Cuando regresamos a Berlin nos lo presento un amigo, aun no habia Muro… y una noche le trajo a cenar. Fue muy amable, y no me parecio un revolucionario peligroso. Pero de eso hace mas de quince anos.
– ?Y quien era ese amigo que os lo presento?
– Alguien que desgraciadamente ha muerto. Pero en todo caso vivia en Berlin Occidental. Hace unos anos las cosas eran diferentes, los berlineses no estaban separados por ningun muro y la gente iba de un sector a otro… no era tan importante como pensara cada uno. Entonces los alemanes de este lado no se habian vuelto todos comunistas.
– Pues el profesor Konrad es ahora el hombre mas buscado de Berlin…
– Lo encontraran, seguro que lo encontraran. -Amelia hizo esta afirmacion con rotundidad.
– Bien, me alegro de que Friedrich no tenga nada que ver con los alborotadores. Ahora debo marcharme, la cena exquisita, como siempre, querida Amelia.
– Gracias, Ivan.
– Cuidaos, mis queridos amigos, cuidaos.
Hasta que Ivan Vasiliev no se marcho, no respire tranquilo. Mi padre parecia desconcertado.
– ?Que raro! No se, tengo la impresion de que Ivan queria decirnos algo… Espero, Friedrich, que no tengas nada que ver con esos activistas de la universidad…
– No te preocupes, papa.
– Y tu, Amelia… no te comprendo. ?Por que le has dicho que conocemos a Konrad? Hace anos que no lo vemos.
– Porque el ya lo sabe, o si no lo sabe, lo sabra. Es mejor que vea que no tenemos nada que ocultar. Deben de estar investigando a todos los que conocen a Konrad y en algun momento alguien puede acordarse de que nosotros tambien lo conocimos.
Como todas las noches ayude a Amelia a acostar a mi padre y luego me ofreci para fregar los platos.
– ?Que ha pasado? -le pregunte cuando estuvimos solos en la cocina.
– Nada, solo que has de tener cuidado.
– Ha dicho que han matado a Magda… aunque se ha referido a un informador… se trataba de ella, estoy seguro.
– Eso no nos concierne.
– Con un arma pequena, de mujer… es lo que ha dicho.
– De eso ni tu ni yo sabemos nada y yo no tengo ningun interes en saberlo.
– Subiste a casa de Magda…
– No.
– Pero te vi entrar en el portal disfrazada de esa manera y tardaste en salir…
– Estuve vigilando, queria saber si salia de la casa alguien a quien no hubieramos visto. Me marche porque no vi a nadie sospechoso.
– ?No subiste a su piso?
– No, claro que no, ?que tonteria! -me mintio.
– ?Y adonde fuiste despues…?
– A buscar a unos amigos que pudieran avisar a Konrad.
– Lo conseguiste.
– Parece ser que si. Lo estan buscando y aun no lo han encontrado.
Aquella noche tampoco dormi. No supe hasta unos dias despues que Konrad estaba en nuestro sotano. Y pasaron anos hasta que Amelia me conto lo sucedido aquella tarde.
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