buscarlas -dijo Konrad.
– Pero no se donde esta la imprenta -respondi yo.
– Ya lo se, una vez que estes con las chicas, ireis al parque y alli os encontrareis con otro grupo. No os preocupeis, alguien aparecera para guiaros.
Ilse y Magda aceptaron encantadas. Estaban deseando conocer al resto del grupo.
Aquella noche dormi mal y a la manana siguiente Amelia noto mis ojeras.
– ?No has dormido bien?
– Supongo que estoy nervioso por los examenes.
Salimos de casa como todas las mananas y fuimos andando hasta la parada de autobus en la que nos separabamos. Cuando llegue a la universidad me encontre con Use, y hablamos de la reunion de la tarde. Estaba esperando a Magda para entrar en clase, pero se estaba retrasando.
Cuando sali a mediodia para ir a casa, Ilse me alcanzo. Estaba palida, nerviosa, parecia fuera de si.
– Ha ocurrido algo… yo… no se si tiene importancia pero estoy preocupada… Estoy buscando a Konrad pero ya se ha marchado y no tengo el telefono de su casa, ni su direccion, no se que hacer…
– Calmate y dime que ha pasado.
– Magda ha llegado tarde esta manana. Me dijo que se habia encontrado mal y que se habia quedado un rato mas en la cama. No parecia enferma, pero pense que a lo mejor se habia indispuesto por algo pasajero. Pero nos cruzamos con un companero que le pregunto: «Vaya, Magda, ?donde ibas esta manana tan temprano y con tanta prisa? te llame pero ni me oiste… claro que yo tambien voy deprisa cuando paso delante de la KVP… pero me parecio que tu ibas alli…», y luego el se echo a reir y ella hizo lo mismo; pero yo, que la conozco, se que se habia puesto nerviosa.
– ?Desde cuando sois amigas?
– La conozco desde que comenzamos la carrera, pero nos hemos hecho amigas este curso. Es muy inteligente, de hecho es la mejor alumna de Konrad.
– Y tu crees…
– No se, Friedrich… pero me he asustado. Hay informadores por todas partes, sabemos que no debemos fiarnos de nadie… Puede que este siendo injusta con Magda, es lo mas seguro, pero no me quedaba tranquila si no se lo decia a alguien, y como no he encontrado a Konrad… Yo… la verdad es que nunca debi meterme en este lio, no se, yo no creo que las cosas vayan tan mal como dice Magda, pero aun asi… en fin, no me gustaria que a nadie le pasara nada…
– Y yo tengo que ir a buscaros esta tarde a su casa… -me lamente.
– Bueno, Magda me ha dicho que a lo mejor iriamos solas. Me ha pedido que vaya a buscarla a su casa.
– ?Y como pensais llegar si no sabeis donde esta la imprenta?
– Quiere que tu tambien vayas a su casa. No se, Friedrich pero me encuentro mal… no se que pensar…
Yo tampoco sabia ni que pensar ni mucho menos que hacer. Telefonee a Konrad pero en su casa me dijeron que no iria a almorzar. Tampoco me atrevia a hablar con otros companeros y a sembrar dudas sobre Magda. No sabia si Ilse era una paranoica, o si tenia envidia de Magda, o si, por el contrario, sus sospechas estaban fundadas.
Tome una decision que resulto ser la acertada. Cuando llegue a casa, le hice una sena a Amelia y cerre la puerta de la cocina. Mi padre estaba adormilado y no nos presto atencion. Le conte todo lo que sucedia, y pude ver su disgusto cuando se entero de que yo participaba en las actividades de la oposicion universitaria.
– No debes ir a casa de esa Magda, puede ser una trampa.
– O puede no ser nada.
– ?Tienes la direccion?
– Si…
– ?Y a que hora debes estar alli?
– A las seis.
– Iremos antes.
– ?Iremos?
– Si, yo ire contigo.
– Pero…
– ?No hay peros! Haras lo que yo te diga.
No proteste y acepte de buena gana. Salimos de casa nada mas terminar de comer.
Fuimos andando hasta la direccion de Magda y desde lejos Amelia estuvo vigilando para ver si veia algun movimiento extrano. Faltaban tres horas para la cita y ella parecia dispuesta a que esperaramos alli. Yo ya estaba aburrido cuando vimos pararse un coche cerca de la casa de Magda. La vi descender del vehiculo seguida de un hombre y dirigirse a su casa; parecia preocupada. El hombre no estuvo mucho tiempo, porque volvio a salir al cabo de media hora.
– Quedate aqui y no te muevas -me ordeno Amelia.
– ?Donde vas?
– Tu vigila si ves algo sospechoso, no tardare mucho.
El tiempo se me hizo eterno, y estaba distraido cuando escuche la voz de Amelia junto a mi.
– No estas atento.
La mire pero no parecia ella. Llevaba unas gafas de cristal grueso que le cubrian parte del rostro, y un gorro gris que nunca antes habia visto y que le cubria todo el cabello. Tampoco reconoci el abrigo.
– Pero…
– Callate y espera. No te muevas pase lo que pase. Dame tu palabra.
– Pero…
– ?Dame tu palabra!
– Si, te la doy, pero no te entiendo… te has disfrazado y… ?donde vas?
– Voy a casa de esa tal Magda.
– Voy contigo.
– No, tu no te moveras de aqui o me pondras en peligro, y no solo a mi, tu tambien lo estaras, y tu padre, y todos tus amigos.
La vi entrar en el portal de Magda. No salio hasta media hora despues.
– Llamaras a tu amiga Ilse y le diras que te has puesto enfermo, y que ella tambien deberia descansar puesto que esta acatarrada. Espero que sea lo suficientemente lista como para entender que no debe salir de casa.
– Es mejor que vaya yo a su casa…
– No, no iras a decirselo personalmente. La llamaras y le aconsejaras que se meta en la cama y le diga a todo el mundo que esta enferma. ?Lo has entendido?
– Si, pero…
– ?Obedece! Tengo que encontrar a Konrad, esa reunion no se puede celebrar.
Y desaparecio. Se perdio entre la gente. Obedeci. Llegue a casa y telefonee a Use. Podia notar su estupor cuando le dije que debia meterse en la cama hasta que se restableciera del catarro.
– Pero… ?y la cita?
– Haz lo que te digo, ya hablaremos.
Me meti en mi cuarto para evitar que mi padre notara mi nerviosismo.
Amelia llego mas tarde que de costumbre, mi padre estaba nervioso por la espera.
– ?Que te ha pasado? -pregunto mi padre cuando la oyo cerrar la puerta.
– Mucho trabajo, ya sabes que se va a organizar un Congreso por la Paz, y a nuestro departamento lo han cargado de trabajo. Garin no puede con todo y me ha pedido que me quedara para ayudarle.
Yo habia salido de mi cuarto y la mire asombrado de que volviera a ser ella. Las gafas, el gorro de lana, el abrigo… todo habia desaparecido.
Cuando entro en la cocina para hacer la cena oimos sonar el timbre. Ambos nos sobresaltamos, pero fue ella quien acudio a abrir la puerta.
– No se si soy inoportuno… -dijo Ivan Vasiliev mostrando su mejor sonrisa.
