toda la noche hasta que yo apareciera.
Se marcho un poco antes de que lo hicieramos Amelia y yo.
– Estas agotada, hoy no deberias ir a trabajar.
– ?Y que excusa doy? Es mejor comportarnos con normalidad.
El camino hacia las cloacas desde nuestro sotano era un lugar demasiado importante como para que Albert James no intentara utilizarlo en otras ocasiones. Asi que no habia pasado un mes desde la fuga de Konrad cuando Albert James fue en busca de Amelia.
Salia del ministerio cuando un anciano que caminaba con un baston y unas gafas oscuras tropezo con ella.
– Disculpe -le pidio el anciano.
– No se preocupe… no ha sido nada…
– ?Puede ayudarme a cruzar la calle? -le pidio el anciano que parecia estar ciego.
– Desde luego, ?en que direccion va?
El se lo explico y ella se ofrecio a acompanarle un trecho hasta dejarle en un lugar seguro. No habian terminado de cruzar la calle cuando la voz del anciano se transformo en la de Albert James.
– Me alegro de verte.
Ella se sobresalto y a punto estuvo de soltarle del brazo, pero se contuvo.
– Veo que te has convertido en un experto en disfraces.
– Bueno, tu tambien los has utilizado.
– ?Que quieres?
– Que vuelvas.
– No, ya te lo dije, no insistas.
– Ayudaste a Konrad.
– Konrad es un amigo, tenia la obligacion de hacerlo. ?Como esta?
– Feliz, como te puedes imaginar. Dentro de unos dias aparecera publicamente y recibira la bienvenida de nuestra universidad.
– Me alegro por el.
– Necesitamos ese acceso a las cloacas.
– Es muy peligroso, terminaran descubriendo que algunos barrotes de la reja estan sueltos. Y cuando lo hagan, preparan una trampa para cogernos, y tu lo sabes.
– Debemos correr ese riesgo.
– Pero es que yo no quiero correr ese riesgo.
– Puedes salvar vidas…
– ?Vamos, Albert! No intentes conmoverme.
– Ayudanos, Amelia, te pagaremos bien; el doble de lo que recibias.
– No, y no insistas.
– Tengo que hacerlo.
– Pues no lo hagas, y ahora he de irme, creo que podras encontrar el camino solo -le dijo con ironia.
– Necesito tu sotano, Amelia.
– Y Max y Friedrich me necesitan a mi. Y ademas no estoy dispuesta a ayudar a tus amigos alemanes del Oeste, no mientras tengan a su lado a gente que colaboro con Hitler.
Pero Amelia termino cediendo y no por la insistencia de Albert James, sino para hacer un favor a Otto.
Otto habia intimado con el ayudante de un destacado miembro del Comite Central, que decia no compartir los designios de la Alemania de la Republica Democratica.
El hombre gozaba de algunos privilegios, pero no habia podido soportar ver como algunos de sus amigos habian terminado en campos de trabajo por haber mostrado alguna opinion discrepante ante oidos afectos al regimen. Tenia miedo e informacion, una combinacion que resultaba propicia para que Otto le convenciera de que se pasara a la Republica Federal.
– Lleva muchos anos trabajando en el Comite Central, conoce todos sus entresijos, y tiene informacion estrategica que puede ser muy util -le explico Otto a Amelia.
– ?Y yo que tengo que ver con esto?
– Garin me ha dicho que tu puedes ayudarme a sacarle de aqui. Albert esta esperando a que te decidas.
– ?Por Dios, Otto, me estas poniendo entre la espada y la pared!
– Veras, el es un hombre muy especial, tiene alma de artista a pesar de trabajar como burocrata. Es… bueno, es homosexual, aunque pocos lo saben; para el partido esa es una debilidad imperdonable. Tenia un amigo escritor que un buen dia desaparecio. Ha podido averiguar que esta en un campo de trabajo donde le estan reeducando. Teme que ni siquiera su posicion le salve de las sospechas de la Stasi. Ayudame a sacarle de Berlin.
– ?Y si es una trampa? ?Y si te esta enganando para conocer el alcance de la red y para que la Stasi os detenga a todos?
– No, no lo es. Ademas, no me he comprometido a nada. Solo le he dicho que le presentare a un amigo que le puede ayudar. Le sacaremos sin que el sepa adonde va. Cuando quiera darse cuenta, ya estara en el otro lado.
– No es tan facil pasar al otro lado.
– Lo se, pero en todo caso el no sabra cuando va a pasar. Amelia, creo que le siguen los pasos. Su amigo el escritor no se ha recatado criticando a nuestros politicos, bien es verdad que lo ha hecho en circulos restringidos, pero ya sabes que la Stasi tiene ojos y oidos en todas partes.
– Lo pensare.
A Amelia le fastidiaba dar marcha atras en lo que le habia dicho al periodista: que nunca mas trabajaria para ningun servicio secreto. Despues de darle muchas vueltas llego a un acuerdo consigo misma y con Albert.
– No cobrare ni un marco por ayudar a sacar gente de Berlin. Lo hare cuando yo quiera y dirigire yo cada operacion, desde el dia y la hora hasta quien vendra conmigo para ayudarme.
Albert intento convencerla para que aceptara alguna remuneracion, pero ella se nego en redondo.
Tras sacar al burocrata del Comite Central, otros hombres pasaron por el sotano de nuestra casa. Hasta que Amelia decidio cegar aquella via de escape despues de una de las visitas de Vasiliev.
Creo que fue a principios de los anos setenta cuando Ivan nos anuncio que regresaba a Moscu.
Se habia presentado de improviso cargado de bolsas con regalos de despedida.
Dos botellas de conac para Max, otra de vodka, aceite de oliva, jabon suave, mantequilla, mermelada, unos vaqueros para mi… Parecia el Abuelo Invierno repartiendo sus regalos de Ano Nuevo.
– He venido a despedirme, regreso a Moscu.
Le preguntamos, preocupados, que habia pasado para que tuviera que regresar.
– La edad, amigos mios, tengo que jubilarme.
– Pero ?por que? ?Aun eres joven! -exclamo Amelia.
– No, no lo soy, voy a cumplir setenta y cinco, ya es hora de descansar. En realidad deberia haber regresado hace tiempo.
– El camarada Leonidas Brezhnev tampoco es un nino -dije yo, pesaroso por la marcha de Ivan Vasiliev, a quien habia llegado a apreciar a pesar de ser de la KGB.
– ?Ah, mi querido Friedrich! Para los politicos no rigen las mismas consideraciones que para el resto de los hombres. Nuestro lider esta en la cumbre; tras el cese de Nikolai Podgorni, es el primer dirigente que se convierte en jefe del Estado a la vez que secretario general del partido. Todo el poder esta en sus manos. Espero llegar a tiempo para celebrar el sesenta aniversario de la revolucion. Dicen que el camarada Brezhnev esta preparando una celebracion extraordinaria.
Jugo la ultima partida de ajedrez con Max como siempre hacia, y alabo la tortilla de patatas de Amelia. Despues de la cena, mientras tomabamos un vaso de vodka, busco la mirada de ella.
– ?Sabes?, nuestros amigos de la Stasi estan preocupados por algunas de las ultimas fugas. Se preguntan que via de escape, que aun no han descubierto, estaran utilizando los norteamericanos para sacar a algunos traidores de Berlin. Hay un joven comandante que dice tener una idea de lo que puede estar pasando.
Puede que si o puede que no. Los jovenes son ambiciosos, pero a veces aciertan. ?Sabes lo que cree? Pues que pueden estar utilizando las cloacas. ?Imaginate! De manera que van a vigilarlas noche y dia hasta comprobar si el
