– No, nunca dejare a Max, nunca.

– Has sacrificado tu vida por el.

– Yo le quite la suya, es justo que le de la mia.

– No continues atormentandote por lo que sucedio en Atenas, tu no sabias que Max iba en ese convoy, no tuviste la culpa.

– Yo aprete el detonador, fui yo quien apreto el detonador a su paso.

– En la guerra hay victimas inocentes; miles de ninos, mujeres y hombres han perdido su vida. Al menos Max esta vivo.

– ?Vivo? No, tu sabes que murio aquel dia. Le quite la vida. ?Como puedes decir que esta vivo? Vive confinado a esa silla de ruedas, sin salir de esa habitacion. No le queda familia y tampoco ha querido que buscaramos a alguno de sus antiguos amigos. Se que la mayoria estan muertos, pero acaso quede alguien… Sin embargo no ha querido, no soportaria que nadie que le conociera del pasado le viese reducido a un pedazo de carne sobre una silla de ruedas. Y yo he sido quien le ha condenado a estar en esa silla de ruedas.

Amelia fue en busca de mi padre para que se despidiese de Albert, y luego me llamo a mi. Hice un esfuerzo para no evidenciar mis sentimientos. Estaba en estado de shock: acababa de saber que Amelia habia causado la desgracia de mi padre. Yo sabia que el habia perdido las piernas en un acto de sabotaje de la Resistencia griega, pero ahora tambien sabia que quien habia apretado el detonador habia sido Amelia.

A duras penas logre apretar la mano de Albert para la despedida. Cuando se marcho me encerre en mi habitacion y comence a llorar. La odiaba, la odiaba con toda mi alma, y la queria, la queria con toda mi alma, y me odiaba a mi mismo por quererla.

4

Tome una decision. Hacia tiempo que habia terminado la carrera y trabajaba como medico en el hospital de Berlin. En aquellos anos habia consolidado mi relacion con Use, quien me insistia en que nos casaramos o nos fueramos a vivir juntos. Yo me resistia porque me parecia que dejar a Amelia y a Max era tanto como desertar. El era un invalido cuya salud empeoraba dia a dia y Amelia le dedicaba cada minuto de su vida. Hasta aquella noche habia creido que les unia un amor que no conocia limites, pero ahora sabia que lo que les unia era mas fuerte y doloroso que el amor.

Hacia tiempo que Ilse habia dejado de vivir con sus padres, y decidi marcharme a su casa aquella misma noche. Busque un par de bolsas y meti algo de ropa. Sali de la casa sin hacer ruido.

Al dia siguiente fui con Ilse a recoger el resto de mis cosas. Mi padre no entendia que hubiera adoptado una decision tan repentina.

– Me parece bien, pero asi… sin decirnos nada -se lamento.

– O lo hago asi o nunca sere capaz de marcharme.

– Friedrich tiene derecho a buscar su propio camino y a tener su propia vida. Hemos tenido la suerte de tenerle con nosotros mas tiempo del que podiamos esperar -intervino Amelia-, pero te echaremos de menos.

Me calle y no dije que yo tambien les extranaria a ellos, porque en aquel momento necesitaba alejarme.

– Vendremos a menudo, ?verdad, Use? -Pues claro que si. Ademas, mi estudio no esta tan lejos de aqui, andando no se tarda mas de media hora.

Pero mis visitas fueron espaciandose, y me sentia culpable por ello. Necesitaba encontrarme a mi mismo, poner en orden mis sentimientos. Sabia que mi padre sufria porque no iba a verle y que eso deterioraba su salud, pero no era capaz de cambiar mi actitud. Incluso cuando nacio mi primer hijo tampoco hice nada para que mi padre disfrutara de su condicion de abuelo.

Una noche, Amelia me telefoneo alarmada. Mi padre parecia estar sufriendo un ataque y me pedia que fuera cuanto antes.

Cuando llegue creia que se moria, estaba sufriendo una crisis cardiaca, afortunadamente llegamos a tiempo al hospital.

Mis colegas del departamento de cardiologia me habian advertido de que no tuviera muchas esperanzas, pero no contaban con la voluntad de mi padre de seguir viviendo. Estuvo hospitalizado un mes y luego le dieron el alta. A partir de ese momento me impuse a mi mismo no hacerle sufrir mas de lo que ya sufria y converti en costumbre visitarle todas las tardes cuando salia del hospital y antes de ir a casa.

Con Amelia mi relacion habia cambiado desde la noche en que la oi hablar con Albert, y me daba rabia que ella no me reprochara mi cambio de actitud. Simplemente lo aceptaba como parecia aceptar todo lo que le habia sucedido a lo largo de su vida.

A mi padre le alegro que Ilse y yo comenzaramos a llevar a los ninos con frecuencia. Le gustaba leerles cuentos y ensenarles a jugar al ajedrez. Amelia, por su parte, ejercia como la mejor de las abuelas. Pero ella seguia siendo algo mas que una apacible abuela.

Ilse trabajaba en un instituto de Investigacion, donde algunos de sus companeros cientificos eran contrarios al regimen. Ella conocia y simpatizaba con muchos de los opositores, pero se mantenia alejada de sus actividades.

Hasta que un dia se vio implicada en un suceso.

Fue a primera hora de la manana, porque a Ilse siempre le gustaba llegar una hora antes que el resto de sus companeros, decia que asi tenia tiempo para organizar la jornada. Creia estar sola, cuando uno de sus colegas entro en la sala.

– Hola, Erich. ?Que haces tan temprano aqui?

El no respondio y cayo al suelo desmayado. Ilse se asusto, se acerco a el y vio que estaba sangrando. Le incorporo como pudo e intento reanimarle.

– No avises a nadie -le suplico el con apenas un hilo de voz.

– Estas herido, necesitas un medico.

– ?Por favor, no lo hagas!

– Pero…

– ?Por favor! Ayudame a esconderme. ?Te lo ruego!

Se puso nerviosa, sin saber que hacer. Penso en telefonearme al hospital, pero sabia que los telefonos estaban intervenidos, y si me pedia que acudiera de inmediato, sospecharian.

Sin saber como, Ilse logro llevarle hasta un cuarto que servia de almacen.

– Tendre que buscar a alguien para que nos ayude a sacarte de aqui. ?Puedes decirme que ha sucedido?

– Una redada… han disparado… pero he logrado huir.

Ilse no sabia que hacer, no queria comprometerme, pero tampoco confiaba en nadie lo suficiente como para pedir ayuda. Sin embargo sabia que habia una persona en quien si podia confiar, que no preguntaria nada, que la ayudaria.

Encerro a Erich en el cuarto, y salio corriendo del Instituto de las Ciencias para ir a casa de Amelia y de Max.

Amelia abrio la puerta y vio la desesperacion y el miedo en el rostro de Ilse.

– ?Ayudame! No se que hacer.

Le conto lo que sucedia y Amelia le pidio que se tranquilizara y que aguardara unos minutos.

La acompano al instituto, donde a aquellas horas ya empezaban a llegar cientificos y empleados. Entraron caminando tranquilamente. Amelia le pidio a Ilse que actuara con naturalidad.

Llegaron hasta el almacen e Ilse abrio la puerta.

Le sorprendio que Amelia sacara del bolso una venda y que despues de examinar de donde provenia la sangre, vendara fuertemente el torso de Erich.

– ?Podra andar?

– No lo se…

– Tendra que hacerlo si quiere salir de aqui.

Вы читаете Dime quien soy
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату