que haya algun tunel de metro cerca de aqui…

– Lo mismo es la cloaca, en el jardin que da al edificio hay una alcantarilla, esta disimulada por las plantas. La tapa no se puede levantar. Cuando era pequeno lo intente en varias ocasiones. Me gustaba jugar a descubridor de tesoros, y bajar a las alcantarillas me parecia toda una aventura. Pero no lo consegui.

Subimos a casa, y Albert pregunto cuantos metros nos separaban del Muro.

– Dos metros de la alambrada y veinte del Muro, pero si tienes razon y en ese hueco del sotano se filtra aire de las alcantarillas, debes saber que han tapiado todas las compuertas que dan al otro lado de la ciudad, y que hay patrullas vigilando continuamente las cloacas. Imagino que si Friedrich tiene razon y en el jardin hay una rejilla que da entrada a las cloacas, este tramo debe de estar aun mas vigilado puesto que nos encontramos cerca del Muro - comento mi padre.

– Me gustaria volver a echarle un vistazo. Vere si me puedo hacer con un mapa de como estaban las cloacas de Berlin antes de la guerra. Si fuera asi… quiza nos podria servir para sacar a gente de aqui.

– Ya te he dicho que no trabajo para ti. -Amelia hablaba en voz baja pero con furia.

– ?Te negarias a salvar vidas? Porque a veces es de lo que se trata, de salvar la vida de alguien. No imaginas lo dificil que es sacar a la gente de aqui, cada vez mas. Hemos desarrollado nuestro ingenio, pero no mas que los rusos o los de la KVP. ?No lees los periodicos? Hace dos semanas murio otro hombre intentando saltar el Muro. ?Cuantos mas crees que van a morir?

– Se te hace tarde -le corto mi padre.

– Si, tienes razon. Gracias por haber cuidado de Walter.

– No me des las gracias, le queremos -dijo Amelia.

Salieron de casa y se perdieron entre las sombras de la noche. No se si Amelia llego a saber como le sacaron de Berlin. Y si lo supo, nunca nos lo dijo.

La posibilidad de que nuestro sotano conectara con las cloacas habia prendido en Amelia. De manera que en cuanto pudo, ella misma comenzo a intentar hacer un agujero en la pared del hueco del sotano por donde creiamos que se filtraba aire. Yo la ayude, pese a las protestas de mi padre, que nos conminaba a que lo dejaramos estar. No nos costo mucho hacer un pequeno agujero, pero la negrura era absoluta, de manera que con un haz de luz de la linterna iluminamos la oscuridad temiendo lo que podiamos encontrar. Oiamos ruido de agua y pudimos ver que el agujero daba a otro hueco que a su vez conectaba con las cloacas.

– No se escucha nada, de manera que abriremos mas la brecha en la pared y me deslizare al otro lado con una linterna, quiero ver adonde llega -dijo Amelia.

– Ya has oido a mi padre, los soldados patrullan las cloacas y con mas motivo en los lugares cercanos al Muro. Es peligroso.

– Si, ya lo se, pero mientras lo hago, ves pensando en como podemos disimular el agujero. Si los soldados pasan, no creo que se metan en este hueco que da al nuestro; pero aun asi, debemos disimularlo lo mejor posible.

– Pero ?para que quieres hacer esto? -pregunte, nervioso.

– No lo se, quien sabe si algun dia lo podemos necesitar.

– Dejame que te acompane, habra ratas.

– No, ire sola. No es la primera vez que ando por las cloacas. Ya se como huelen y que me puedo encontrar.

Fuimos quitando los ladrillos con cuidado, hasta que Amelia pudo saltar al otro lado. Vi como se perdia en las profundidades del subsuelo berlines con tan solo un haz de luz. Paso cerca de una hora y me asuste porque a lo lejos escuche pisadas fuertes y voces. No respire tranquilo hasta que la vi regresar. Olia a suciedad, tenia las manos raspadas y las botas mojadas, pero parecia contenta.

– ?Se te ha ocurrido algo para disimular el paso?

– Si, haremos un bloque con los ladrillos que hemos ido quitando, luego los volveremos a poner, y asi, en caso de necesidad, sera facil levantarlos. Pero dime, ?que ha pasado? He escuchado voces.

– Y yo tambien, casi me muero del susto. Tuve que apagar la linterna. Habia una patrulla, creo que eran cinco o seis hombres, hablaban entre ellos, pasaron cerca de mi, pero no me vieron. Me quede muy quieta hasta que les oi alejarse.

– De manera que mi padre tiene razon y hay soldados patrullando las cloacas…

– Asi es. Ahora vayamos a casa, manana volvere a bajar.

– ?Para que?

– Quien sabe si encontramos la manera de llegar al otro lado…

– Es imposible, mi padre ha dicho que han cegado todas las compuertas.

– Ya, pero las aguas residuales continuan pasando…

– ?No pretenderas meterte en esas aguas! -exclame, horrorizado.

– Ya veremos, ya veremos…

Unos dias despues, mientras Amelia estaba en el archivo ordenando unas carpetas, Garin se acerco a ella. Estaban lejos de las miradas del resto de los funcionarios del departamento, de manera que podian hablar tranquilos.

– Walter ha llegado bien, queria que lo supieras.

– ?Gracias a Dios!

– Albert se ha arriesgado mucho.

– ?Como le saco?

– No lo se.

– ?Vamos, Garin!

– Lo que si me ha pedido Albert es que te diga que ira a visitarte. Al parecer tienes un sotano muy interesante.

– Ya le dije que se olvidase de mi.

Garin sonrio, se encogio de hombros y salio del archivo.

Ni mi padre ni Amelia sabian que yo pertenecia a un grupo de estudiantes que se reunia periodicamente con Konrad. Hablabamos de politica y organizabamos actividades dentro de la universidad en las que, con mucha cautela, intentabamos burlar la censura.

Obras de teatro, lecturas de textos, musica… todo nos servia para creer que estabamos haciendo una dura oposicion a las autoridades de la Republica Democratica. Sin duda en la universidad habia informadores de la policia, pero estabamos convencidos de que nuestro grupo era impenetrable.

Nadie entraba sin el visto bueno de Konrad, de manera que cuando el se presento con dos chicas a los ensayos de una obra de teatro que estabamos preparando, no desconfiamos de ellas.

– Os presento a Ilse y a Magda, son dos de mis mejores alumnas.

Ademas de la obra de teatro, estabamos organizando una jornada de protesta en la universidad. Ibamos a reclamar mas libertad, y que liberaran a un profesor de historia al que habian detenido acusandole de actividades contrarias a la Republica Democratica.

Pensabamos organizar una marcha silenciosa por el campus y llevar pancartas con una sola palabra escrita: «Libertad». No se gritarian consignas, marchariamos en silencio. Creiamos que una manifestacion silenciosa seria muy efectista. Tambien preparabamos octavillas reclamando la libertad del profesor detenido con las que pensabamos inundar todo el recinto.

Me quede prendado de Ilse nada mas verla. Parecia una valkiria: rubia, alta, delgada, con los ojos azul oscuro… Era una belleza. Magda tambien, aunque era diferente a Use. El cabello de Magda era negro, la piel muy blanca, los ojos verdes. No era tan alta como Use, ni tan delgada, pero era imposible no fijarse en ella.

Se acercaba la fecha de la manifestacion y Konrad habia previsto una reunion en la pequena imprenta en la que imprimia nuestro material clandestino. Ninguno de nosotros sabia donde estaba la imprenta, pero lo mas importante es que a la reunion iba a acudir la plana mayor que dirigia la oposicion en la universidad y en los circulos intelectuales que apoyaba el movimiento clandestino.

– Creo que Ilse y Magda deberian venir a la reunion. Asi conoceran al resto de la gente. Friedrich, tu iras a

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