especializarse en medicina interna, y Max le dice que debe ser mas ambicioso.

– Pues creo que tu padre tiene razon. Eres un alumno brillante que puede aspirar a mas que a ser un medico generalista. Un buen cirujano, un neurologo, un especialista, siempre tiene mas peso.

– ?Para que? Prefiero hacer lo que me gusta, y lo que me gusta es ser como mi padre -respondi yo, siguiendo el juego de Amelia.

– No quiere hacerme caso -se lamento Max.

– O sea que no he llegado en un buen momento…

– ?Claro que si! Gracias a ti se ha acabado la discusion, y asi podremos cenar tranquilos. -Amelia le sonreia con una inocencia tal que parecia autentica.

La tortilla estaba buenisima, e Ivan Vasiliev le prometio a Amelia que volveria a conseguir mas botellas de aceite de oliva espanol con la condicion de que le invitara a degustar lo que condimentara con el aceite. Despues jugo una partida de ajedrez con mi padre, pero este estaba distraido y no lograba centrarse, de manera que Ivan Vasiliev no insistio en darle la revancha.

– Volvere pronto, queridos amigos. Y… cuidate mucho, Amelia.

– Si, claro, ya lo hago.

Cuando Ivan Vasiliev se marcho, nos preguntamos por aquella recomendacion. Mi padre sugirio que aquella visita no habia sido casual, como tampoco las ultimas palabras del sovietico. Pero Amelia no nos permitio seguir especulando.

El pobre Walter se habia quedado sin cena, y tuvo que conformarse con una taza de leche y un bizcocho.

– Tenemos que estar mas atentos, hoy ha sido Ivan Vasiliev quien nos ha cogido desprevenidos, pero ?y si llega ha ser la KVP…? -advirtio mi padre.

– Nuestra casa esta encima del sotano, quiza deberiamos hacer un agujero y conectarlos -propuse yo.

– ?Estas loco! Se enteraria todo el vecindario si comenzamos a dar golpes para hacer un agujero en el suelo, y ademas no sabemos lo solido que es, ni con que nos vamos a encontrar -objeto mi padre.

– Creo que Friedrich tiene razon -replico Amelia, a quien las objeciones de Max no habian convencido-, si alguien se presenta de improviso, no nos daria tiempo a sacar de aqui a Walter. Tampoco podemos confinarle todo el tiempo en ese agujero oscuro del sotano. Comunicaremos nuestra casa con el sotano; lo haremos nosotros mismos con cuidado, procurando no hacer demasiado ruido. Si los vecinos preguntan, diremos que estamos haciendo una pequena obra porque la casa esta un poco deteriorada.

– ?Cuando empezamos? -Yo estaba entusiasmado con que Amelia hubiera aceptado mi propuesta.

– Ahora mismo, pero haremos el agujero desde abajo. Veremos si se oye el ruido.

Walter y yo bajamos al sotano con una linterna y calculamos el lugar que creiamos que se correspondia con la cocina. Empezamos a picar el techo del sotano. Amelia bajo al cabo de unos minutos asegurando que no se oia demasiado ruido, pero que aun asi debiamos tener cuidado. Envolvimos las herramientas en trapos para amortiguar el ruido de los golpes, y trabajamos un buen rato, hasta que Amelia nos mando ir a dormir.

En un par de dias habiamos hecho el agujero. Podiamos haberlo terminado la noche que comenzamos, pero Amelia no nos lo permitio. Preferia que fueramos despacio para no llamar la atencion. El agujero en el techo del sotano coincidia con una pequena despensa junto a la cocina donde Amelia guardaba la escoba, el recogedor, la plancha y otros utensilios de la casa. Disimulamos lo mejor que pudimos el agujero, pero antes comprobamos que Walter cabia por el y colocamos en el sotano un viejo colchon para que cuando se deslizara no se rompiera una pierna. Casi deseaba que Ivan Vasiliev nos volviera a visitar para comprobar la efectividad de mi idea.

Garin le dijo a Amelia que Albert ya estaba al tanto de la situacion y que se habia comprometido a hacerse cargo de Walter.

Una tarde en la que Amelia cogio el autobus para regresar a casa, un hombre se sento a su lado. Parecia un trabajador de alguna fabrica. Cabello gris, bigote, gorra calada, gafas, gruesos guantes y bufanda, y un abrigo desgastado por el uso.

– Ni hables ni te muevas.

A Amelia le costo no hacerlo. Reconocia la voz de Albert James en aquel hombre cuyo aspecto la resultaba desconocido.

– Hemos comprobado que nadie vigila tu casa. Hacia mucho tiempo que no veias a Iris, quiza sea por eso, o quiza porque no se atreven a vigilar a una amiga del coronel de la KGB Ivan Vasiliev.

– Le pedi a Garin que te explicara la aparicion de Ivan Vasiliev.

– Y lo hizo. Recuerdo bien lo de Moscu, pero entonces tu decias que era un pusilanime, un hombre asustado. Ahora es todo un coronel, con una medalla al valor conseguida en el frente. Y uno de los hombres mas peligrosos que existen. Sabemos que ha colocado topos en lugares estrategicos de Occidente, pero no sabemos donde. Solo que hay informacion sensible que llega a sus manos. Es amigo tuyo, y por tanto puedes ayudarnos.

– ?A traicionarle? No, no lo voy a hacer.

– Es curioso, no te importo enganar a Max y tienes escrupulos para hacerlo con el coronel Vasiliev.

– Se que es muy sutil la linea entre la mentira y la traicion, pero yo nunca senti que traicionaba a Max. Sabia que queriamos lo mismo, acabar con Hitler. Pero no voy a discutir eso contigo. Ya no trabajo para ti. Creia que estabas aqui para sacar a Walter.

– Si, a eso he venido, pero tambien para pedirte que nos ayudes a descubrir a un topo que Vasiliev ha infiltrado no sabemos donde, pero que tiene acceso a informacion nuestra y de los britanicos.

– Con quienes seguis compartiendolo todo.

– Casi todo. Son nuestros primos hermanos.

– Ya te he dicho que no voy a volver a trabajar para vosotros.

– Piensalo. Ire a por Walter esta noche.

– ?Como le sacaras?

– Eso permiteme que no te lo diga.

Cuando Amelia llego a casa, pidio a Walter que se preparara.

– Te iras esta noche.

– Yo… yo quiero quedarme aqui, con vosotros.

– No es posible y tu lo sabes. Estaras bien, ya lo veras y cumpliras los suenos de tu madre. Vas a tener una buena vida, te lo prometo.

Pero Walter se echo a llorar, esta vez no reprimio las lagrimas tantas veces silenciadas desde la muerte de su madre.

Max vigilaba la calle y no vio a ningun coche ni a nadie sospechoso. Pero de repente creyo ver una sombra acercarse al jardin que daba acceso al edificio.

– Puede que sea Albert. Ojala, dentro de dos minutos los focos de los guardias iluminaran la zona.

Mi padre tenia cronometrado cada cuanto tiempo los focos iluminaban nuestra zona por las noches, y lo que tardaban las patrullas en pasar.

Amelia salio al portal y abrio la puerta, esperaba que fuera Albert y se quedo esperando en la oscuridad.

Era el. Entro con paso rapido en nuestra casa. Al igual que le habia pasado a Amelia, tambien a nosotros nos costo reconocerle.

Walter se habia escondido en la despensa y tenia la trampilla levantada por si tenia que esconderse en el sotano.

– Muy ingenioso -admitio Albert cuando le contamos lo que habiamos hecho.

Amelia le explico que solo nosotros teniamos llave del sotano, y que yo habia encontrado un hueco en el suelo que podia servir de escondite.

– Hay aire, lo que no se es de donde proviene.

– ?Me dejas una linterna para echar un vistazo? -pidio Albert-. Si, claro que si, pero ?no se hara tarde? - pregunto Amelia, nerviosa de que pasara el tiempo y eso dificultara que pudiera llevarse a Walter.

Acompane a Albert al sotano, deslizandonos por el agujero que habiamos hecho en la despensa. Le ayude a examinar el hueco que habia en el suelo del sotano. Encendio una cerilla para ver de donde llegaba el aire y descubrimos una fisura en una pared.

– Es un muro delgado que da a alguna parte, incluso… no se, pero parece que se escucha algun ruido, puede

Вы читаете Dime quien soy
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ОБРАНЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату