– Quiza me permita acompanarla, asi recordaremos viejos tiempos.
Iba a despedirme, pero decidi que yo tambien acompanaria a Amelia al trabajo. Estaba tensa, palida, como si aquel hombre fuera un fantasma.
– Siempre quise decirle que senti mucho lo que paso. Fue una imprudencia por parte de Pierre ir a Moscu.
– Le ordenaron hacerlo.
– Debio seguir las recomendaciones de Igor Krisov.
– ?Ha vuelto a verle?
– ?A Krisov? No, nunca. Puede que este muerto. No lo se.
– ?Que hace aqui? -insistio Amelia.
– Como usted sabe la Union Sovietica presta una valiosa ayuda a nuestros camaradas de la Republica Democratica. Me han destinado aqui como asesor en el Ministerio de Seguridad.
– De manera que ahora si confian en usted.
– Si.
– Incluso mucho, de lo contrario no le habrian enviado aqui…
– Bueno, ahora que ya cree saber que cuento con la confianza de los mios, ?que me dice de usted?
– No hay nada especial que contar. Vivo en Berlin.
– ?Y por que en este Berlin? Una joven como usted encajaria mejor en la otra zona.
– Usted no sabe nada de mi. ?No recuerda que yo tambien era militante comunista?
– Tiene razon, apenas tuvimos tiempo de conocernos. Fue usted muy valiente intentando salvar a Pierre con ayuda de ese periodista norteamericano. Casi lo consigue.
Llegamos a la puerta del ministerio y se despidieron con un apreton de manos. El le pregunto nuestra direccion para visitarnos, y Amelia no tuvo mas remedio que proporcionarsela.
Cuando ella se fue, aquel hombre volvio a mirarme de arriba abajo.
– Asi que es usted hijo de Amelia…
– Bueno, en realidad… se podria decir que soy como su hijo, me ha criado ella. Mi padre y Amelia viven juntos hace una eternidad.
– ?Y a que se dedica su padre?
– Desgraciadamente fue herido durante la guerra, esta invalido, no tiene piernas.
– Les visitare una tarde de estas, espero que ni a usted ni a su padre les moleste.
– ?Oh, no!, venga cuando quiera, los amigos de Amelia son siempre bienvenidos.
Cuando regrese a casa por la noche, encontre a Amelia contandole a mi padre lo sucedido. Fue en ese momento cuando descubri que Amelia habia estado enamorada de un agente sovietico que se llamaba Pierre.
– Ivan Vasiliev se porto bien conmigo, aunque tenia miedo -nos explico Amelia-. Cuando fuimos a Moscu, a Pierre le pusieron a las ordenes de Vasiliev. Fue muy correcto con el, aunque Pierre me comentaba que parecia inseguro, pero que era un buen hombre. Fue el quien me dijo que habian detenido a Pierre porque sospechaban de el al haber sido uno de los agentes controlados por Igor Krisov, otro espia al que acusaban de traicion por haber desertado. Cuando conoci a Ivan Vasiliev era sobre todo un hombre con miedo; ahora parece cambiado, no solo porque ha envejecido… es como si ahora le fuese bien.
– Me preocupa que sea un hombre de la KGB -afirmo Max.
– A mi tambien -acepto Amelia.
Ivan Vasiliev se presento en nuestra casa dos dias despues. Trajo una botella de vino del Rin, un paquete de salchichas y un trozo de pastel.
Se mostro encantador, ayudo a Amelia a preparar las salchichas y a mi a poner la mesa, y jugo una partida de ajedrez con mi padre. Si le sorprendio que hubiera sido oficial de la Wehrmacht no lo dijo, aunque escucho con interes cuando ella explicaba como Max habia pertenecido a un grupo de oposicion a Hitler.
– Una sola bala habria evitado la guerra, pero ninguno de nosotros se atrevio a dispararla contra el Fuhrer - admitio mi padre.
– No creo que los rusos puedan sentirse muy orgullosos del Pacto Ribbentrop-Molotov -dijo Amelia, intentando provocar a Ivan Vasiliev.
– Pura tactica. Stalin en aquel momento evito la guerra -replico aquel hombre.
– Solo la aplazo y destrozo la moral de miles de comunistas que jamas entendieron que la Union Sovietica pactara con Hitler -respondio Amelia.
– Sin nosotros jamas se hubiera derrotado a Hitler -sentencio Ivan Vasiliev.
– Es cierto, pero si el Fuhrer no hubiera invadido la Union Sovietica, ?que habrian hecho? ?Le habrian permitido que continuara con sus atrocidades?
– La historia es la que es, no la que pudo ser o dejar de ser. Hitler se equivoco al atacarnos, lo mismo que Napoleon. Y aqui estamos.
No se por que, pero mi padre simpatizo con Ivan Vasiliev y este con el. Parecian sentirse comodos el uno con el otro. Despues de esa noche fueron otras muchas las que compartimos con Ivan Vasiliev. Al principio Amelia estaba tensa, pero poco a poco se relajo. Era evidente que el era uno de los miembros de la KGB destinado en Berlin, luego debia de contar con la confianza absoluta de sus jefes. Si habia sobrevivido a las purgas de Stalin es que era un hombre duro e inteligente.
Amelia le conto a Garin su reencuentro con Ivan Vasiliev y le pidio que se lo dijera a Albert James.
– ?Quieres volver a la accion? -le propuso Garin.
– No, de ninguna manera. Si te pido que se lo digas a Albert es porque ambos coincidimos con el en Moscu hace muchos anos.
– De manera que hace mucho tiempo que os conoceis…
– Mucho mas del que puedas imaginar.
– Tener como amigo a alguien de la KGB es una gran oportunidad…
– ?Oportunidad para que? Ya te he dicho que no quiero volver a trabajar ni para Albert ni para nadie. Estamos bien asi, Max ahora es feliz, duerme tranquilo y yo tambien.
Pero la suerte no estaba de nuestra parte. Walter, el hijo de Iris, que ya era un jovencito que tenia trece o catorce anos, se presento una noche de improviso en nuestra casa. Estabamos en visperas de Navidad, aunque el partido habia desterrado la festividad sustituyendola por vacaciones de invierno, de manera que no habia clases.
– Mi madre me ha dicho que venga aqui y que avises a Garin. Cree que sospechan de ella y que la van a detener.
Walter estaba asustado y temblaba. Tenia el rostro enrojecido y hacia un gran esfuerzo para no llorar.
Amelia intento tranquilizarle. Me mando que le trajera un vaso de agua de la cocina y le pidio que se sosegara.
– Y ahora cuentame lo que ha sucedido -le pidio a Walter.
– No lo se. Mi madre lleva varios dias nerviosa, dice que esta segura de que la siguen. Se pasa las noches mirando a la calle a traves de las cortinas. No quiere que responda al telefono, y me ha prohibido que lleve a ningun amigo a casa. Esta tarde, cuando he llegado, la he encontrado con todas las luces apagadas. Me ha dado un dinero que tenia guardado, dolares norteamericanos, y me ha mandado aqui. Me ha dicho que no debia ponerme en contacto ni con Garin, ni con Konrad, ni con Otto, que eso ya lo harias tu, y que confiara en ti, que si alguien podia salvarme eras tu. Luego me ha dicho que viniera aqui pero no directamente, que debia coger varios autobuses en direcciones distintas, y tambien caminar, y cuando estuviera seguro de que nadie me seguia, venir a tu casa. No se lo que pasa, solo que ella estaba muy asustada.
– No puede quedarse aqui -intervino Max-. Si estan siguiendo a Iris, tarde o temprano buscaran en casa de todos sus amigos y tambien vendran aqui, y si encuentran a Walter, creeran que sabemos donde esta ella.
– Pues se quedara -respondio Amelia, plantandose ante Max con una furia que me sorprendio.
– No he dicho que no debamos ayudarle, sino que no debe estar aqui -respondio el muy serio.
– ?Y donde quieres que le lleve?
