– No… no, senora.
– Entonces, ?como vas a tener un hijo?
La mirada helada de Amelia hizo que Agueda bajara la cabeza avergonzada. Javier miraba a las dos mujeres sin entender lo que pasaba, pero, consciente de la tension, empezo a hacer pucheros.
– Mama, quiero ir a casa.
– Yo… lo siento, senora.
– ?Duermes en mi cama?
– ?Por Dios, senora, no me diga eso! ?Que quiere que haga? Yo… Don Santiago es muy bueno conmigo y yo quiero mucho al nino, y ya ve como el nino me quiere a mi. Estas cosas pasan, usted lo sabe bien… dejo a su marido.
– ?Como te atreves a compararte conmigo! Yo no me he metido en la cama de ningun hombre casado ni le he robado a ninguna madre el carino de su hijo.
Javier comenzo a llorar asustado por el tono de voz de Amelia, que apenas podia controlar su rabia.
– ?Por Dios, senora, no hable asi delante del nino!
– ?Como te has atrevido! Te recomendaron a mis padres como una persona decente, pero no debimos fiarnos de ti, al fin y al cabo te habian dejado prenada sin estar casada.
– ?Por favor, Amelia, no te rebajes asi! -dijo Laura, intentando llevarse a su prima.
– Usted no es quien para juzgarme, no es mejor que yo, si no tiene el carino de su hijo no es culpa mia, usted lo dejo.
Laura tuvo que sujetar a Amelia para impedir que abofeteara a Agueda. Jesus y yo nos habiamos quedado petrificados por la violencia de la escena.
– Vamonos, Amelia. Y tu, Agueda, no debes responder asi a la senora, no olvides quien eres, no tienes ningun derecho a juzgarla y mucho menos a hablarle asi de su hijo.
Agueda, pobre mujer, no sabia que hacer, parecia a punto de llorar.
Laura agarro del brazo a su prima y tiro de ella obligandola a andar. Jesus y yo las seguimos sin atrevernos a hablar. Vimos perfectamente como temblaba Amelia. Cuando llegamos a casa, encontramos a dona Elena muy agitada discutiendo con don Armando. Se callaron al vernos entrar.
– ?Tio, no sabe usted lo que ha pasado! -Amelia se echo llorando en brazos de don Armando.
– Me lo puedo imaginar, tu tia me acaba de contar algo que habia estado guardando en secreto, por eso no queria que vieras a Agueda.
– Pero ?usted sabia…? -Amelia miraba a dona Elena esperando una respuesta.
– Si, hija, si, yo sabia que Agueda esta embarazada de Santiago, que se han amancebado. No te lo dije para no causarte dolor, bastante has sufrido ya.
– Pero, tia, deberia habermelo dicho -se lamento Amelia.
– No me lo habia dicho ni siquiera a mi -afirmo don Armando.
– No queria que nadie sufriera; si me he equivocado, pido perdon, pero mi intencion ha sido buena -se excuso dona Elena.
– ?Como lo ha sabido usted? -pregunto Amelia, a quien se le notaba que estaba haciendo un gran esfuerzo para no enfrentarse a su tia.
– Porque son la comidilla de la gente. Me entere durante una visita en casa de dona Piedad. Ya sabes que antes de la guerra dona Piedad y su marido tenian varias pastelerias en las que nos gustaba comprar. La guerra los dejo sin nada; la pobre mujer esta viuda y enferma y de vez en cuando voy a verla. Alli me entere de lo de Santiago con Agueda. Tu marido la ha convertido en la senora de la casa; aunque no la lleva con sus amistades, si sale con ella y con Javier. Tu hijo cree que Agueda es su madre y Santiago consiente que lo crea.
– Si, supongo que es su manera de castigarme. Sabe que no puedo quejarme de que Agueda se meta en mi cama, pero si del dano que me hace al quitarme el carino de mi hijo.
– Lo siento, Amelia -murmuro don Armando mientras abrazaba a su sobrina-, quiza deberias quedarte y luchar por tu hijo. Iremos a ver a Santiago, yo hablare con el y le hare comprender que no puede dejar a Javier sin su verdadera madre. No creo que don Manuel y dona Blanca esten de acuerdo con lo que hace su hijo. Podriamos hablar con ellos…
– No, tio, es inutil. A Santiago le conozco bien. Me ha querido tanto que ha transformado su amor en odio y nunca me perdonara. Bien me lo merezco; ademas, yo tampoco me perdono a mi misma. De manera que ?como podria exigirle a el que lo hiciera?
Me merecia un castigo y Dios me ha castigado con creces. Solo espero que cuando Javier sea mayor, me escuche y me perdone.»Don Pablo se quedo en silencio, parecia estar reviviendo la escena.
Yo tambien me quede callado a la espera de que me contara algo mas.
– Bien, Guillermo, ahora debera regresar de nuevo a Londres y continuar alli sus pesquisas -sentencio don Pablo.
– ?Caramba con Amelia! Me ha sorprendido que tratara a Agueda como a una cualquiera. Y eso que mi abuela habia sido comunista y era una mujer mas que liberada para la epoca.
– ?Va a juzgar a Amelia?
– No, no es esa mi intencion, solo que me ha sorprendido que tratara asi a la pobre Agueda, que, dicho sea de paso, es la que para mi madre es su abuela y para mi mi bisabuela.
– Amelia estaba profundamente herida y ella misma se juzgaba con dureza. Pero, al fin y al cabo, todos nosotros somos producto de nuestra epoca, y ella habia sido educada como una senorita de la burguesia ilustrada.
– Educada, si, pero ella misma habia roto todas las convenciones sociales de su epoca.
– Si, pero no dejaba de ser quien era, no podia sustraerse a la educacion recibida. En cuanto a que su bisabuela fue comunista, yo no diria tanto. Se enamoro de Pierre Comte, que si lo era, pero en realidad ella era una joven idealista con la cabeza llena de pajaros, y no tenia una idea cabal de lo que significaba ser comunista.
Regrese a Londres y telefonee a lady Victoria y al mayor Hurley. Lady Victoria se encontraba en la Costa Azul en un campeonato de golf. ?La muy traidora! En cuanto al mayor Hurley, me recibio tres dias mas tarde de lo previsto.
El mayor tenia informacion precisa de cuanto me habia contado su pariente, lady Victoria; incluso me enseno algunas notas que ella le habia dejado por si le podian ser de utilidad cuando hablara conmigo. De manera que fue al grano y me recordo, una vez mas con gesto sombrio, que no tenia tiempo que perder, lo que era una manera de decirme que lo estaba malgastando conmigo.
El mayor Hurley comenzo su relato.
«A mediados de marzo de 1940, Amelia Garayoa se incorporo a la unidad del comandante Murray. El Reino Unido atravesaba una situacion muy delicada agravada por la guerra. Chamberlain y Halifax habian mantenido una politica de apaciguamiento con Alemania que no habia dado ningun resultado; si lo hicieron fue porque eran conscientes de que, aun en el caso de ganar una nueva guerra, eso significaria la ruina irremediable para la economia y las finanzas del pais. Por eso, joven, algunos historiadores han emitido juicios demasiado severos al examinar esa politica de entente que Chamberlain llevo a cabo con la Alemania de Hitler. Pero a pesar de esto que le digo, Churchill tenia razon: a largo plazo habria sido imposible mantener la politica de entente con Alemania sencillamente porque Hitler ansiaba la guerra.
La senorita Garayoa se incorporo a su puesto donde continuo recibiendo entrenamiento y tambien su relacion sentimental con Albert James. Durante un tiempo, los articulos de este publicados en los periodicos britanicos fueron los mas duros y mordaces que se escribieron contra Hitler antes de la guerra.
El 9 de abril, sin previa declaracion de guerra, el Ejercito aleman invadio Dinamarca y Noruega; aquella invasion se conocio como «Operacion Weserubung», y el 5 de mayo comenzo la ofensiva contra Francia. El 10 de mayo, el mismo dia que Churchill se convertia en primer ministro, creando, ademas, la cartera de Defensa, Alemania invadio Belgica, Luxemburgo y los Paises Bajos. Aquello se conocio como la
Lord Paul James pregunto al comandante Murray si su unidad estaba lista para actuar, y la respuesta fue
