columnas de humo que emergian de las chimeneas. El rio fluia lentamente como un carbon liquido, reflejando el cielo. A lo lejos, las luces de la fabrica de papel se propagaban en todas direcciones e iluminaban el puente del ferrocarril.

En los ultimos dos dias, el y Lexie se habian dedicado a hablar largo y tendido. Ella se disculpo por haberle mentido sobre lo de Rodney, y confeso que separarse de Jeremy en el camino de gravilla delante del Greenleaf habia sido la decision mas dificil de toda su vida. Le describio lo que habia sentido durante esa interminable semana que habian estado separados, unos sentimientos que Jeremy compartio por completo. El, por su parte, le conto que aunque Nate se habia mostrado reacio cuando le conto que queria marcharse de Nueva York, su editor en el Scientific American estuvo de acuerdo en continuar contando con su colaboracion aunque viviera en Boone Creek, con la condicion de que fuera a Nueva York con regularidad.

Jeremy no le menciono la visita inesperada de Doris. En su segunda noche en el pueblo, Lexie lo invito a cenar a casa de su abuela, y Doris lo aparto a un lado discretamente y le hizo prometer que no se lo contaria jamas.

– No quiero que Lexie piense que me entrometo en su vida -explico, con un brillo inusitado en los ojos-. Aunque te cueste creerlo, ella opina que me inmiscuyo demasiado en sus cuestiones amorosas.

A veces a Jeremy le costaba creer que estuviera alli con ella; por otro lado, tambien le costaba creer que hubiera sido capaz de separarse de ella en primer lugar. Con Lexie todo era muy facil, se sentia como si ella fuera el hogar que siempre habia estado buscando. A pesar de que Lexie parecia sentir lo mismo, no le permitio quedarse en su casa.

– No quiero dar tema de conversacion a los del pueblo -insistia. Sin embargo, Jeremy se sentia a gusto en el Greenleaf, a pesar de que Jed todavia no se decidia a sonreir.

– ?Asi que lo de Rodney y Rachel va en serio? -pregunto Jeremy

– Parece que si. Ultimamente siempre los veo juntos. Ella no puede disimular su enorme alegria cuando el aparece por el Herbs, e incluso diria que Rodney se sonroja. Creo que forman una pareja estupenda.

– Todavia no puedo creer que me dijeras que te ibas a casar con el.

Ella le dio un golpecito carinoso con el hombro.

– No me apetece volver a hablar sobre esa cuestion, ?vale? Ya te pedi perdon, asi que preferiria que no me lo recordaras hasta el resto de mis dias.

– Pero es que me parece una anecdota realmente divertida.

– Claro, porque tu quedas como un buen chico y en cambio yo quedo fatal.

– Es que soy un buen chico.

– Por supuesto -lo alento ella, dandole un beso en la mejilla.

Jeremy la abrazo con ternura, contemplando una estrella fugaz que se abria paso por el firmamento. Se quedaron sentados en silencio.

– ?Manana estas ocupada? -inquirio el.

– Depende. ?En que estas pensando?

– He hablado con la senora Reynolds. He quedado con ella para ver un par de casas, y quiero que vengas y me asesores sobre los distintos barrios del pueblo. Me niego a acabar viviendo en un mal vecindario.

Lexie lo abrazo con fuerza.

– Me encantara ayudarte.

– Ah, y otra cosa: tambien me gustaria que vinieras conmigo a Nueva York. A ver si puedes encontrar un hueco en tu agenda en las proximas dos semanas. Mi madre se muere de ganas por conocerte.

– Yo tambien tengo muchas ganas de conocerla. Siempre me ha seducido esa ciudad. Ademas, es la ciudad preferida de una persona muy especial, la persona que mas quiero.

Jeremy la miro divertido y se echo a reir.

Por encima de sus cabezas, las nubes flotaban como enormes ovillos de algodon, desplazandose con parsimonia por el cielo, cubriendo la luna ocasionalmente, y en el horizonte, Jeremy pudo ver como se acercaba una tormenta. En unas pocas horas llegaria la lluvia, pero por entonces, el y Lexie estarian saboreando un buen vino en el comedor de la casa de Lexie, escuchando el ruido metalico de la lluvia sobre el tejado.

De repente, ella se dio la vuelta y lo miro con dulzura.

– Gracias por volver, por decidirte a vivir aqui…, por todo.

– No me quedaba ninguna otra alternativa. El amor puede hacer que las personas actuen de la forma mas insospechada.

Ella sonrio.

– Te quiero, ?lo sabias?

– Si.

– ?Y tu? ?Me quieres?

– ?Es necesario que te lo diga?

– Me gustaria oirlo. Pero hazlo con el tono adecuado, ?eh? Tienes que decirlo como si realmente lo sintieras de todo corazon.

Jeremy la reto con una simpatica mueca de fastidio, como preguntandole si a partir de entonces intentaria controlar siempre su tono.

– Te quiero.

En la distancia se oyo el silbido de un tren, y Jeremy distinguio un rayo de luz en medio del paisaje oscurecido. La niebla empezaba a espesar, por lo que las luces pronto aparecerian en el cementerio. Lexie parecio comprender sus pensamientos.

– Asi que, dime, senor periodista, ?todavia dudas de la existencia de los milagros?

– Ya te lo he dicho. Tu eres un milagro.

Lexie recosto la cabeza en su hombro por un momento antes de darle la mano.

– Me refiero a los verdaderos milagros, cuando pasa algo que jamas has creido que pueda ser posible.

– No -repuso el-. Sigo pensando que si uno escarba lo suficientemente hondo, siempre encuentra una explicacion para cualquier misterio.

– ?Y si te dijera que nos ha pasado un milagro?

Su voz era aterciopelada, casi como un susurro, y el la miro con curiosidad. Podia ver el reflejo de las luces del pueblo en sus ojos.

– ?A que te refieres?

Ella inhalo aire lentamente.

– Hoy Doris me ha dado una maravillosa noticia.

Jeremy la miro fijamente, sin comprender a que se referia, incluso cuando la expresion en la cara de Lexie paso de mostrar un cierto nerviosismo a una satisfaccion plena. Ella lo observo con amor, esperando que el dijera algo, pero la mente de Jeremy se negaba a procesar sus palabras.

Existe la ciencia y tambien lo inexplicable, y Jeremy se habia pasado toda la vida intentando reconciliar ambos mundos. Habitaba en un mundo real y logico, se mofaba de la magia y sentia pena por aquellas personas que necesitaban aferrarse a los suenos y a la fantasia para dar sentido a sus vidas, los seguidores incondicionales, como el los llamaba. Sin embargo, mientras observaba a Lexie, intentando descifrar lo que ella trataba de decirle, noto que su ferreo pragmatismo empezaba a resquebrajarse.

No hallaba explicacion, y en el futuro tampoco la hallaria. Aquello desafiaba las leyes de la biologia, hacia anicos la imagen que el tenia de si mismo. Simplemente era imposible, pero cuando deposito la mano cuidadosamente sobre la barriga de Lexie, todas sus dudas se desvanecieron, y de repente creyo, con una certeza exultante, en las palabras que jamas penso que llegaria a escuchar.

– Este es nuestro milagro -susurro ella-. Es una nina.

AGRADECIMIENTOS

Como siempre, quiero agradecer a mi esposa, Cathy, por su apoyo durante la escritura de la novela. Todo

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