Cuarta Parte. Una frase

En «La sombra castradora de san Garta» cite una frase de Kafka, una de esas en las que me parece condensada toda la originalidad de su poesia novelesca: la frase del tercer capitulo de El castillo en la que Kafka describe el coito de K. con Frieda. Para mostrar con exactitud la belleza especifica del arte de Kafka, en lugar de utilizar las traducciones existentes al frances he preferido improvisar yo mismo una traduccion lo mas fiel posible. Las diferencias entre una frase de Kafka y sus reflejos en el espejo de las traducciones me condujeron luego a algunas reflexiones, que son las que siguen:

Traducciones

Hagamos desfilar las traducciones. La primera es la de Vialatte, de 1938:

«Muchas horas transcurrieron alli, horas de alientos mezclados, de latidos comunes, horas en las que K. no dejo de experimentar la impresion de que se perdia, de que se habia hundido tan lejos que nadie antes que el habia recorrido tanto camino; en el extranjero, en un pais en el que incluso el aire ya no tenia nada de los elementos del aire natal, en el que uno debia asfixiarse de exilio y en el que ya no se podia hacer nada, en medio de insanas seducciones, sino seguir caminando, seguir perdiendose».

Se sabia que Vialatte se comportaba con demasiada libertad con respecto a Kafka; por eso Editions Gallimard quiso que se corrigieran sus traducciones para la edicion de las novelas de Kafka en la coleccion La Pleiade en 1976. Pero los herederos de Vialatte se opusieron; asi pues, se llego a una solucion inedita: las novelas de Kafka estan publicadas en la defectuosa version de Vialatte, mientras Claude David, responsable de la edicion, publica al final del libro sus propias correcciones a la traduccion en forma de notas increiblemente numerosas, hasta el punto de que el lector se ve obligado, con el fin de restituir en su espiritu una «buena» traduccion, a ir constantemente de una pagina a otra para mirar las notas. La combinacion de la traduccion de Vialatte con las correcciones al final del libro constituye de hecho una segunda traduccion francesa que me permito designar, para mayor simplicidad, con el nombre de David:

«Muchas horas transcurrieron alli, horas de alientos mezclados, de latidos confundidos, horas en las que K. no dejo de experimentar la impresion de que se extraviaba, de que se hundia mas lejos que nadie antes que el; estaba en un pais extranjero, en el que incluso el aire ya no tenia nada en comun con el aire del pais natal; la extraneza de ese pais hacia que uno se sofocara y, no obstante, entre locas seducciones, no podia sino caminar siempre mas lejos, extraviarse siempre mas».

Bernard Lortholary tiene el gran merito de haberse quedado radicalmente insatisfecho de las traducciones existentes y de haber vuelto a traducir las novelas de Kafka. Su traduccion de El castillo es de 1984:

«Alli pasaron horas, horas de respiraciones mezcladas, de corazones latiendo juntos, horas durante las cuales K. tenia el constante sentimiento de extraviarse, o de haber avanzado mas lejos que jamas hombre alguno en esos parajes extranjeros en los que incluso el aire no tenia ni un solo elemento que se encontrara en el aire del pais natal, en el que uno no podia sino asfixiarse a fuerza de extraneza, sin poder, no obstante, hacer otra cosa, en medio de insensatas seducciones, que continuar y extraviarse aun mas».

Y ahora he aqui la frase en aleman:

«Dort vergingen Stunden, Stunden gemeinsamen Atems, gemeinsamen Herzschiags, Stunden, in denen K. immerfort das Gefuhl hatte, er verirre sich oder er sei so weit in der Fremde, wie vor ihm noch kein Mensch, einer Fremde, in der selbst die Luft keinen Bestandteil der Heimatluft habe, in der man vor Fremdheit ersticken musse una in aeren unsinnigen Verlockungen man doch nichts tun konne ais weiter gehen, weiter sich verirren».

Lo cual, en una traduccion fiel, da lo siguiente:

«Alli pasaron horas, horas de alientos comunes, de latidos comunes, horas en las que K. tenia continuamente el sentimiento de extraviarse, o aun de que estaba mas lejos en el mundo ajeno que nadie antes que el, en un mundo ajeno en el que ni siquiera el aire tenia elemento alguno del aire natal, en el que uno tenia que asfixiarse de extraneza y en el que nada podia hacerse, en medio de insensatas seducciones, sino seguir yendo, seguir extraviandose».

Metafora

Toda la frase no es sino una metafora. Nada exige mayor exactitud, por parte de un traductor, que la traduccion de una metafora. Ahi es donde se alcanza el corazon mismo de la originalidad poetica de un autor. La palabra en la que Vialatte fallo es ante todo el verbo «hundirse»: «se habia hundido tan lejos». En el libro de Kafka, K. no se hunde, «esta». La palabra «hundirse» deforma la metafora: la vincula de un modo demasiado visual a la accion real (aquel que hace el amor se hunde) y la priva asi de su grado de abstraccion (el caracter esencial de la metafora de Kafka no busca una evocacion material, visual, del movimiento amoroso). David, que corrige a Vialatte, conserva el mismo verbo: «hundirse». E incluso Lortholary (el mas fiel) evita la palabra «estar» y la reemplaza por «avanzar mas lejos».

En el libro de Kafka, K. mientras hace el amor se encuentra «in der Fremde», «en el extranjero» o tambien «en lo extrano» o «en lo ajeno»; Kafka repite dos veces la palabra, y la tercera vez utiliza su derivado «die Fremdheit»: (la extraneza): en el aire de lo ajeno uno se asfixia de extraneza. Todos los traductores al frances se sienten incomodos ante esta triple repeticion: por eso Vialatte utiliza unicamente la palabra «extranjero» (etranger) y, en lugar de «extraneza» (etrangete), elige otra palabra: «en el que uno debia asfixiarse de exilio». Pero en el libro de Kafka no se habla en lugar alguno de exilio. Exilio y extraneza son nociones distintas. Mientras hace el amor, a K. no se le echa de ningun lugar que fuera suyo, no se le destierra (por lo que no hay motivo para compadecerle); esta donde esta por su propia voluntad, esta alli porque se ha atrevido a estar alli. La palabra «exilio» otorga a la metafora un aura de martirio, de sufrimiento, la sentimentaliza, la melodramatiza.

Vialatte y David, en la ultima linea del fragmento en cuestion, reemplazan la palabra «gehen» (ir) por «caminar». Si «ir» pasa a ser «caminar», se aumenta la expresividad de la comparacion y la metafora pasa a ser ligeramente grotesca (el que esta haciendo el amor se convierte en un caminante). Este lado grotesco no es malo por principio (personalmente me gustan mucho las metaforas grotescas y me veo muchas veces obligado a defenderlas contra mis traductores), pero lo grotesco no era sin duda lo que Kafka deseaba aqui.

La palabra «die Fremde» es la unica que no soporta una simple traduccion al pie de la letra. Efectivamente, en aleman «die Fremde» significa no solo «un pais extranjero», sino tambien, mas general y mas abstractamente, todo «lo que es ajeno», «una realidad ajena, un mundo ajeno». Si se tradujera «in der Fremde» por «en el extranjero», seria como si hubiera en la obra de Kafka la palabra «Ausland» (= un pais distinto del mio). La tentacion de traducir, para mayor exactitud semantica, la palabra «die Fremde» por una perifrasis de dos palabras en la traduccion francesa me parece, pues, comprensible; pero en todas las soluciones concretas (Vialatte: «en el extranjero, en un pais en el que»; David: «en un pais extranjero»; Lortholary: «en esos parajes extranjeros») la metafora pierde, una vez mas, el grado de abstraccion que tiene en el libro de Kafka, y su lado «turistico» queda senalado en lugar de ser suprimido.

La metafora como definicion fenomenologica

Hay que rectificar la idea de que a Kafka le gustaban las metaforas; solo le gustaban las metaforas de cierto tipo, pero es uno de los grandes creadores de la metafora que califico de existencial o fenomenologica. Cuando Verlaine dice: «La esperanza brilla como una brizna de paja en el establo», es una esplendida imaginacion lirica. No obstante, es impensable en la prosa de Kafka. Porque lo que, con toda seguridad, no le gustaba a Kafka era la lirizacion de la prosa novelesca.

La imaginacion metaforica de Kafka no era menos rica que la de Verlaine o Rilke, pero no era lirica, o sea: la animaba exclusivamente la voluntad de descifrar, de comprender, de captar el sentido de la accion de los

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