gemeinsamen (comunes) dos veces – repeticion que se elimina en todas las traducciones;

sich verirren (extraviarse) dos veces – repeticion que se conserva en todas las traducciones;

die Fremde (lo ajeno) dos veces, y luego una vez

die Fremdheit (extraneza) – en la traduccion de Vialatte: «extranjero» una sola vez, «extraneza» reemplazada por «exilio»; en la de David y de Lortholary: una vez «extranjero» (adjetivo), una vez «extraneza»;

die Luft (el aire) dos veces – repeticion que conservan todos los traductores;

haben (tener) dos veces – la repeticion no existe en ninguna traduccion;

weiter (mas lejos) dos veces – Vialatte reemplaza esta repeticion por la palabra «seguir»; David, por la repeticion (de debil resonancia) de la palabra «siempre»; en la traduccion de Lortholary la repeticion ha desaparecido;

gehen, vergehen (ir, pasar) – todos los traductores han eliminado esta repeticion (por otra parte dificil de conservar).

En general, se comprueba que los traductores (al obedecer a los maestros de escuela) tienen tendencia a limitar las repeticiones.

Sentido semantico de una repeticion

Dos veces die Fremde, una vez die Fremdheit: con esta repeticion el autor introduce en su texto una palabra que tiene el caracter de una nocion-clave, de un concepto. Si el autor, a partir de esta palabra, desarrolla una larga reflexion, la repeticion de la misma palabra es necesaria desde el punto de vista semantico y logico. Imaginemos que el traductor de Heidegger, para evitar las repeticiones, utilizase, en lugar de la palabra «das Sein», una vez «el ser», luego «la existencia», despues «la vida», despues aun «la vida humana» y, finalmente, «el estar». Al no saber si Heidegger habla de una sola cosa que denomina de un modo distinto o de cosas distintas, tendremos, en lugar de un texto escrupulosamente logico, un galimatias. La prosa de la novela (me refiero, por supuesto, a las novelas dignas de esta palabra) exige el mismo rigor (sobre todo en los pasajes que tienen un caracter reflexivo o metaforico).

Otra observacion sobre la necesidad de conservar la repeticion

Un poco mas adelante en la misma pagina de El castillo: «… Stimme nach Frieda gerufen wurde. “Frieda”, sagte K. in Friedas Ohr und gab so den Ruf weiter».

Lo cual quiere decir al pie de la letra: «… una voz llamo a Frieda. “Frieda”, dijo K. al oido de Frieda, transmitiendo asi la llamada».

Los traductores quieren evitar la triple repeticion del nombre Frieda:

Vialatte: «“?Frieda!”, le dijo el al oido de la criada, transmitiendo asi…».

Y David: «“Frieda”, dijo K. al oido de su companera, al transmitirle…».

?Que falsas suenan las palabras que reemplazan el nombre de Frieda! Fijense bien en que K., en el texto de El castillo, nunca es otro que K. En el dialogo, los demas pueden llamarle «agrimensor» y tal vez incluso de otra manera, pero Kafka, el, el narrador, nunca designa a K. por las palabras: extranjero, recien llegado, joven o vaya uno a saber. K. no es sino K. Y no solo el, sino todos los personajes, en la obra de Kafka, tienen siempre un unico nombre, una unica designacion.

Frieda es, pues, Frieda; no amante, no querida, no companera, no criada, no sirviente, no puta, no joven, no muchacha, no amiga, no amiguita. Frieda.

Importancia melodica de una repeticion

Hay momentos en que la prosa de Kafka levanta el vuelo y se convierte en canto. Es el caso de las dos frases en las que me he detenido. (Senalemos de paso que estas dos frases, de una belleza excepcional, son dos descripciones del acto amoroso; lo cual dice, acerca de la importancia del erotismo para Kafka, cien veces mas que todas las investigaciones de los biografos. Pero dejemoslo.) La prosa de Kafka levanta el vuelo llevada por dos alas: la intensidad de la imaginacion metaforica y la cautivante melodia.

La belleza melodica esta vinculada aqui a la repeticion de las palabras; la frase empieza: «Dort vergingen Stunden, Stunden gemeinsamen Atems, gemeinsamen Herzschiags, Stunden…». De nueve palabras, cinco repeticiones. En medio de la frase: la repeticion de la palabra die Fremde, y la palabra die Fremdheit. Y al final de la frase, una repeticion mas: «… weiter gehen, weiter sich verirren». Estas multiples repeticiones desaceleran el tempo y otorgan a la frase una cadencia nostalgica.

En la otra frase, el segundo coito de K., encontramos el mismo principio de repeticion: el verbo «buscar» se repite cuatro veces, la palabra «algo» dos, la palabra «cuerpo» dos, el verbo «hurgar» dos; y no olvidemos la conjuncion «y» que, en contra de todas las reglas de la elegancia sintactica, se repite cuatro veces.

En aleman esta frase empieza: «Sie suchte etwas und er suchte etwas…». Vialatte dice algo completamente distinto: «Ella buscaba y buscaba algo…». David le corrige: «Ella buscaba algo y el tambien, por su lado». Curioso: prefiere decir «y el tambien, por su lado» que traducir al pie de la letra la hermosa y simple repeticion de Kafka: «Ella buscaba algo y el buscaba algo…».

Habilidad de la repeticion

Hay una habilidad de la repeticion. Porque hay, por supuesto, repeticiones malas, torpes (cuando durante la descripcion de una cena se lee en dos frases tres veces las palabras «silla» o «tenedor», etc.). La regla: si se repite una palabra es porque esta es importante, porque se quiere que resuenen, en el espacio de un parrafo, de una pagina, tanto su sonoridad como su significado.

Digresion: un ejemplo de la belleza de la repeticion

El cuento muy corto (dos paginas) de Hemingway, «Una lectora escribe», se divide en tres partes: 1) un corto parrafo que describe a una mujer que escribe una carta «sin interrumpirse, sin tachar o reescribir una sola palabra»; 2) la carta en si, en la que la mujer habla de la enfermedad venerea de su marido; 3) el monologo interior que sigue y que reproduzco:

«Tal vez el pueda decirme que hay que hacer, penso ella. ?Me lo dira tal vez? En la foto del periodico parece muy sabio y muy inteligente. Todos los dias le dice a la gente lo que hay que hacer. Sabra seguramente.

»Hare lo que haga falta. Sin embargo, dura desde hace tanto tiempo… tanto tiempo. Realmente mucho tiempo. Dios mio, cuanto tiempo hace. Se muy bien que el tenia que ir alli donde le enviaban, pero no se por que pillo eso. Oh, Dios mio, cuanto me hubiera gustado que no pillara eso. Realmente no tendria que haberlo pillado. No se que hacer. Si tan solo hubiera pillado esa enfermedad. No se realmente por que tuvo que ponerse enfermo».

La hechizante melodia de este pasaje se basa enteramente en repeticiones. No son un artificio (como una rima en poesia), sino que encuentran su origen en el lenguaje hablado de todos los dias, en el lenguaje mas tosco.

Y anado: este pequeno cuento representa, me parece, en la historia de la prosa un caso del todo unico en el que la intencion musical es primordial: sin esta melodia el texto perderia toda su razon de ser.

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