En general, se comprueba que los traductores (al obedecer a los maestros de escuela) tienen tendencia a limitar las repeticiones.
Dos veces
Otra observacion sobre la necesidad de conservar la repeticion
Un poco mas adelante en la misma pagina de
Lo cual quiere decir al pie de la letra: «… una voz llamo a Frieda. “Frieda”, dijo K. al oido de Frieda, transmitiendo asi la llamada».
Los traductores quieren evitar la triple repeticion del nombre Frieda:
Vialatte: «“?Frieda!”, le dijo el al oido de la criada, transmitiendo asi…».
Y David: «“Frieda”, dijo K. al oido de su companera, al transmitirle…».
?Que falsas suenan las palabras que reemplazan el nombre de Frieda! Fijense bien en que K., en el texto de El castillo, nunca es otro que K. En el dialogo, los demas pueden llamarle «agrimensor» y tal vez incluso de otra manera, pero Kafka, el, el narrador, nunca designa a K. por las palabras: extranjero, recien llegado, joven o vaya uno a saber. K. no es sino K. Y no solo el, sino todos los personajes, en la obra de Kafka, tienen siempre un unico nombre, una unica designacion.
Frieda es, pues, Frieda; no amante, no querida, no companera, no criada, no sirviente, no puta, no joven, no muchacha, no amiga, no amiguita. Frieda.
Hay momentos en que la prosa de Kafka levanta el vuelo y se convierte en canto. Es el caso de las dos frases en las que me he detenido. (Senalemos de paso que estas dos frases, de una belleza excepcional, son dos descripciones del acto amoroso; lo cual dice, acerca de la importancia del erotismo para Kafka, cien veces mas que todas las investigaciones de los biografos. Pero dejemoslo.) La prosa de Kafka levanta el vuelo llevada por dos alas: la intensidad de la imaginacion metaforica y la cautivante melodia.
La belleza melodica esta vinculada aqui a la repeticion de las palabras; la frase empieza: «
En la otra frase, el segundo coito de K., encontramos el mismo principio de repeticion: el verbo «buscar» se repite cuatro veces, la palabra «algo» dos, la palabra «cuerpo» dos, el verbo «hurgar» dos; y no olvidemos la conjuncion «y» que, en contra de todas las reglas de la elegancia sintactica, se repite cuatro veces.
En aleman esta frase empieza: «
Habilidad de la repeticion
Hay una habilidad de la repeticion. Porque hay, por supuesto, repeticiones malas, torpes (cuando durante la descripcion de una cena se lee en dos frases tres veces las palabras «silla» o «tenedor», etc.). La regla: si se repite una palabra es porque esta es importante, porque se quiere que resuenen, en el espacio de un parrafo, de una pagina, tanto su sonoridad como su significado.
El cuento muy corto (dos paginas) de Hemingway, «Una lectora escribe», se divide en tres partes: 1) un corto parrafo que describe a una mujer que escribe una carta «sin interrumpirse, sin tachar o reescribir una sola palabra»; 2) la carta en si, en la que la mujer habla de la enfermedad venerea de su marido; 3) el monologo interior que sigue y que reproduzco:
«Tal vez el pueda decirme que hay que hacer, penso ella. ?Me lo dira tal vez? En la foto del periodico parece muy sabio y muy inteligente. Todos los dias le dice a la gente lo que hay que hacer. Sabra seguramente.
»Hare lo que haga falta. Sin embargo, dura desde hace tanto tiempo… tanto tiempo. Realmente mucho tiempo. Dios mio, cuanto tiempo hace. Se muy bien que el tenia que ir alli donde le enviaban, pero no se por que pillo eso. Oh, Dios mio, cuanto me hubiera gustado que no pillara eso. Realmente no tendria que haberlo pillado. No se que hacer. Si tan solo hubiera pillado esa enfermedad. No se realmente por que tuvo que ponerse enfermo».
La hechizante melodia de este pasaje se basa enteramente en repeticiones. No son un artificio (como una rima en poesia), sino que encuentran su origen en el lenguaje hablado de todos los dias, en el lenguaje mas tosco.
Y anado: este pequeno cuento representa, me parece, en la historia de la prosa un caso del todo unico en el que la intencion musical es primordial: sin esta melodia el texto perderia toda su razon de ser.
