segundos, mi mente se remonto a los meses tempranos de mi estancia en Tetuan, a la noche en que Candelaria me enseno las pistolas y me propuso venderlas para abrir el taller. La sensacion de panico era la misma y el escenario, similar: dos mujeres escondidas en un cuartucho, una exponiendo un plan peligroso concienzudamente maquinado y la otra, aterrorizada, negandose a aceptarlo. Habia diferencias, no obstante. Grandes diferencias. El proyecto que Rosalinda me presentaba pertenecia a otra dimension.
Su voz me hizo retornar del pasado, abandonar el misero dormitorio de la pension de La Luneta y reubicarme en la realidad del pequeno almacen tras la barra del Dean's Bar.
–Te crearemos la fama, tenemos maneras de hacerlo. Estoy bien relacionada en los circulos que nos interesan en Madrid, haremos correr el boca a boca para darte a conocer sin que nadie te vincule conmigo. El SOE se encargaria de todos los gastos iniciales: pagaria el alquiler del local, la instalacion del taller y la inversion inicial en tejidos y materiales. Juan Luis resolveria el asunto de los tramites aduaneros y te facilitaria los permisos necesarios para pasar la mercancia de Tanger a Espana; tendria que ser un cargamento considerable porque, una vez el este fuera del ministerio, las gestiones seran mucho mas dificiles. Todo el rendimiento del negocio seria para ti. Solo tendrias que hacer lo mismo que ahora en Marruecos, pero prestando mas atencion a lo que oigas de boca de clientas alemanas, o incluso de espanolas vinculadas al poder y conectadas con los nazis, que tambien resultarian muy interesantes si lograras captarlas. Las alemanas estan absolutamente ociosas y les sobra el dinero, tu atelier podria convertirse en un lugar de encuentro para ellas. Te enterarias de los sitios a los que van sus maridos, la gente con la que se reunen, los planes que tienen y las visitas que reciben de Alemania.
–Apenas hablo el aleman.
–Eres capaz de comunicarte lo bastante como para que ellas se sientan comodas contigo. Enough.
–Se poco mas que los numeros, los saludos, los colores, los dias de la semana y un punado de frases sueltas -insisti.
–No importa: ya hemos pensado en ello. Tenemos a alguien que podria ayudarte. Tu solo tendrias que recopilar datos y hacerlos llegar despues a su destino.
–?Como?
Se encogio de hombros.
–Eso tendra que decirtelo Hiilgarth si finalmente aceptas. Yo no se como funcionan esos operativos; me imagino que disenarian algo especifico para ti.
Volvi a hacer un gesto negativo con la cabeza, esta vez mas enfatico.
–No voy a aceptar, Rosalinda.
Encendio otro cigarrillo y aspiro con fuerza.
–?Por que? – pregunto entre humo.
–Porque no -dije contundente. Tenia mil razones para no embarcarme en aquel sinsentido, pero preferi amontonarlas todas en una unica negacion. No. No iba a hacerlo. Tajantemente, no. Bebi otro trago de whisky de la botella, me supo a rayos.
–?Por que no, darling? Por miedo, right? – Hablaba ahora en voz baja y segura. La musica habia terminado; solo se oia el ruido de la aguja aranando la pizarra del disco y algunas voces y risas procedentes del otro lado de la cortina-. Todos tenemos miedo, todos estamos muertos de miedo -murmuro-. Pero eso no es justificacion suficiente. Tenemos que implicarnos, Sira. Tenemos que ayudar. Tu, yo, todos, cada uno en la medida de sus posibilidades. Tenemos que aportar nuestro grano de arena para que esta locura no siga avanzando.
–Ademas, no puedo volver a Madrid. Tengo asuntos pendientes. Tu sabes cuales.
La cuestion de las denuncias de los tiempos de Ramiro estaba aun sin resolver. Desde el final de la guerra habia hablado sobre ello con el comisario Vazquez en un par de ocasiones. El habia intentado enterarse de como estaba la situacion en Madrid, pero no habia logrado nada. Todo anda aun muy revuelto, vamos a dejar pasar el tiempo, esperar a que las cosas se calmen, me decia. Y yo, sin intencion ya de regresar, esperaba. Rosalinda conocia la situacion, yo misma se la habia contado.
–Tambien hemos pensado en eso. En eso, y en que tienes que estar cubierta, protegida ante cualquier eventualidad. Nuestra embajada no podria hacerse responsable de ti en caso de que hubiera algun problema y el asunto es arriesgado para una ciudadana espanola tal como estan las cosas ahora mismo. Pero Juan Luis ha tenido una idea.
Quise preguntar cual era, pero la voz no me salio del cuerpo. Tampoco hizo falta: ella me la expuso inmediatamente.
–Puede conseguirte un pasaporte marroqui.
–Un pasaporte falso -apostille.
–No, sweetie: autentico. El sigue teniendo excelentes amigos en Marruecos. Podrias ser ciudadana marroqui en apenas unas horas. Con otro nombre, obviously.
Me levante y note que me costaba mantener el equilibrio. En mi cerebro, entre charcos de ginebra y whisky, chapoteaban alborotadas todas aquellas palabras tan ajenas. Servicio Secreto, agentes, dispositivos. Nombre falso, pasaporte marroqui. Me apoye contra la pared e intente recobrar la serenidad.
–Rosalinda, no. No sigas, por favor. No puedo aceptar.
–No es necesario que tomes una decision ahora mismo. Piensatelo.
–No hay nada que pensar. ?Que' hora es?
Consulto el reloj; yo intente hacer lo mismo con el mio, pero los numeros parecian derretirse ante mis ojos.
–Las diez menos cuarto.
–Tengo que volver a Tetuan.
