–Habia previsto que un coche te recogiera a las diez, pero creo que no estas en condiciones de ir a ningun sitio. Quedate a dormir en Tanger. Yo me encargo de que te den una habitacion en el El Minzah y de que avisen a tu madre.

Una cama en la que dormir para olvidar toda aquella siniestra conversacion se me antojo como el mas tentador de los ofrecimientos. Una cama grande con sabanas blancas, en una hermosa habitacion en la que despertar al dia siguiente para descubrir que aquel encuentro con Rosalinda habia sido una pesadilla. Una extravagante pesadilla salida de la nada. La lucidez salto de pronto desde algun remoto rincon de mi cerebro.

–No pueden avisar a mi madre. No tenemos telefono, ya lo sabes.

–Hare que alguien llame a Felix Aranda y el se lo dira. Me ocupare ademas de que te recojan y te lleven a Tetuan manana por la manana.

–?Y tu donde te alojas?

–En casa de unos amigos ingleses en la rue de Hollande. No quiero que nadie sepa que estoy en Tanger. Me han traido directamente en auto desde su residencia, ni siquiera he pisado la calle.

Guardo silencio durante unos segundos y volvio a hablar en tono mas bajo otra vez. Mas bajo y mas denso.

–Las cosas estan muy feas para Juan Luis y para mi, Sira. Nos vigilan permanentemente.

–?Quien? – pregunte con voz ronca.

Sonrio con tristeza y media boca.

–Todos. La policia. La Gestapo. La Falange.

El miedo salio de mi en forma de pregunta apenas susurrada con voz pastosa.

–Y a mi, ?tambien van a vigilarme?

–No lo se, darling, no lo se.

Sonreia de nuevo, esta vez con la boca entera. No logro, sin embargo, que un punto de desazon se le quedara colgando de las comisuras.

37

Alguien llamo a la puerta y entro sin esperar a que le diera permiso. Con los ojos aun entrecerrados, en la penumbra pude distinguir a una camarera de uniforme con una bandeja en las manos. La deposito en algun sitio fuera de mi campo visual y descorrio las cortinas. La estancia se lleno de pronto de luz y yo me cubri la cabeza con la almohada. A pesar de que esta amortiguaba el volumen de los ruidos, los oidos se me llenaron de pequenas senales que me permitieron seguir el quehacer de la recien llegada. La porcelana de la taza al chocar contra el plato, el borboteo del cafe caliente al salir de la cafetera, el raspear del cuchillo contra una tostada al untar la mantequilla. Cuando todo estuvo preparado, se acerco a la cama.

–Buenos dias, senorita. El desayuno esta listo. Tiene que levantarse, la espera un coche en la puerta dentro de una hora.

Le respondi con un grunido. Queria decir gracias, me doy por enterada, dejame en paz. La chica no acabo de descifrar mi intencion de seguir durmiendo e hizo caso omiso.

–Me han pedido que no me vaya hasta que se quede usted levantada.

Hablaba espanol con acento espanol. Tanger se habia llenado de republicanos al terminar la guerra, probablemente fuera hija de alguna de aquellas familias. Volvi a refunfunar y me di la vuelta.

–Senorita, por favor, levantese. Se le van a enfriar el cafe y las tostadas.

–?Quien te manda? – inquiri sin sacar la cabeza de su refugio. Mi voz sono como salida de una caverna, tal vez por la barrera de plumas y tela que me separaba del exterior, tal vez por efecto de la catastrofica noche previa. En cuanto termine de formularla, me di cuenta de lo ridiculo de la pregunta. Como podria saber aquella muchacha quien la enviaba hasta mi. Yo, en cambio, no tenia la menor duda.

–Me han dado la orden en la cocina, senorita. Soy la camarera de esta planta.

–Pues ya te puedes ir.

–No hasta que usted se quede levantada.

Era terca la joven camarera, con la perseverancia del bien mandado. Saque la cabeza por fin y me retire el pelo de la cara. Al apartar las sabanas, me di cuenta de que llevaba puesto un camison de color albaricoque que no era mio. La joven me esperaba con una bata a juego en la mano; decidi no preguntarle por su proveniencia, que iba ella a saber. Intui que, de alguna manera, Rosalinda se las habia arreglado para hacer llegar ambas prendas hasta la habitacion. No habia, en cambio, zapatillas, asi que, descalza, me dirigi hacia la pequena mesa redonda preparada para el desayuno. Mi estomago lo recibio con un crujir de tripas.

–?Le sirvo leche, senorita? – pregunto mientras me sentaba.

Asenti con la cabeza, no pude con palabras: tenia la boca llena ya de tostada. Estaba hambrienta como un lobo; recorde entonces que no habia cenado la noche previa.

–Si da su permiso, voy a prepararle el bano.

Volvi a asentir mientras masticaba y a los pocos segundos oi el agua salir con fuerza de los grifos a borbotones. La chica regreso a la habitacion.

–Ya puedes irte, gracias. Di a quien corresponda que estoy levantada.

–Me han dicho que me lleve su traje para plancharlo mientras desayuna.

Di un nuevo bocado a la tostada y volvi a asentir sin palabras. Recogio ella entonces mi ropa caida en desorden sobre un pequeno sillon.

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